EL PROPÓSITO de la  LEY y GRACIA

por

Dr. Stephen E. Jones

Índice

Capítulo 1  ¿Quién le Dio la Ley a Moisés?

Capítulo 2  Amor y Ley

Capítulo 3  Las Consecuencias de Infringir la Ley [Ilegalidad]

Capítulo 4  Bajo la Ley y Bajo la Gracia

Capítulo 5  En Conclusión

            El propósito de la ley divina es establecer la norma para el bien y el mal. En otras palabras, la ley define el pecado. Nunca ha tenido la intención de salvar o justificar a nadie menos esos que están sin pecado. Ya que "Todos pecaron" (Romanos 3:23), está claro que la ley no puede ser usada para el propósito de salvación. Aun así sigue reteniendo su utilidad en informarnos de lo que Dios piensa que es el pecado. "Por medio de la ley es el conocimiento del pecado" dice Pablo en Romanos 3:20.

          Cuando Dios le dio la ley a Moisés y a los israelitas, Él empezó con los Diez Mandamientos. Esos Mandamientos eran para ser obedecidos, y así ellos represen­taban la prueba de obediencia. Esto es, ningún israelita podía clamar ser obediente a Dios si él adoraba a otros dioses, deshonraba a sus padres, robaba a su prójimo, o cometía adulterio. Estas leyes fueron las primeras revelaciones escritas del carác­ter de Dios y de lo que Él anticipaba del hombre.

Capítulo 1  ¿Quién le Dio la Ley a Moisés?

          Hay algunos quienes han clamado que la ley fue dada a Moisés por Satanás. Esto es ridículo y aún blasfemo, y sin embargo esto nos sirve de ocasión para mos­trar el origen de la ley. El dador de la ley se llamó El Mismo Jehová en la zarza ardiendo. Este era un nuevo nombre no revelado a Abraham, Isaac, o Jacob. Éxodo 6:2,3 dice, literalmente,

2  Habló todavía Dios a Moisés,  y le dijo: Yo soy JEHOVÁ [Yahveh]. 3  Y aparecí a Abraham,  a Isaac y a Jacob como Dios Omnipotente [El Shaddai],  mas en mi nombre JEHOVÁ no me di a conocer a ellos.

          Este es el dador de la ley identificado en Éxodo 20:2 en el prólogo de la ley, donde Él dice otra vez, "Yo soy Jehová tu Dios". Es la práctica de Dios de re­velarse Él mismo por diferentes nombres para diferentes propósitos. Abram lo co­nocía como el Dios Todopoderoso, como leemos en Génesis 17:1,

Era Abram de edad de noventa y nueve años,  cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso [El Shaddai]

          Moisés escribió estas palabras muchos años después, después que el verdadero Dios se había revelado Él mismo por el nombre de Jehová. Así Moisés nos dice que Jehová se apareció a Abram pero se identificó Él mismo como el Dios Todopoderoso. Esto nos dice claramente que Jehová y el Dios Todopoderoso [El Shaddai] son el mismo Dios, incluso si los dos son identificados  con diferentes nombres. Los nombres fueron con intención de revelar que Dios es los dos masculino y femenino, y es completo en Él mismo. Jehová es masculino; el Dios Todopoderoso es femenino. Cuando Dios creó al hombre a Su propia imagen, Él creó a Adán de los dos macho y hembra en Él mismo. Después, Él tomó a Eva de Adán y los hizo en dos individuos. Pero esto muestra que Dios es ambos masculino y femenino.

          En el Nuevo Testamento Dios llegó a ser un Hombre en la persona de Jesucristo. Su nombre hebreo era Yehoshua (o Josué). Así, el sucesor de Moisés, Josué, fue un tipo de Cristo quien nos lleva al reino. Nosotros aprendemos de esto que la administración de Moisés acaba con Josué. No es que Josué echó a un lado la ley que Moisés le había dado. Moisés fue prohibido de entrar en la Tierra Prome­tida porque se había rebelado en contra de Dios (Deuteronomio 32:48-52). Esto nos dice que el reino de Dios no puede ser heredado en un nivel corporativo hasta que haya un cambio de administración de lo imperfecto a lo perfecto.

          El problema no fue con la ley en sí, sino con Moisés, quien fue incapaz de cumplir con sus demandas de perfección.

          El Rey David escribió en Salmo 19:7 "La ley de Jehová [Yahveh] es perfecta, que con­vierte el alma". Aparentemente él no había pensado que Jehová pudiera haber sido en verdad Satanás, como algunos lo han dicho. De hecho, todos los profetas cumpli­eron con la ley y hablaron de Jehová con reverencia. Si Jehová fue, de cierto, Satanás, entonces todas las antiguas Escrituras son inválidas y nunca tenían ninguna validez. Entonces tendríamos que sospechar del Nuevo Testamento también, porque Jesús dio credibilidad a la ley y los profetas, diciendo en Mateo 5:17-19,

17  No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas;  no he venido para abrogar,  sino para cumplir. 18  Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra,  ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido.
19  De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños,  y así enseñe a los hombres,  muy pequeño será llamado en el reino de los cielos;  mas cualquiera que los haga y los enseñe,  éste será llamado grande en el reino de los cielos.

          Jesús tenía algo que decir acerca de esos quienes no creían en el testimonio de Moisés. En Juan 5:46,47 leemos,

46  Porque si creyeseis a Moisés,  me creeríais a mí,  porque de mí escribió él. 47  Pero si no creéis a sus escritos,  ¿cómo creeréis a mis palabras?

          No es posible creer en las palabras de Jesús si uno no cree también en los escritos de Moisés. Todo lo que Moisés escribió era profético de Jesucristo. Aún la ley en sí describe el carácter de Jesucristo, porque Él fue el dador de la ley. Éxodo 15:2 dice, literalmente,

Jehová [Jah] es mi fortaleza y mi cántico, y ha sido mi salvación [Yehoshua].  Este es mi Dios [El], y lo alabaré; Dios [Elohim] de mi padre,  y lo enalteceré.

          ¡Jehová [Yahveh] ha llegado a ser mi salvación [Yehoshua]! Esta es una profecía de la encarnación de Cristo, donde el Dios del Antiguo Testamento llegó a ser un Hombre en el Nuevo Tes­tamento. Esto es repetido en Isaías 12:2,3,

2  He aquí Dios es salvación [Yehoshua] mía;  me aseguraré y no temeré;  porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová,  quien ha sido salvación [Yehoshua] para mí. 3  Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación [Yehoshua].
 
Una vez más vemos al profeta Isaías citando a Moisés, diciendo que Jehová-Yehoshua "es mi fortaleza y mi cántico". Jesús mismo refirió a este pasaje en Juan 7:37,38, el cual dice,

37  En el último y gran día de la fiesta [de Tabernáculos],  Jesús se puso en pie y alzó la voz,  diciendo: Si alguno tiene sed,  venga a mí y beba. 38  El que cree en mí,  como dice la Escritura,  de su interior correrán ríos de agua viva.

          En otras palabras, si algún hombre tiene sed, debería de "tomar agua viva de Yehoshua". Esta es una clara declaración mostrando que aún en el Antiguo Testamento, el nombre hebreo de Jesús, Yehoshua, fue escondido en el texto en la palabra "salvación".

          Nuestra conclusión de esto es que Jesús es el Dios del Antiguo Testamento como también del Nuevo. Jesús es la encarnación de Jehová, quién fue conocido antes como El Dios Todopoderoso. Jesús fue la Palabra hecha carne, el Verbo que creó todas las cosas, de acuerdo a Juan 1:1-14,

1  En el principio era el Verbo,  y el Verbo era con Dios,  y el Verbo era Dios. 2  Este era en el principio con Dios. 3  Todas las cosas por él fueron hechas,  y sin él nada de lo que ha sido hecho,  fue hecho….14 Y aquel Verbo fue hecho carne,  y habitó entre nosotros  (y vimos su gloria,  gloria como del unigénito del Padre),  lleno de gracia y de verdad.

          Jesús fue el Creador, y Él fue el dador de la ley. Él fue el Dios del Antiguo Testamento como también del Nuevo.

          Esto es también probado por el lenguaje hebreo mismo. El lenguaje hebreo es de los dos pictórico y fonético. En hebreo, cada letra es un número, una palabra, y tiene un sonido fonético. Por ejemplo, la primera letra es alef. Es el número uno, y la palabra alef también significa un buey y simboliza fuerza. La segunda letra es beth. Es el número dos, y la palabra beth significa una casa.

          La palabra hebrea para la ley es Torá. En hebreo es deletreada Tav-yay-resh-hey. Tav literalmente significa "una marca o sena (de la cruz)". Esta fue original­mente escrita como una cruz, aunque la letra hebrea moderna es diferente, porque es realmente arameo y fue adoptada de Babilonia durante los 70 anos de cautividad.

          La vav literalmente significa "un clavo o una estaquilla". La resh literal­mente significa "una cabeza, o un líder". La hey, cuando está puesta al final de la palabra, significa "lo que viene de".

          Por lo tanto, la palabra hebrea, Tora, literalmente significa "lo que viene del Líder clavado en la Cruz". En otras palabras, el dador de la ley fue Jesucristo, el Líder quien fue clavado en la Cruz.

          Cuando Jesús dio Su así llamado "El Sermón del Monte" en Mateo 5-7, Él no estaba anulando la ley, ni tampoco Él estaba destruyéndola o remplazándola. Él estaba disputando la interpretación farisaica de la ley. "Oísteis que fue dicho", Jesús explicó, "Pero yo os digo...". En otras palabras, oyeron que fue enseñado que la ley significaba así y así, pero yo les digo que ellos han mal entendido la ley. Aquí está lo que realmente significa.

          Reciba del dador de la ley. Él fue el quien la dictó a Moisés. Interpreta­ciones rabínicas de la ley, basadas sobre el judaísmo talmúdico, no es una revelación de la mente de Dios (Jesucristo). Uno debe de estudiar la ley desde la perspectiva de Jesús, o como algunos lo pondrían, de la perspectiva del Nuevo Testamento. Si los rabinos hubieran entendido la ley, Jesús nunca habría tenido que corregirlos. De hecho, Jesús dijo de ellos en Mateo 15:6-9,

6..... Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. 7  Hipócritas,  bien profetizó de vosotros Isaías,  cuando dijo: 8  Este pueblo de labios me honra;  mas
su corazón está lejos de mí. 9  Pues en vano me honran,  enseñando como doctrinas,  mandamientos de hombres.

          La ley es buena, si un hombre la usa legalmente (1 Timoteo 1:8). Las tradiciones de los ancianos—sus interpretaciones de la ley—estuvieron basadas sobre su entendi­miento carnal de la ley. Sus tradiciones no solo estuvieron malas, ellos hicieron inválida la ley (Mateo 15:1-9). Lo mismo ha ocurrido con las tradiciones de la iglesia. Las interpretaciones del hombre han causado al hombre poner a un lado la ley y decirles a muchos que Dios ahora aprueba la violación de ciertas leyes—tales como cobrar interés por préstamos monetarios o relaciones homosexuales.

Capítulo 2  Amor y Ley

          El Apóstol Juan retiene el honor de darnos una clara definición del pecado. En cualquier otra parte de la Biblia, la definición es asumida. 1 Juan 3:4 dice,

4  Todo aquel que comete pecado,  infringe también la ley;  pues el pecado es infracción de la ley [griego: anomia].

          El infringir la ley [ilegalidad o rebeldía] es una actitud del corazón. Es despreciar la ley. Es poner a un lado la ley, como si Dios ya no requiriera obediencia. O es pensar que Dios ha puesto a un lado la "vieja ley" en favor de otra ley. Usualmente la infracción cristiana de la ley toma la forma de enseñanza que Jesús sustituyó una nueva ley de "amor" por la "vieja ley", como si la ley de Moisés fuere basada sobre odio y venganza.

          Este punto de vista está basado sobre un mal entendimiento completo de la ley. La ley de Moisés fue basada totalmente en amor. Por ejemplo, amar a nuestro prójimo significó que uno no debería de robarle, o asesinarle, o codiciar algo de su propiedad. Estas leyes definen el amor en  maneras específicas. Sin esas leyes es­pecíficas, el hombre pudiera justificar sus robos, asesinatos, o sus codicias. Sin leyes especificas, el hombre justifica la usura, cuando Dios la llama robo. Ellos justifican el adulterio en el nombre del amor. Ellos justifican relaciones homosex­uales en el nombre del amor. Ellos justifican el sistema de prisiones en el nombre de "ley y orden". Aun ministros justifican sus codiciosas prácticas en robar dinero de la gente por fraude y engaño en sus esfuerzos de recolectar dinero. Muchos muy bien conocidos evangelistas sanadores cobran dinero a la gente para poder subir a la plataforma y recibir oraciones por sus curaciones. ¡Han superado a Balaam!

          En el nombre del amor, esos cristianos líderes sin ley han saqueado a los creyentes incautos de incontables miles de millones de dólares. Ellos llaman a esto amor, y ellos justifican sus acciones en citar e interpretar Escrituras por sus mentes carnales, convirtiéndoselas en unas tradiciones de hombres. La ley de Dios nos da el significado del verdadero amor.

          Es verdad, sin embargo, que la ley en sí no define la forma más alta de amor llamado amor ágape. La ley simplemente define amor phileo. Esas son palabras griegas encontradas en el Nuevo Testamento, las dos traducidas "amor". Amor phileo significa "amor fraternal". Amor ágape es amor divino, porque este es incondicional.

          Amor phileo es el tipo de amor que es encontrado entre hermanos. Cuando niños crecen juntos, ellos deben de aprender a respetar los derechos de sus hermanos y hermanas. Los padres se encuentran ellos mismos cada día como árbitros arreglando pequeñas disputas legales entre hermanos. Esto podría llegar a ser fastidioso para los padres, pero es extremadamente importante para los niños mientras que lleguen a la madurez. Cada vez que una disputa es arreglada, el padre o madre está enseñando a los niños la diferencia entre el bien y el mal. El padre o madre está enseñando los derechos propios. Los padres están enseñando la ley.

          Amor phileo es así un amor legal. Esto enseña una relación de 50/50 entre her­manos. La ley establece las limitaciones entre cada lado del cuarto del niño. La ley respalda cada derecho para adueñar ciertos juguetes o ropa del niño. La ley disciplina cada niño que lastime a otro o robe de sus hermanos o hermanas.

          Los padres se pueden cansar de tal disciplina, pero sin leyes, un niño va a crecer pensando que el mundo entero es de él. Si un niño crece con injusticia con­tinuamente perpetrada sobre él, él va a pensar que el mundo es un lugar muy injusto, y él va a responder de la misma manera. Su creencia seria "hacer a otros antes de que ellos me hagan a mí".

          Él va a pensar que él tiene un derecho natural para hacer como a él le plazca, y nadie más tiene algún derecho de pararlo de tomar lo que él quiere. En breve, él crece siendo un criminal, porque él cree que otros no tienen respeto por sus dere­chos, y así él no tiene respeto por los derechos de otros tampoco. Esto es el porque es muy vital que los niños sean tratados amorosa y juiciosamente cuando ellos son jóvenes. Ellos deben de aprender amorphileoen orden para prepararlos a que aprendan amor ágape.

          Amor ágape es un amor maduro, incondicional. Esos quienes están espiritualmente maduros son capaces de amar a otros no importa tan no amables que sean. Ellos son capaces de amar aún esos quienes abusan de ellos. Ellos no opinan de otros en términos de buenos y malos, sino como gente quienes son vecinos futuros en el reino de Dios, creyentes futuros en Cristo. Por lo tanto son capaces de hacer lo que ellos puedan para asistir a tal gente en cualquier manera posible para crecer en madurez espiritual.

          La ley de Moisés sola es insuficiente en traer una persona en la madurez de amor ágape. La ley define sus derechos de acuerdo al amor phileo, así amor phileo es obtenido por aprender de la ley divina. Pero la gracia del amor ágape viene a través de conocer al dador de la ley, Jesucristo. Esta viene por relación, no por conoci­miento de lo que Jesús dijo. Y aun, el verdadero amor ágape no puede ser obtenido aparte de aprender lo básico de amor phileo en la ley divina.

Capítulo 3  Las Consecuencias de Infringir la Ley [Ilegalidad]

          1 Juan 3:4 dice el pecado es infracción de la ley". La palabra griega que él usa es anomia. La palabra griega para ley es nomos. La "a" al principio de la palabra es un nega­tivo, así la palabra literalmente significa "no ley" o "sin ley". La Concordancia Strong dice que esto significa "ilegalidad, i.e. violación de la ley, o (generalmente) maldad".

          Nosotros también debemos de hacer una distinción entre la ley de Dios y la ley judaica. Las leyes judaicas son las tradiciones del hombre encontradas en el Talmud, las cuales son sus no inspiradas interpretaciones de la ley divina. Ellos tienen volúmenes de minuciosos detalles en cada tema, lo cual pone a los judíos en gran esclavitud, la cual Dios nunca intentó. En contraste a la ley judaica es la ley divina que Jesús (en la forma de Yehoshua) le dio a Moisés.

          La palabra griega, anomia, fue usada muchas veces en la traducción Septuaginta, La Septuaginta fue la traducción griega de las Escrituras hebreas que fueron hechas dos o tres siglos antes de Cristo. La importancia de esta traducción es que estable­ce la norma por la cual el pensamiento hebreo fue transmitido en el lenguaje griego por el tiempo de Cristo. Los escritores del Nuevo Testamento a menudo citan la Septuaginta. Cuando vemos en la Septuaginta, vemos la palabra anomia usada frecuentemente lo suficiente para obtener una idea muy clara de como la palabra era comúnmente usada.

          Esto es infortunado que anomia es traducido muy a menudo "iniquidad", porque la palabra puede así fácilmente ser puesta aparte del concepto de la ley. Las defi­niciones de las palabras son establecidas por usanza. Lo mismo es verdad con "pecado". Esa palabra, aun suficiente correcta en sí misma, parece ser desatada del concepto de la ley. Necesitamos entender que cuando Dios dio la ley, Él definió pecado como la trasgresión de la ley. El Apóstol Juan lleva esta definición desde el tiempo del Antiguo Testamento dentro del Nuevo en 1 Juan 3:4, citada antes.

          Anomia es usada en Génesis 19:15 en referencia a las "iniquidades" de Sodoma y Gomorra. Esto refiere a la ilegalidad de estas ciudades. Anomia es también usada en Éxodo 34:6,7, cuando Dios proclamó Su nombre muy prolongado a Moisés, diciendo,

6.... ¡Jehová!  fuerte,  misericordioso y piadoso;  tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; 7  que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad [anomia, “ilegalidad”], la rebelión [adikas, "injusticia"].

          Otro ejemplo es encontrado en Levítico19:29, donde la Septuaginta se lee,

29  No contaminarás a tu hija haciéndola fornicar,  para que no se prostituya la tierra y se llene de maldad [anomia, "ilegalidad"].

          El punto de estos ejemplos es mostrar que anomia fue un término usado aun en los siglos antes de Cristo para expresar el concepto hebreo de la ilegalidad—que es, una actitud de despreciar la ley y no tenerle respeto. El problema de anomia continuó en el primer siglo, cuando Jesús habló en contra de ello. El problema aparentemente continuó en el primer siglo de la iglesia, y los apóstoles previ­eron el problema llegando a ser no mejor sino peor con el tiempo.

          En Mateo 7:15-20 Jesús nos dice como podíamos medir a un profeta para ver si él era de Dios o no, versículos 15 y 16 dice,

15 Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas,  pero por dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conoceréis.

          Jesús entonces da un discurso acerca de los frutos, concluyendo con el versículo 20, donde Él dice, “Así que, por sus frutos los conoceréis”.

          Pero esto no es fin de la sección. Jesús entonces nos da la explicación de los "frutos'' y nos muestra cómo discernir ya sea que un profeta esté trayendo buenos frutos o no, ya sea una verdadera “'oveja” o un lobo vestido de oveja. Él dice en Mateo 7:21-23,

21  No todo el que me dice:  Señor,  Señor,  entrará en el reino de los cielos,  sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22  Muchos me dirán en aquel día:  Señor,  Señor,  ¿no profetizamos en tu nombre,  y en tu nombre echamos fuera demonios,  y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23  Y entonces les declararé:  Nunca os conocí;  apartaos de mí,  hacedores de maldad [anomia].

          Hay mucha gente hoy quienes profetizan—y mucha de su profecía es verdad. Pero ellos afirman que la ley de Dios ha sido puesta a un lado y de esa manera jus­tifican su comportamiento rebelde cuando desacuerdan con la ley. Hay mucha gente hoy quienes expulsan demonios y hacen milagros—algunos de los cuales pueden ser falsos, pero muchos son auténticos también. Pero ellos afirman que la ley de Dios ha sido puesta a un lado y actúan por lo tanto sin dolor de conciencia.

          Su excusa es que si nosotros regresáramos a la ley, tendríamos que sacrificar animales otra vez. Eso no es verdad. Jesús no puso a un lado la ley de sacrificio; Él la cumplió. En otras palabras, nosotros seguimos teniendo la ley de sacrificio con nosotros hoy. Jesús es nuestro Sacrificio, nuestro Cordero, nuestro Chivo, nuestro Becerro, nuestra Paloma. Él es todos los sacrificios. No, nosotros ya no necesitamos las formas mínimas del sacrificio que ellos usaban en el tiempo de Moisés. Nosotros tenemos un mejor Sacrificio—pero esto no pone a un lado la ley. Solo la manera del cumplimiento cambió.

          La ley dice que el Cordero de la Pascua tenía que ser sin mancha (Éxodo 12:5). En el sentido esencial, solo había un Cordero que era sin mancha, y ese era Jesucristo. Antes de que Jesús viniera a la tierra, la gente sacrificaba lo mejor que ellos tenían, pero no estaban verdaderamente cumpliendo la ley. Solo en Cristo es el cumplimiento de la ley. Solo por el verdadero Cordero de Dios es la ley verdaderamente satisfecha. No hay otra manera de cumplir (o ser obediente) a la ley.

          Las únicas cosas que Jesús puso a un lado fueron las formas imperfectas por las cuales los hombres estaban intentando cumplir la ley.

          En el Antiguo Testamento había un sacerdocio levítico con un tabernáculo—y después un templo—hecho de material terrenal. Ninguno de estos fueron perfectos, pero Dios los puso en su lugar temporalmente hasta que el perfecto viniera. El per­fecto es a través de Jesucristo, Él Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec, y Sus hijos, quienes también son sacerdotes bajo Él. Ellos son llamados a ministrar en templos no hechos de madera y piedra, sino sus propios cuerpos, los cuales son los templos de Dios.

          Entonces, ¿no es extraño, que algunos maestros Bíblicos hoy ponen a un lado cualesquier leyes con las cuales ellos desacuerdan, y entonces enseñan que Jesu­cristo pronto va a gobernar la tierra en un templo físico en Jerusalén con un sacer­docio levítico re-establecido? ¡Predicadores me han dicho que en el Milenio Jesús va a re-establecer los sacrificios de animales! Ellos basan esta creencia en Ezequiel 44, tomándolo literalmente en un sentido del Antiguo Testamento. No tiene sentido. Estas personas van a poner a un lado las leyes de la usura, por ejemplo, porque ellos no miran nada malo en cobrar intereses en el dinero—pero entonces van a volver al judaísmo en la manera del templo, sacerdocio, y sacrificios de animales.

          ¿Quizá es esto un ejemplo de rebeldía en la enseñanza de uno y de la manera de pensar?

          Jesús habló otra vez de rebeldía en Mateo 13:41 diciendo,

41 Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, [anomia].

          Ya que esta era la explicación de Jesús de la parábola del trigo y la cizaña, es claro que Él estaba identificando la cizaña con "los que hacen iniquidad" o esos quienes deliberadamente violan la ley divina, pensando que ahora están privilegiados para hacer así bajo gracia. El hecho que esta fue una parábola acerca del fin de la edad trae el problema de iniquidad a la vuelta de la esquina de nuestra propia iglesia de hoy. De hecho, en Mateo 24:12, Jesús dijo acerca de la iglesia en nues­tros días,

12 y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.

          En Hechos 2:23, Pedro dice en su sermón pentecostal que fue por las manos de hombres inicuos que el Mesías fue puesto a la muerte. La palabra que Pablo usa es anomia.

          El Apóstol Pablo cita el Salmo 32:1,2 en su carta a los romanos, escribiendo en Romanos 4:7,

7 Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades [anomia] son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.

          Él otra vez dice en Romanos 6:19,

19  Hablo como humano, por vuestra humana debilidad;  que así como para iniquidad [anomia] presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad [anomia], así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.

          Pablo sabía muy bien del problema de iniquidad [anomia] y como afectaría a la iglesia con el pasar del tiempo. Moisés sabia que la misma cosa pasaría con Israel después de su muerte (Deuteronomio 31:29). Así Pablo advirtió a la iglesia en 2 Tesalonicenses 2:7,8,

7 Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad [anomia]; solo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. 8 Y entonces se manifestará [revelado] aquel inicuo [anomos], a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de Su venida.

          Nosotros vemos, entonces, que los dos Jesús y el apóstol Pablo profetizaron de la gran iniquidad al final de la edad pentecostal, y Pablo dijo que ya, en su día, esto había empezado a manifestarse. En mí propia vida temprana en la iglesia, se me enseñó a no ser desobediente, pero de alguna manera esa palabra nunca se enfocó sobre la ley divina que Jesucristo había dado a Moisés. En vez de eso, fue definida más en tér­minos de lo que nuestra iglesia estaba enseñando en relación al bien y al mal. Que irónico que nuestra iglesia apoyaría el sistema de prisiones de América, en vez de enseñar a la gente que esos quienes roban tenían que pagar restitución—y aun ellos nunca pensaron que eran rebeldes ellos mismos (Ver nuestro libro, God’s Law on Restitution [La Ley de Dios en Restitución].

          Otras iglesias no ven nada malo con el comportamiento homosexual, mientras tanto todo sea en "amor". Tales iglesias también son inicuas, porque Jesucristo le dijo a Moisés muy claro en Levíticos 18:22,

22  No te echarás con varón como con mujer;  es abominación.

          Recuerde que Jesús dijo acerca de esos quienes son inicuos. Aún si ellos han hecho muchas cosas maravillosas en el nombre de Jesús, en el final Él les va a decir, “apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:23).

          Esto no significa que los inicuos van a perder su salvación. Esto simplemente significa que ellos no van a heredar la primera resurrección, sino van a tener que esperar a la resurrección general al final de los mil anos. La primera resurrección incluye solo a creyentes quienes son llamados a gobernar y reinar con Cristo mil anos (Apocalipsis 20:4-6). Uno no puede reinar si uno no puede discernir el bien y el mal y, como un juez, corregir injusticias. En otras palabras, uno debe de conocer la ley y ser guiado por el Espíritu en orden para aplicar correctamente la ley por la mente de Cristo.

          La segunda resurrección es una general que incluye a todos los incrédulos y el resto de los creyentes quienes no calificaron para la primera resurrección. Apocalipsis 20:7-15 dice que esta resurrección va a ocurrir mil años después de la primera. De esta resurrección Jesús dijo en Juan 5:28,29,

28 No os maravilléis de esto; por que vendrá hora cuando todos estos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resu­rrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación [juicio].

          Jesús NO estaba describiendo la primera resurrección, por que esa era una resurrección limitada, donde "los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil anos''. (Apocalipsis 20:5). Jesús estaba hablando de una resurrección donde las tumbas serian vaciadas, y TODOS serian levantados. Así vemos que Jesús habló de una segunda resurrección, y a ese tiempo los creyentes serian dados “vida”, o inmortalidad, mientras los incrédulos serían juzgados. Pablo nos da un doble testimonio de esto en Hechos 24:15.

          Por esta razón insistimos que los cristianos inicuos no van a perder su salvación. Ellos simplemente pierden la bendición de la primera resurrección. Ellos no van a calificar para gobernar y reinar con Cristo. Ellos no van a estar entre los hijos manifestados de Dios al final de la era pentecostal. Ellos no van a heredar vida en "La Era", que es, La Era Mesiánica, comúnmente llamada El Milenio.

          Hay una sombra o figura en el Antiguo Testamento para esto también. La iglesia [congregación] en el desier­to (Hechos 7:38) bajo Moisés fue también inicua, excepto por los vencedores como Caleb y Josué. Esta iglesia murió en el desierto, no habiendo recibido las promesas. ¿Significó esto que perdieron todos su salvación? No, pero sí perdieron la bendición del Reino. Aún así, todos los creyentes inicuos de las pasadas eras van a tener que esperar hasta DESPUÉS de la Era del Reino (Era de los Tabernáculos) para recibir su herencia.

          Esos creyentes inicuos quienes estén en vida cuando esta nueva administración del Reino empiece no van a ser transfigurados con un cambio de cuerpo a la segunda venida de Cristo. Solo los vencedores van a ser cambiados. El resto de los creyentes van a seguir con vida, pero van a continuar con sus cuerpos mortales hasta el día de sus muertes. Ellos van a recibir su herencia al final de los mil años.

          Cuando ellos sean levantados al Gran Trono Blanco “…será salvo, aunque así como por fuego (I Corintios 3:15). Esto no significa que ellos van a “irse al infierno”. El fuego de Dios es la “ley de fuego” (Deuteronomio 33:2). Al profeta Jeremías se le dijo, ¿“No es mi palabra como fuego”? 

          Los juicios de la ley son el fuego.  (Ver El Jubileo de la Creación, Capítulos 2,3 [Creation’s Jubilee]). Jesús definió este “fuego” en términos de muchos azotes y pocos azotes en Su parábola de Lucas 12:42-49.  En esa parábola, los siervos fieles son los vencedores, quienes han sido obedientes al tiempo de Su regreso. Jesús dijo que Él los encargaría de todas Sus posesiones—es decir, que van a gobernar y reinar con Él.

          Pero los otros siervos quienes fueron opresivos e inicuos, Jesús dijo que les sería dada su herencia con los incrédulos. Es decir, les daría inmortalidad al Gran Trono Blanco al mismo tiempo que a los incrédulos les daría su juicio. Los creyentes inicuos van también a recibir algo de juicio, reflejado en términos de unos azotes, a algunos dados pocos azotes, y a otros muchos azotes.  (Todo esto es de acuerdo a Deuteronomio 25:1-3). Entonces Jesús muestra que esos juicios de la ley son el divino fuego, diciendo en Lucas 12:49,

49  Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?

          Jesús no estaba anhelando por el día que la gente sería quemada viva o aventada en el infierno. Él estaba anhelando por el día que los cristianos inicuos serian “salvo, aunque así como por fuego”, para que así pudieran ser completamente reconciliados con Él y heredar las glorias del Reino.

          Y entonces estas son las consecuencias de la iniquidad entre creyentes cristianos. Oramos para que más cristianos vengan a ver que ser justificado por fe no es toda la respuesta para vida.  Justificación por fe en la sangre del Cordero de Dios es solo el primer paso hacia la completa salvación, aún como la salida de Israel de Egipto en Pascua fue solo el primer paso hacia la Tierra Prometida. Hay todavía el proceso de Santificación que viene a través de Pentecostés, y este prepara al creyente para la Fiesta de los Tabernáculos, donde ellos pueden recibir la glorificación
del cuerpo y la llenura del Espíritu (Ver nuestro libro, Las Leyes de la Segunda Venida [The Laws of the Second Coming].
 
Capítulo 4  Bajo La Ley y Bajo La Gracia

          Uno de los versículos mas mal-entendidos de todo tiempo es encontrado en Romanos 6:14,15, donde Pablo escribió,

14 Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. 15 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? En ninguna manera.

          Esto viene en el contexto del discurso de Pablo acerca de los cristianos inicuos. Ahí había algunos, aparentemente, quienes pensaban que al no estar bajo la ley significaba que ellos ahora tenían una licencia para pecar. Tenga en mente que Juan dice, "el pecado es infracción de la ley". El mismo Pablo había dicho antes en Romanos 3:20, "por medio de la ley es el conocimiento del pecado". Y todavía mucha gente toma Romanos 6:14 y lo interpreta para contradecir a Jesús, Pablo, y Juan, diciendo que esto significa que la ley fue puesta a un lado.

          Pablo no quiso decir esto. Él estaba usando una terminología que era familiar a la gente de su día, pero la cual en gran parte es desconocida hoy en el mundo occidental. Déjeme explicarlo.  
Si un hombre robó $10,000 y fue capturado, el juez bajo la ley Bíblica debiera hacerle pagar a su victima el doble. El ladrón, entonces, llegaría a ser un deu­dor por su pecado. Si el hombre pudiera pagar esta deuda a la victima, entonces él sería suelto de inmediato. Pero si no, su propiedad sería vendida o usada en pago de la deuda. Si todo lo de su propiedad fuera insuficiente para pagar la deuda, entonces él mismo sería vendido como un siervo en orden para pagar la deuda.

Mientras cuanto tomare para pagar la deuda, este hombre se decía que estaba "bajo la  ley". Eso es, la ley tenía jurisdicción sobre él, porque el pecado del hombre autorizaba a la ley para mantenerlo esclavizado hasta que la deuda fuera pagada. Entonces tan pronto que la deuda fuera pagada, el hombre sería puesto libre—ya no bajo la ley, sino bajo la gracia.

          Sabemos de Romanos 3:23, que "todos pecaron". Por lo tanto cada hombre es un deudor ante los ojos de la ley. Es la ley que nos ha puesto a todos en esclavitud a causa de nuestro pecado. Pero tenemos un Redentor, Jesucristo, quien vino y pagó la pena completa por nuestros pecados. Una vez que la deuda ha sido pagada, hemos sido puestos libres de la esclavitud impuesta sobre nosotros por la ley. Estamos ahora bajo gracia.

          Entonces, ¿esto quiere decir que ahora estamos libres para pecar cuando queramos?  ¿Estamos ahora libres para “Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde”?
(Romanos 6:1). Por supuesto que no. La gracia no es una licencia para pecar. El pecado es iniquidad (rebeldía). La ley no fue puesta a un lado; la ley fue confirmada. Jesús podría habernos puestos libres por poner a un lado Su ley, porque esto hubiera legalizado el pecado. Pero Él no lo hizo. Él confirmó la ley y pagó su precio completo.

          Pablo dice en Romanos 3:31,

31 ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.

          No es justo oponer a Romanos 6:14 en contra de Romanos 3:31. Si ellos parecen ser contradictorios, es porque no entendemos los escritos de Pablo. Es nuestra es­peranza que esto le de al lector un mejor entendimiento de los escritos de Pablo, para que así no lo usemos a él como una excusa para violar la ley de Cristo como fue dada a Moisés.

En Conclusión

          La ley es la revelación del carácter y la mente de Jesucristo como fue dada Moisés. Todo lo que Jesús dice para hacer es una orden y una ley, que sea encontrado en las Escrituras o por escuchar la voz del Espíritu.

          Porque todos han pecado, y por nuestra existente debilidad heredada de Adán, no es posible para cualquier hombre ser justificado por ser perfecto. Simplemente expresado, ningún hombre es perfecto—y aunque por algún casualidad un hombre llegase a ser per­fecto más tarde en su vida, esto no justificaría sus pecados de su pasado. Por lo tanto, la obediencia de uno a la ley no puede ser usada para justificar a ningún hombre. Aprender obediencia es el proceso de santificación, no justificación.

          El proceso de santificación, creciendo en Cristo y en el conocimiento de Su palabra, tiene mucho que ver con el aprender la voluntad de Dios para la vida de cada persona. La voluntad básica de Dios para todo hombre es obediencia a la ley (Romanos 2:18). Pero sin la activa dirección del Espíritu en la vida de uno, uno no pudiera es­perar aplicar la ley correctamente y con la actitud y espíritu correcto. Esto es el porque cada hombre tiene que proceder de la experiencia de Pascua de justificación a la experiencia pentecostal de santificación. En Pentecostés uno aprende a escuchar la voz de Dios y a ser guiado por el Espíritu. Simplemente aprendiendo la ley sin el beneficio de Pentecostés solo puede crear fariseos, quienes piensan que ellos son respetuosos de la ley, pero en vez de eso abundan en las tradiciones del hombre.

          Jesús vino como nuestro Redentor, para que así estemos redimidos de la escla­vitud causada por el pecado. En pagar la deuda que la ley demanda por el pecado, Él sostuvo la ley, dando testimonio de su justa norma. Nosotros los que hemos sido puestos libres de la ley, somos ahora libres para ser obedientes a nuestro Redentor, como la ley dice en Levítico 25:53. Ahora que hemos sido puestos libres del amo del pecado (iniquidad), hemos sido puestos libres para ser siervos de Jesucristo, nuestro Redentor. Romanos 6:18,22 dice,

18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia. 22 Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vues­tro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.

          No fuimos salvados para ser inicuos (rebeldes); fuimos salvados para llegar a ser siervos de  la justicia y siervos de Dios a través de Jesucristo. Esos quienes entienden esto ya no van a continuar en pecado, viendo la ley como un artefacto religioso de una era pasada. Ellos van a ver la ley como una revelación de Dios, llena de vida y poseyendo un significado profético que aún tiene para ser entendido completamente.

Publicado por:
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