Oyendo La Voz de Dios

POR Dr. sTEPHEN e. jONES

TABLA DE CONTENIDO

Capítulo Uno: El Dios Que Habla                                                                                          2

            El Dios de la Revelación                                                                                             4

            Los Papeles de Dios como El Shaddai y Yahweh                                                      5

            Dejando a Moisés Oír por Nosotros                                                                           7

Capítulo Dos: Oyendo Sin Ídolos                                                                                          9                    

            Inquiriendo de Dios con Opiniones Preconcebidas                                                    10

            Israel Deseó Carne y la Consiguió                                                                              11

            El Espíritu de Mentira que Viene de Dios                                                                  12

            El Rey Saúl y el Hambre de la Palabra                                                                       16

            El Espíritu Malo de Dios, Atormenta a Saúl                                                              19

Capítulo Tres: Empezando a Oír la Voz de Dios                                                                    21

            A Mi temprana Edad, Cómo Fue que Comencé a Oír acerca de Dios                       22

            Un Nivel más Alto de Experimentar el Oír                                                                23       

            La Prueba de Nuestra Fe                                                                                            26

            El Tiempo de Restauración                                                                                         29

            Lecciones Aprendidas                                                                                                            31

            Amando a Nuestro Padre Celestial                                                                             33

Capítulo Uno: 

El Dios Que Habla

Por esto, la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Cristo - Romanos 10:17

La fe. Todos hemos oído hablar de ella, muchos la han visto, pero relativamente pocos la han experimentado profundamente. Sin embargo, Hebreos 3 y 4 nos dicen que Israel no pudo entrar en el Reposo de Dios porque ellos no tenían la fe requerida para entrar en ese nivel de experiencia. ¿Pero, por qué? ¿No vieron ellos todos los milagros que Moisés hizo? ¿No vieron ellos cuando el mar rojo se dividió, el maná enviado del cielo, y la presencia ardiente de Dios en el Monte Sinaí? Por supuesto que sí, y se convencieron ciertamente que estas cosas vinieron de Dios. No obstante, ellos no tenían la fe necesaria para entrar a la Tierra Prometida. La pregunta es: ¿Por qué no?

Hay una diferencia entre la persuasión mental y fe. Uno puede ser totalmente convencido de la autenticidad de las Escrituras y que Jesús era el Hijo de Dios que murió y resucitó de nuevo por nosotros, y aun no tener el nivel de fe necesaria para entrar en la Tierra Prometida. ¡Si solamente requiere fe el tamaño de una semilla de mostaza para mover una montaña, como Jesús dijo, entonces cuan poca fe tenemos! Cuando somos confrontados por problemas pequeños, a menudo estamos frustrados e incapaces para hacer algo. O si hacemos algo, nos parecemos a los profetas de Baal en nuestras travesuras al tratar de manipular a Dios en hacer algo para nosotros, mientras que Elías quien simplemente oró y el trabajo fue hecho.

La oración es algo que la mayoría de las personas no creen que realmente funcionará para ellos. Por esta razón las reuniones de la oración normalmente no atraen más que un poco de personas interesadas, y muchos de ellos parecen asistir por obligación y compulsión del pastor en vez de un interés genuino. La mayoría no están entusiasmadas por la perspectiva de una reunión de oración, porque ellos realmente no esperan lograr mucho de sus oraciones. Así que, sólo los obedientes y disciplinados pueden entrar en esa labor, y raramente es una celebración jubilosa la interacción de Dios con los hombres.

Hebreos 3:19 dicen, “Y vemos que ellos no pudieron entrar debido a su incredulidad”. La clase de fe mencionada en este verso no es la clase de fe que es necesario para “ser salvo”. Todo Israel fue justificado por la fe al salir de Egipto en la Pascua. Al observar Pascua, ellos proclamaron su fe en la sangre del Cordero, y todos ellos creyeron a Dios en este nivel, o sino, ellos hubieran perdido sus hijos primogénitos. Esto nos da la figura y sombra de los cristianos evangélicos de hoy día quiénes han dejado el mundo (“Egipto”) y están en su camino a la Tierra Prometida.

El problema es que muchos cristianos dejan Egipto e incluso cruzan el Mar Rojo (es decir, ellos son bautizados-lea 1 Corintios 10:2); pero entonces ellos se establecen en la orilla lejana del Mar Rojo, construyen una casa (denominación o concilio), y asumen que ya están en la Tierra Prometida. Con tiempo, algunos se descontentan, dándose cuenta de que hay más de Dios para experimentar todavía más allá de la experiencia de Pascua-Mar Rojo, y consecuentemente ellos siguen al Espíritu (la columna de fuego) al pie de Monte Sinaí. Éste fue el lugar dónde Dios bajó como fuego, y todos oyeron la voz de Dios hablándoles en su propio idioma. Dios reveló los Diez Mandamientos al pueblo en el día más luego celebrado como el día de Pentecostés, o la fiesta de semanas.

Se suponía que esto era el día en que Israel logró el segundo nivel de fe en su camino a la Tierra Prometida. Pablo dice en Romanos 1:17 que “la justicia de Dios se revela por fe y para fe”. Es decir, Dios se revela asimismo a los hombres de un nivel de fe a otro nivel mientras oímos Su voz. Al mismo tiempo que Dios nos habla, y mientras que le oigamos, nos moveremos por fe y para fe. Hay tres niveles principales de experiencia espiritual y fe, cada uno tipificado por la experiencia de Israel en el desierto y conmemorados como días festivos. Ellos son la Pascua, el Pentecostés, y los Tabernáculos.

Cuando Israel vino al Monte Sinaí y Dios les reveló Su carácter en forma de un fuego consumidor a ellos por medio de la ley, el pueblo estaba demasiado temeroso para entrar al segundo nivel de fe. Nosotros leemos en Éxodo 20:18-21,

18 Todo el pueblo percibía los truenos, los relámpagos, el sonido de la corneta y el monte que humeaba. Al ver esto, ellos temblaron y se mantuvieron a distancia. 19 Y dijeron a Moisés: --Habla tú con nosotros, y escucharemos. Pero no hable Dios con nosotros, no sea que muramos.  20 Y Moisés respondió al pueblo: --No temáis, porque Dios ha venido para probaros, a fin de que su temor esté delante de vosotros para que no pequéis.  21 Entonces el pueblo se mantuvo a distancia, y Moisés se acercó a la densa oscuridad donde estaba Dios.

Porque el pueblo tuvo miedo de morir, ellos huyeron de Dios y de oír Su voz. Así que, ellos no pudieron entrar en el nivel pentecostal de fe que Dios propuso para ellos. Su actitud negativa en oír la ley divina significó que la ley no se escribiría en sus corazones, pero sólo permanecería en las tablas de piedra. El Espíritu de Dios no trabajaría dentro de ellos para empezar a cambiar sus corazones, sino que la ley se impondría en ellos de lo externo y regularía sus acciones a través de la disciplina. Así que el cumplimiento de Pentecostés se pospondría por otros 1,500 años hasta después de la muerte y resurrección de Jesús. Los discípulos en el libro de Hechos se reunieron en el aposento alto con el propósito de oír Su voz y recibir la revelación divina de Pentecostés. Ellos hicieron lo que sus antepasados se habían negado a hacer en ese mismo día muchos años antes.

Porque los israelitas bajo Moisés se rehusaron a oír la voz de Dios y no permitieron que la ley fuese escrita en sus corazones, ellos no pudieron entrar en la Tierra Prometida el año siguiente. Los doce espías vieron que la tierra era generosa, y ellos trajeron consigo racimos grandes de la primera cosecha de las uvas como evidencia (Números 13:20). Esto nos indica que fue durante el séptimo mes según el calendario hebreo (aproximadamente septiembre). Diez de los doce espías dieron un informe negativo, reflejando la condición de falta de fe en el pueblo, y después de esto, este día se observaba como el Día de Expiación, un día de ayuno y arrepentimiento por haberse negado a entrar en la Tierra Prometida. Si ellos hubieran sonado la trompeta señalando su decisión para prepararse a entrar en Canaán, habría sido la trompeta del Jubileo. De hecho, esto era el cincuentavo Jubileo de Adán, y ellos debieron de haber vuelto “a cada hombre a su posesión” (Levítico 25:9-13).

Sin embargo, ellos no tenían la fe para entrar en la Tierra, porque ellos se habían negado a oír la voz de Dios al pie de Sinaí antes en el primer Pentecostés. Ninguno puede pasarse directamente de Pascua a los Tabernáculos. Ninguno puede ir directamente de Egipto a la Tierra Prometida. Ninguno puede desviar la revelación de la ley en Sinaí. Aquéllos que intentan hacer esto se llaman “inicuos” (en griego significa anomia) en el Nuevo Testamento.

Por consiguiente sería aprovechable hoy día para nosotros aprender las lecciones de estas figuras y sombras del Antiguo Testamento. Nosotros vemos del relato bíblico que hay cristianos teniendo diferentes niveles de fe, representados por Pascua, Pentecostés, y Tabernáculos. Además, desde Moisés a la Cruz era época de Pascua. De Hechos capitulo 2 al presente ha sido una época de Pentecostés. Ahora nosotros estamos entrando en la época de los Tabernáculos. Pero durante el día de Jesús, mientras la mayoría del pueblo observaron Pascua en un nivel físico, solamente una porción pequeña de ellos realmente tenía una revelación de Pascua que les habría permitido pasar al próximo nivel de fe: Pentecostés. La mayoría tropezaron en la Cruz (1 Corintios 1:23) y continuaron en las tradiciones religiosas del judaísmo, incapaces de crecer en la fe.

En nuestra época final de Pentecostés, encontramos la misma cosa pasando en el próximo nivel. Muchos han tropezado y han fracasado en la prueba de Pentecostés y por consiguiente no son elegibles para pasar más allá a la fe de Tabernáculos. ¿Cómo fue que fallaron? Principalmente, es porque, igual como el antiguo Israel, ellos tienen miedo de oír la voz de Dios, o tienen miedo de morir a la carne. En lugar de caminar intrépidamente en el fuego de Dios, como Moisés hizo, ellos corren en la otra dirección. Dios nunca ha intentado ocultar el hecho de que acercándose a Él para oír Su voz verdaderamente matará la carne. Una  revelación verdadera de Dios siempre requerirá un sacrificio de carne mientras Dios escribe Su ley ardiente en nuestros corazones. Pablo moría diariamente, porque Dios le hablaba diariamente (1 Corintios 15:31).

Pero hoy día, muchos cristianos que se consideran carismáticos o pentecosteses se les han dicho que Dios quiere que todos seamos prósperos y cualquier adversidad ciertamente no es de Dios. Por esta enseñanza, sobre todo en América, hemos venido a pensar que nosotros podemos entrar en el Reposo de Dios sin morir a la carne, sin disciplina, y en un espíritu inicuo. Tales personas pueden llamarse pentecosteses, pero como el antiguo Israel, ellos han llegado a Sinaí en vano. Ellos prefieren el becerro de oro en vez del fuego de Dios. Es decir, ellos prefieren un dios que les promete la riqueza y prosperidad en lugar del Fuego consumidor que consume la carne cuando Dios escribe Su ley en nuestros corazones. Esto es lo que está descalificando a la Iglesia de hoy día de entrar en la Tierra Prometida.

Él Dios de Revelación

Los ídolos alabados por los hombres “no ven, ni oyen, ni comen, ni huelen”. (Deuteronomio 4:28). Solamente el Dios de la Biblia ve, oye, y habla a los hombres. La nación de Israel dió tal demostración en los días de Moisés cuando Dios bajó en el Monte Sinaí como un fuego consumidor y reveló a todos ellos Su ley. En Deuteronomio 5:24, Moisés les dijo al pueblo:

24….y hemos oído su voz de en medio del fuego. En este día hemos visto que Dios habla al hombre, y que éste puede quedar vivo.

En otras palabras, el día de Pentecostés es el día cuando Dios reveló a la nación de Israel que Él es un Dios que puede hablar al hombre sin matarlo. Y aun así, Él es un fuego consumidor que destruirá la carne en el hombre, al leer nosotros la respuesta del pueblo:

25 Pero (la gente respondió), ¿por qué hemos de morir, ya que este gran fuego nos consumirá? Si volvemos a oír la voz de Jehovah nuestro Dios, moriremos. 26 Porque, ¿quién es el ser humano para que oiga, como nosotros, la voz del Dios vivo que habla de en medio del fuego, y aún viva?

Por mitad la gente tenía razón. Ellos estaban en lo correcto al decir que la voz del Dios viviente mataría la carne. Ellos no entendieron que ésta era la idea entera detrás de Pentecostés. Dios totalmente tenía la intención, que al oír Su voz, consumaría toda carne, para que pudieran ser de mentalidad espiritual sin los impedimentos de la carne. El problema era que el pueblo tenía miedo de morir y deseaban seguir con su carnalidad, su carne. Ellos no entendieron que la carne que ellos querían mantener viva con tanto cariño ya estaba en la realidad muerta. Ellos no se dieron cuenta de que la única manera de tener vida verdadera era a través de la muerte. Ésta es la gran paradoja de la fe cristiana. Uno no puede encontrar la vida buscando la vida. Uno debe encontrarla por la puerta de muerte. Y esta puerta es Jesús que fue crucificado para mostrarnos cómo morir. Pero la Cruz es demasiado a menudo el tropiezo no solo al judaísmo sino a la cristiandad también.

Todavía no he visto una palabra verdadera de Dios que no elimine cualquier carnalidad que fuera de tropiezo al camino de obediencia. La Palabra es un fuego consumidor. Al hombre carnal es espantosa. Al recién convertido es asombrosa. Al espiritual es el camino de la vida.

El propósito principal de Dios en hablar al hombre es instruirnos en Sus caminos. Deuteronomio 4:36 dice, “Desde los cielos te hizo oír su voz para enseñarte.” La instrucción implica un repartimiento de conocimiento. El método de la instrucción empieza con mandatos, así como un padre le dice a su hijo pequeño qué hacer con poca o ninguna explicación. El niño debe aprender a obedecer, entienda o no entienda. Simplemente, obediencia por causa de la obediencia debe aprenderse primero. Entonces al crecer el niño, él aprende a hacer preguntas que el Padre contestará después de que el niño haya obedecido.

Finalmente, mientras un niño se acerca a la madurez espiritual, el Padre le da entendimiento por el cual el niño es capaz de ver el intento del Padre-y por este entendimiento, él puede hacer la voluntad del Padre sin mandato específico. Finalmente, como un hijo totalmente maduro (o hija), únicamente él hace lo que él ve a su padre hacer y dice lo que él oye a su padre hablar. En todos los respetos, él está ahora a la imagen de su Padre celestial. Él está totalmente de acuerdo con su Padre y hace la voluntad del Padre no por obligación, sino por amor y total acuerdo.

Los Papeles de Dios como El Shaddai y Yahweh 

Antes Moisés, Dios se reveló asimismo a Abraham, Isaac, y Jacob únicamente por el nombre de El Shaddai (Éxodo 6:3, el nombre se traduce el “Dios Todopoderoso"). Éste es el nombre de Dios en Su papel maternal de Creador ye Iniciador (creación y génesis). Así como un niño es nutrido principalmente por su madre durante su infancia, también Dios nutría en su infancia la creación desde Adán a Moisés.

Después de muchos años Dios se reveló a Moisés por el nombre de Yahweh. Éste es Dios como Padre, quién vino a dar disciplina a Su pueblo por medio de Su ley para producir en nosotros  madurez en Cristo (Gálatas 3:24). Sin la disciplina de la ley, nosotros permaneceríamos inicuos y creceríamos como niños mimados que tienen poca consideración para los derechos y propiedad de otros. La ley de Dios está diseñada para enseñarnos el amor phileo (como el amor de un amigo), para que nosotros pudiéramos madurar en el amor agape (un amor social o moral a todos) de Dios que caracterizará a los hijos maduros de Dios.

Finalmente, Dios se revela a nosotros de las siguientes maneras de El Elyon, el Dios Altísimo. Éste es el Dios de Melquisedec (Génesis 14:18) del Orden donde Jesús es el Sumo Sacerdote y nosotros, Sus hijos, somos sacerdotes bajo Su dirección y liderazgo. Éstos son los sacerdotes de Dios y de Cristo que reinan con Él en la tierra (Apocalipsis 5:10; 20:6).

Hay que tener cuidado de aquéllos que enseñan que usted puede pasar por alto El Shaddai o Yahweh en un intento de ir directamente a El Elyon. Ningún niño puede evitar la nutrición de su madre en la niñez temprana. Niños que nunca aprenden a gatear no desarrollan la coordinación apropiada y necesaria para caminar y correr mientras crecen. Ningún niño puede evitar la disciplina de un Padre amoroso y aun madurar y convertirse en un hijo de confianza. Así como toma tiempo para criar un hijo a la madurez, también toma tiempo para criar los hijos espirituales en la madurez espiritual. Esto es evidente en la historia de Israel en el desierto bajo Moisés, y somos recordados de estas cosas cada año en las tres fiestas que conmemoran estas fases de desarrollo espiritual.

Pascua representa la primera fase de desarrollo espiritual, ya que es el comienzo de nuestra relación personal con Dios. Aunque justificados por la fe, éstos son todavía bebés en Cristo que tienen necesidad de la leche de la Palabra. Ellos hacen muchas demandas de Dios, mucho como un bebé exige ser sostenido, alimentado, y puesto sus pañales. Esta etapa es la más inmadura de las relaciones, y aun todavía el bebé cristiano cree que ahora que “ha nacido de nuevo” que él “ha logrado” ahora de algún modo toda la autoridad reservada para los hijos de Dios. En su vanidad, él tiene poco concepto que todavía él “en nada difiere del esclavo” (Gálatas 4:1).

Pentecostés fue (y todavía es) la celebración de la entrega de la ley por la voz de nuestro Dios Padre. Pentecostés es la fiesta que separa a los hijos de Dios en dos clases: obedientes y rebeldes. Esto es evidente en la historia de Israel en el desierto dónde las personas se negaron a oír al Padre, pero Moisés era obediente. Después, nosotros vemos que Caleb y Josué también tenían  oídos para oír, porque ellos no estaban de acuerdo con los otros espías que habían dado un mal reporte. En la Iglesia de la Época de Pentecostés, nosotros descubrimos el mismo modelo manifestado. Dios da los mensajes a las siete iglesias, pero solamente los Mas Que Vencedores realmente oyen a Dios y son obedientes. Sólo los Mas Que Vencedores son Verdaderos Pentecostales. Sólo los Mas Que Vencedores están dispuestos a oír la ley divina, para que pueda ser escrita en sus corazones.

Si Israel bajo Moisés hubiera sido receptivo, Dios habría empezado a escribir Su ley en sus corazones y hacer la ley una parte de su misma naturaleza. Entonces, el pueblo hubiera obedecido la ley naturalmente-porque habría querido-no porque tenía que ser obediente, para que no le disciplinara. Sin embargo, Israel se negó a oír la voz de Dios directamente, prefirieron enviar a Moisés al monte para que oyera a Dios por ellos. Así que el pueblo solamente oyó una voz indirecta cuando Moisés le decía lo que Dios había dicho. La ley se quedó en lo externo, impuesta sobre ellos desde afuera, como mandatos de un padre que podría imponer sobre un niño rebelde que prefiere ir por su propio camino. De algunas maneras la ley parecía dura o incluso áspera, pero fue diseñada por un Padre amoroso para quebrantar la voluntad de Sus hijos rebeldes, para que ellos pudieran en el futuro decir con Jesús, “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).

Éste es el clamor del hijo que ha aprendido la obediencia por las cosas que él ha sufrido. En nuestros ojos inmaduros, vemos las disciplinas del Padre en el principio dolorosas, pero por las disciplinas amorosas de la ley divina, sabemos que somos hijos legítimos en entrenamiento (Hebreos 12:5-8). Sin tal disciplina, nosotros nunca entraremos en la madurez espiritual.

Dejando Moisés Oír por Nosotros 

Hoy día la mayoría de los cristianos prefieren depender de un predicador o una denominación para subir al monte para oír la palabra de Dios por ellos. El predicador desciende entonces una o dos veces por semana para decirle a la gente lo que la palabra de Dios es. Aun cuando el predicador recibe la palabra genuina de Dios, esa palabra es predicada Al pueblo, viniendo a ellos de una fuente externa. No hay nada malo en oír la palabra de Dios a través de una fuente externa, porque Dios a menudo habla a través de otras personas. El problema viene cuando las personas oyen al hombre, no en la voz de Dios que habla a través del hombre.

Cuando de verdad somos guiados por la voz de Dios dentro de nuestros corazones, el Espíritu da testimonio a la palabra y nos enseña cosas que ni siquiera el predicador conoce mientras él está predicando. Habrá también tiempos cuando el Espíritu NO dará testimonio, y aquí es donde los problemas se levantan. Si el predicador o la denominación permiten a las personas tener libertad para oír la voz de Dios por ellos mismos, habrá  inevitablemente una diversidad de opiniones. No es que Dios se contradice, pero (1) porque nuestra habilidad de oír es dependiente de la condición de nuestros corazones; (2) Dios da a menudo ciertos detalles a una persona, y otros detalles a otra.

Pensamientos y opiniones diversos aparecieron en la Iglesia de sus comienzos más tempranos, incluso entre los mismos Apóstoles. En la Iglesia del siglo IV, después de que las persecuciones habían cesado y el cristianismo había empezado a convertirse en una religión, un esfuerzo sistemático fue hecho por medio de los Concilios de la Iglesia para acabar con diversidad y llevar a todos los hombres en un solo punto de vista llamado la “Ortodoxia”. No pasó mucho tiempo antes de que los cristianos fueran asesinados y torturados como sacrificios en el altar de la “Iglesia Unida”. Pronto la Iglesia eliminó de los hombres el derecho de oír a Dios por ellos mismos, justificándose en que esto pudiera producir sólo desunión. El derecho de oír a Dios se quedó en un solo hombre, el obispo de Roma quien vino a ser la última autoridad de la verdad. El cristianismo se volvió una religión y los hombres fueron obligados a escuchar la voz de hombres, en lugar de la voz de Dios.

Del primer Concilio de la Iglesia en Nicea en el año 325 DC, los obispos decidieron los asuntos de ortodoxia doctrinal a través de la fuerza política, compromisos, erudición, y amenazas de ejecución y excomunión, en lugar de revelación divina. Ellos debieron haber seguido el ejemplo de Moisés que iba a Dios en la oración cuando sucedía algún asunto que Dios todavía no había especificado en Su ley. (Por ejemplo, Números 9:6-14.) Si los obispos hubieran hecho esto, les habría obligado arrepentirse de su propio orgullo y la búsqueda de sus propios deseos, en vez de tener un deseo verdadero para oír de Dios y conocer Su mente. En cambio, sus Concilios empezaron a establecer las tradiciones de la Iglesia del mismo modo que se había hecho bajo la religión del AntiguoTestamento hasta el tiempo de Cristo.

Después de 1500 años de esto, la Reforma protestante dividió la Iglesia romana, y pronto había muchas opiniones diferentes. La mayoría de estas primeras denominaciones trataron de forzar sus opiniones sobre otros a través de varios niveles de persecución. Pero finalmente, sobre todo en América, se decidió que todos los hombres necesitaban la libertad de conciencia para seguir la voz de Dios cuando la oyeran-o la voz de hombres, si ellos escogían oír y obedecer a los hombres. Claro, esto no resolvió el último problema, pero por lo menos permitió la libertad a todos para verdaderamente oír la voz de Dios. No obstante, las denominaciones a menudo se declaraban como “La Verdadera Iglesia” e hicieron salvación personal dependiente de unirse a sus organizaciones, sujetarse a las decisiones de sus direcciones, y aceptar las declaraciones doctrinales establecidas por sus tradiciones.

A través de todo esto, el cristianismo ha pasado de una sola religión ortodoxa a una multitud de religiones más pequeñas, con cada una pensando que La Verdadera Iglesia es su propia organización terrenal. Muchos no comprenden la idea que la Iglesia es gente no organizaciones, y Dios está interesado en tener una relación personal con-y hablar a-cada persona individualmente. Mientras cada uno debería de oír la voz de Dios independientemente, hay una interdependencia de las personas también, basada en la ley del testigo doble que establece toda la verdad. Pero este principio solamente funcionará si la ley divina es escrita en nuestros corazones, porque Dios tiene que enseñarnos a todos cómo aplicar la ley del testigo doble apropiadamente, o no funcionará. Sólo cuando nosotros sabemos el intento de la ley conoceremos la mente de Dios en estos asuntos terrenales.

Nuestra habilidad de oír la pura voz de Dios dependerá totalmente de la actitud de nuestros corazones. ¿Estamos de acuerdo con la ley de Dios, o nos oponemos a Su voluntad? ¿Si nosotros no entendemos la ley, la echamos al lado, como algo no valioso para que le obedezcamos?, o ¿le pedimos a Dios que nos enseñe Sus caminos y que nos explique la ley para así poder conocer la mente de Dios? Ésta es la verdadera prueba de Pentecostés, y aquellos que hoy día se consideran pentecosteses podrían caer fácilmente, así como Israel fracasó en su primera prueba al pie del monte Sinaí. Vamos a pedirle a Dios que escriba Su ley en nuestros corazones para que nosotros podamos ser hallados totalmente de acuerdo con Él y conocer Sus caminos. Pidámosle a Dios que nos ayude a pasar la prueba de Pentecostés, para que nosotros podamos recibir una visión fresca de la Fiesta de Tabernáculos y no quedarnos cortos de entrar en todas Sus promesas y bendiciones.

Capítulo Dos

Oyendo Sin Ídolos

 Hablando a menudo con cristianos uno les oye decir, “Dios me habló y me dijo esto o aquello.”  Otros dicen, “Dios me llevó hacer esto.”  Tales personas generalmente no necesitan a nadie para convencerles que el Dios de la Biblia habla a las personas hoy. Sin embargo, muchas personas (por sus frutos) a menudo se desprestigian la idea de oír la voz de Dios. Por esta razón muchas denominaciones y pastores individuales advierten a sus feligreses en contra de oír la voz de Dios. Ellos dicen que esto fácilmente los podría conducir a la decepción. Usualmente, ellos  dan a entender, que si las personas permiten al Espíritu Santo guiarlas a toda verdad (Juan16:13), es probable que ellos entren en conflicto con la doctrina de la Iglesia.

En cierto modo esta advertencia es válida. De hecho, muchas personas entran en decepción al intentar oír la voz de Dios. Hay siempre aquéllas que creen que Dios les dijo que mataran a su vecino o cometieran adulterio. Tales personas son inicuas en sus corazones, y entonces  la palabra que ellas “oyen” no es del Espíritu de Verdad. Pero el oír la voz de Dios no causa decepción. La decepción es producida por el corazón idólatra. Esta es la razón de por qué los Israelitas poco después de salir de Egipto levantaron el becerro de oro. Solo porque ellos fueron justificados por la sangre del cordero Pascual no significó que ellos habían tratado con el problema de la idolatría en el corazón. Lo mismo sucede con los cristianos hoy día. 

Pascua trata con nuestra justificación por la sangre del Cordero de Dios; Pentecostés trata con nuestra habilidad y buena voluntad para oír Su voz. Esa voz nos llama a ir al monte, a ese total fuego consumidor. Es una llamada a morir, y la mayoría de las personas hoy en día, como en el tiempo de Israel, huyen de esta segura muerte, deseando conservar sus vidas mortales y sus seres carnales. Por esto, nosotros leemos en Hebreos 3:15, 

Entre tanto se dice: Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones como en la provocación.

En otros términos, no sea como Israel en el desierto quien estaba de pie lejos, rehusando a acercarse a Dios en el fuego consumidor para oír Su voz y tener Su ley escrita en sus corazones. Ellos prefirieron seguir siendo carnales, reteniendo los ídolos en sus corazones. Ellos prefirieron su propia voluntad, su propio entendimiento, su propios caminos-qué es la idolatría. 

Un ídolo es formado, cuando nosotros creamos a Dios en nuestra propia imagen; es decir, cuando formulamos una imagen de Dios en nuestras mentes según nuestro propio entendimiento carnal. Es importante que nosotros no confundamos la palabra de Dios con nuestro entendimiento de la palabra, para que no terminemos adorando a una imagen que pensamos es el verdadero Dios. 

Uno de los propósitos subyacentes de Pentecostés es presentar a Dios únicamente como un fuego consumidor, distinto de cualquier imagen, o entendimiento personal de Dios, porque Moisés dijo, “Vosotros oísteis el sonido de sus palabras, pero aparte de oír su voz, no visteis ninguna imagen.” (Deuteronomio 4:12). El fuego consumidor que Dios alumbra en nosotros a través de Pentecostés consumirá a nuestra carne y empezará a transformarnos en la misma imagen y semejanza de Dios. Por esta razón, Dios quiere manifestarse en nosotros, o expresarse El mismo  a través de nosotros. Este proceso es completado por la Fiesta de Tabernáculos, en donde se puede decir del cuerpo de Cristo como con la Cabeza, “El que me ha visto, ha visto al Padre.” (Juan 14:9).

Inquiriendo de Dios con Opiniones Preconcebidas 

Una de las Escrituras más notables que trata con ídolos del corazón se encuentra en el Libro de Ezequiel. Dios reveló más sobre este problema particular a este profeta, enmarcando la época de esta revelación en el capitulo cuatro, dónde él fue llamado a acostarse en su lado izquierdo durante 390 días y en su lado derecho durante otros 40 días, comiendo alimento cocinado con (o encima de) excremento. El excremento en Ezequiel representa las tradiciones de hombres con que los sacerdotes alimentaban al pueblo después de comer el verdadero pan de la palabra. Los sacerdotes procesaban la palabra por la carne y entonces daban al pueblo lo restante - excremento. (Vea nuestro folleto de 20-páginas, Las Leyes de Ajeno y Excremento.)

En el tiempo de Ezequiel hubo aquéllos que venían a él pidiendo una palabra profética, pero ellos ya habían tomado una determinación y venían con opiniones preconcebidas. Ellos no vinieron al profeta no para buscar la palabra verdadera de Dios, sino para buscar una confirmación de sus propias creencias y opiniones. Ellos no tenían ninguna intención de seguir la palabra de Ezequiel, si esa palabra contradecía lo que ellos ya creían que era verdad. La historia se encuentra en Ezequiel 14.

1 Algunos hombres de los ancianos de Israel vinieron a mí y se sentaron delante de mí.

2 Entonces vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo: 3 "Oh hijo de hombre, estos hombres han erigido sus ídolos en sus corazones y han puesto delante de sus rostros aquello que les hace caer en la iniquidad. ¿Habré yo de ser consultado por ellos? 4 Por tanto, háblales y diles que así ha dicho el Señor Jehovah: 'A cualquier hombre de la casa de Israel que haya erigido sus ídolos en su corazón, que haya colocado delante de su rostro aquello que le hace caer en la iniquidad, y que luego acuda al profeta, yo Jehovah me dignaré responderle como merece la multitud de sus ídolos, 5 a fin de prender a la casa de Israel en su propio corazón. Porque todos ellos se han apartado de mí por causa de sus ídolos.' 6 "Por tanto, di a la casa de Israel que así ha dicho el Señor Jehovah: 'Arrepentíos y volved de vuestros ídolos; apartad vuestro rostro de todas vuestras abominaciones.

Esto era, en efecto, una decisión de la Corte Suprema desde la Corte de Cielo. La ley divina no se había dirigido específicamente al asunto de si Dios debe contestarles a las personas que le piden una palabra teniendo ya creencias preconcebidas. En la decisión de Dios, Él dice, “YO le contestaré.” Sin embargo, la palabra simplemente confirmaría sus creencias incorrectas, “a fin de prender a la casa de Israel en su propio corazón”. El resultado de esto se encuentra en los próximos versos:

7…yo, Jehovah, le responderé por mí mismo.  8 Fijaré mi rostro contra aquel hombre, lo convertiré en señal y refrán, y lo eliminaré de entre mi pueblo. Y sabréis que yo soy Jehovah.  9 "'En cuanto al profeta que sea inducido y hable algo, yo, Jehovah, habré inducido a tal profeta. Extenderé mi mano sobre Él y lo eliminaré de en medio de mi pueblo Israel. 10 Ellos cargarán con su iniquidad: Como la iniquidad del que consulta, así será la iniquidad del profeta;

Las tradiciones de hombres dirían que esto es imposible, porque “Dios no puede mentir”. Pero las tradiciones de hombres no son las decisiones de la Corte Suprema de Dios. Las tradiciones humanas son decisiones del hombre basadas en su erudición humana y un entendimiento limitado de Dios. De hecho, estas tradiciones de hombres anulan la ley de Dios (Marcos 7:13). 

Cuando Moisés y los profetas necesitaron conocer con mayor detalle sobre la ley de Dios, o su verdadera interpretación o aplicación, ellos fueron a la Corte Suprema de Dios sin ideas preconcebidas sobre lo que Dios debe decir. Pero cuando los líderes religiosos tienen sus propias opiniones o ideas, ellos normalmente están más interesados en establecer lo que es “correcto” (en sus propios ojos, claro) que en admitir que ellos realmente no saben la respuesta y que deben buscar la respuesta de Dios. Por esta razón los hombres establecen sus propias tradiciones-sus propios puntos de vista acerca de la ley–en vez de orar a Dios con un corazón libre de los ídolos. 

Es absolutamente cierto que Dios no puede mentir. Pero Dios dice que si los hombres quieren creer una mentira, Dios les dará lo que ellos desean. Él les contestará según el ídolo en su corazón. Si ellos quieren alabar al ídolo en su corazón–manteniendo sus propias opiniones y queriendo que Dios pase por alto estas opiniones como si fueran verdad-entonces Él les dará la respuesta que su propio ídolo les daría a ellos. Porque la Iglesia está tan llena de las tradiciones de hombres, la revelación de Ezequiel puede ser difícil entender. Pero esta decisión vino de la corte divina. 

Israel Deseó Carne y la Consiguió 

Como lo mencionamos anteriormente, no había ninguna ley específica en el día de Moisés que especificó lo que Dios haría si un hombre inquiriera de Dios con un ídolo en su corazón. No obstante, nosotros ya vemos en el día de Moisés un precedente asentado en Números 11 cuando el pueblo deseó carne para comer, en lugar del maná que Dios les había proveído. Números 11:18-34, 

18 Y al pueblo dirás: "Santificaos para mañana, y comeréis carne. Pues habéis llorado a oídos de Jehovah diciendo: '¡Quién nos diera de comer carne! Porque nos iba mejor en Egipto.' Jehovah, pues, os dará carne, y comeréis. 19 No comeréis un día, ni dos días, ni cinco días, ni diez días, ni veinte días, 20 sino hasta un mes; hasta que os salga por las narices, y tengáis náuseas. Por cuanto habéis menospreciado a Jehovah, que está en medio de vosotros, y habéis llorado delante de Él diciendo: '¿Por qué salimos de Egipto?'"

33 Aún estaba la carne entre sus dientes, antes que la comenzasen a masticar, cuando se encendió el furor de Jehovah contra el pueblo, y Jehovah golpeó al pueblo con una gran plaga.  34.  Y llamó el nombre de aquel lugar Quibrot-hataavah (“las tumbas de lujuria”), porque allí sepultaron al pueblo glotón.

La palabra lujuria simplemente es DESEO. El pueblo deseó la carne para comer. Su deseo de comer la carne era basado en su deseo espiritual de ir en su propio camino, formar sus propias opiniones, hacer sus propias leyes, y definir para ellos mismos pecado y justicia. Esto es lo que el Nuevo Testamento llama “las lujurias de la carne.” Ellos no quisieron el verdadero maná, la verdadera palabra de Dios. Ellos no estaban interesados en Su ley; ellos vinieron a Moisés con este ídolo carnal en sus corazones, buscando carne de Dios. 

Esto precisamente es lo que los ancianos hicieron en el día de Ezequiel cuando ellos vinieron a él con un ídolo en el corazón. Ellos le pidieron a Ezequiel que aprobara sus tradiciones. Ellos estaban pidiendo la aprobación de Dios de las tradiciones que ellos ya se habían puesto de acuerdo que eran la verdad. Ellos querían la carne para comer, así que Dios les dio carne para comer y entonces los juzgó por haberlo creído. 

Pablo nos dice en Romanos 7:7, 

7 Al contrario, yo no habría conocido el pecado sino por medio de la ley; porque no estaría consciente de la CODICIA, si la ley no dijera: No CODICIARÁS.

Pablo iguala la lujuria con la codicia. Esto nos dice que el décimo mandamiento nos prohibe de seguir las obras de la carne – deseos humanos que no son sometidos a Dios. Así cuando Pablo concluye en Romanos 7:25 diciendo, “con la mente sirvo a la ley de Dios; pero con la carne, a la ley del pecado,” Él estaba refiriéndose específicamente al décimo mandamiento. Nuestros deseos carnales codician, o desean, las cosas de la carne – incluyendo las tradiciones de hombres. Por otro lado, la mente del Espíritu, sirve a la ley de Dios y está de acuerdo con Sus mandamientos y las decisiones de la Corte Suprema Celestial.

El problema más fuerte que el cristiano se enfrenta en aprender a oír la voz de Dios es su propia lujuria carnal. Debemos aprender a buscarlo sin las tradiciones preconcebidas, no sea que Dios nos dé nuestros deseos y nos entregue a nuestras propias lujurias, y ellas nos entierren en las tumbas de lujuria. Esto es una advertencia clara para nosotros. 

Para que algunos no piensen que nosotros debemos dejar de intentar oír Su voz en total, permítame decir que si nosotros le pedimos a Dios que derroque los ídolos en nuestros corazones, Él lo hará. Si nosotros apenas estamos dispuestos a entregar todos los ídolos ocultos a Dios para destrucción, Él nos tratará como Sus verdaderos hijos e hijas. Es decir, Él nos llevará por la disciplina (Hebreos 12:5-7). Puede ser un poco traumático cada vez que Él derroca un ídolo en nuestro corazón, y al principio nosotros podemos sentirnos un poco como un niño abusado; pero al final, la disciplina vale la pena mientras maduramos y entramos totalmente en el acuerdo con Su voluntad y Su plan para nuestras vidas. 

El Espíritu de Mentira que Viene de Dios

Otro grave precedente que nos enseña cómo Dios trata a aquéllos que tienen los ídolos en sus corazones se encuentra en 1 Reyes 22. En esta historia, Josafat, el rey de Judá, estaba aliado con Acab, el rey de Israel. Ellos decidieron que era tiempo oportuno para atacar a Siria y retomar algunas de las ciudades Israelitas que Siria había conquistado anteriormente. Esto parecía bien y justo en sus ojos, ya que Dios obviamente querría que todos los Israelitas fueran libres. Sin embargo, ellos no entendieron, que no era correcto sacar esos Israelitas de esclavitud de Siria únicamente para meterlos dentro de otra esclavitud bajo el rey idólatra de Israel. La esclavitud a Siria era un juicio que Dios ordenó contra Israel para su pecado y rebelión. 1 Reyes 22:5, 6 dicen,

5 Además, Josafat dijo al rey de Israel: --Por favor, consulta hoy la palabra de Jehovah.

6 Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, unos 400 hombres, y les preguntó: --¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o desistiré? Ellos respondieron: --Sube, porque el Señor la entregará en mano del rey.

Los profetas falsos eran aquéllos que probablemente tenían un genuino llamamiento profético, pero ellos tenían ídolos en sus corazones. Ellos estaban en sumisión a los hombres, no a Dios. Ellos sabían bien no profetizar algo contrario a la voluntad del rey. Ellos eran por consiguiente los profetas del rey, no los profetas de Dios. O quizás ellos estaban en sumisión a los líderes religiosos de ese tiempo en cuyo caso ellos eran "profetas de la iglesia", no profetas de Dios. Cualquiera que sea el caso, las Escrituras les llaman profetas falsos – no necesariamente porque ellos profetizaron falsamente, pero porque ellos eran falsos ante Dios y no en sumisión a Él sobre todo lo demás. Recuerde que aun Balaam, el clásico profeta falso de Números 22-24 no profetizó cosas falsas. Él sólo era falso porque él tenía los ídolos en su corazón-dinero y poder-tomando prioridad sobre el testamento de Dios.  

Josafat era un rey justo, quien tenía un corazón para Dios, pero en hacer alianza con el rey Acab de Israel, él encontró difícil y contradictorio complacer a ambos: a  Acab y a Dios. Cuando los profetas falsos profetizaron cosas buenas sobre la próxima batalla, Josafat estaba intranquilo por ello, discerniendo que algo no estaba correcto. Así que él pidió oír a un profeta del Señor. Por esta razón llamaron a Micaías: 

7 Entonces preguntó Josafat: --¿No hay aquí todavía algún profeta de Jehovah, para que consultemos por medio de Él?  8 El rey de Israel respondió a Josafat: --Todavía hay un hombre por medio del cual podríamos consultar a Jehovah; pero yo le aborrezco, porque no me profetiza el bien, sino el mal. Es Micaías hijo de Imla. Josafat respondió: --No hable así el rey.  9 Entonces el rey de Israel llamó a un funcionario y le dijo: --Trae pronto a Micaías hijo de Imla. 10 El rey de Israel y Josafat, rey de Judá, vestidos con sus vestiduras reales, estaban sentados, cada uno en su trono, en la era a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos. 11 Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro y decía: --Así ha dicho Jehovah: "¡Con éstos embestirás a los sirios, hasta acabar con ellos!" 12 Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: --Sube a Ramot de Galaad y triunfa, porque Jehovah la entregará en mano del rey. 13 El mensajero que había ido a llamar a Micaías le habló diciendo: --He aquí, las palabras de los profetas unánimemente anuncian el bien al rey. Sea, pues, tu palabra como la de uno de ellos, y anuncia el bien. 14 Pero Micaías respondió: --¡Vive Jehovah, que lo que Jehovah me diga, eso hablaré! 15 Llegó al rey, y el rey le preguntó: --Micaías, ¿iremos a la guerra contra Ramot de Galaad, o desistiremos? El respondió: --Sube y triunfa, porque Jehovah la entregará en mano del rey.

Hay que tomar nota aquí que Micaías prometió al mensajero que él hablaría lo que el Señor [Yahweh] le dijera. Él procedió a decir al rey exactamente lo que antes los profetas falsos habían profetizado. Bien, Josafat discernió inmediatamente que algo olía mal. De hecho, incluso el rey Acab supo que algo estaba mal, porque Micaías nunca había profetizado en  acuerdo con todos los otros profetas.

16  El rey le dijo: --¿Cuántas veces tengo que hacerte jurar que no me digas sino la verdad en el nombre de Jehovah?

Cuando uno es CONJURADO hablar la verdad, significa que uno es requerido ante Dios de hablar la verdad entera y nada más que la verdad. La palabra hebrea es shaba que significa un juramento. (Por ejemplo, Beerseba significa “el poso del juramento.” Por lo tanto, el Rey Acab decía a Micaías que él estaba bajo juramento ante Dios para hablar la entera verdad en la corte divina. Y si me permite agregar un ejemplo extenso de juramento para su estudio, esto también es lo que el sumo sacerdote dijo a Jesús en Mateo 26:63, forzando a Jesús hablar la verdad de quién Él era. La palabra griega para “jurar” en este verso es exorkizo que significa “exigir un juramento.” Y así, jurando a Micaías, Rey Acab apeló a la Corte Suprema de Dios

17 Entonces respondió (Micaías): --He visto a todo Israel dispersado por los montes como ovejas que no tienen pastor. Y Jehovah dijo: "Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz."

¡Espere un minuto! ¿No tenía la gente dos reyes: uno en Jerusalén, y el otro en Samaria? ¿Qué significa: “ellos no tienen ningún señor”? La gente no tenía ningún BUEN pastor o señor, uno que dirigiera por la ley divina como la expresión del propio Dios. Todos lo que ellos tenían eran  reyes como las naciones que eran opresores, gobernando por las tradiciones de hombres. El mismo Acab gobernó por las leyes de su padre, el Rey Omri (Miqueas 6:16).

18 Entonces el rey de Israel dijo a Josafat: --¿No te dije que no profetizaría acerca de mí el bien, sino el mal? 19 Luego dijo Micaías: --Escucha, pues, la palabra de Jehovah: Yo he visto a Jehovah sentado en su trono; y todo el ejército de los cielos estaba de pie junto a Él, a su derecha y a su izquierda. 20 Entonces Jehovah preguntó: "¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad?" Y uno respondía de una manera, y otro respondía de otra manera. 21 Entonces salió un espíritu, se puso delante de Jehovah y dijo: "Yo le induciré." Jehovah le preguntó: "¿De qué manera?" 22 Y Él le respondió: "Saldré y seré espíritu de mentira en la boca de todos sus profetas." Y Jehovah dijo: "Tú lo inducirás, y también prevalecerás. Sal y hazlo así." 23 Ahora pues, he aquí que Jehovah ha puesto un espíritu de mentira en la boca de todos estos tus profetas, porque Jehovah ha decretado el mal con respecto a ti.

La visión de Micaías nos da la realidad severa de la situación. Los profetas de Acab tenían una idea preconcebida cuando ellos vinieron a Dios para recibir una palabra de Él. Ellos desearon el prestigio, poder, y el apoyo monetario del rey Acab y supieron que para quedarse con ello, ellos tenían que profetizar cosas buenas sobre esta batalla. No tengo ninguna duda que estos profetas realmente creyeron que ellos habían recibido una palabra del Señor. Pero yo también veo de la visión de Micaías que Dios les había contestado según el ídolo de sus corazones. 

Ellos pusieron Micaías en prisión hasta tal tiempo que ellos pudieran declarar que estaba equivocado. Una vez ellos ganaran la batalla contra Siria, entonces podrían apedrear a Micaías como un profeta falso. Yo lo encuentro difícil de creer que Josafat estuvo de acuerdo con Acab en la batalla, pero lo estaba (1 Reyes 22:29). Josafat, después de todo, era el que quería oír de un profeta del Señor. Es trágico que fuera influenciado por Acab al punto dónde le convenció que Micaías estaba equivocado. ¡Al fin y al cabo, ciertamente, 400 profetas no pueden estar equivocados! 

A menudo me pregunto si esta proporción de 400-a-uno podría ser una proporción profética que todavía es aplicable hoy día. ¿Cuántos profetas de hoy en día nunca han tratado realmente con los ídolos de sus corazones? ¿Cuántos son profetas de la iglesia, y cuántos son profetas del Señor? ¿Si nosotros fuéramos a hacer una votación, y les preguntáramos, si ellos son profetas de la iglesia o del Señor, cuántos sabrían la diferencia? ¿Sabrían la diferencia entre someterse a sus iglesias o someterse a Dios? 

El Rey Acab fue muerto en la batalla contra Siria, a pesar de su esfuerzo por disfrazarse. De hecho, según Josephus (historiador antiguo), Acab le convenció a Josafat que se pusiera la ropa de Acab, porque el rey sirio había dado órdenes de no matar a ningún otro, sino solo a Acab. Parece que Acab traicionó a Josafat de esta manera, porque la artimaña casi funcionó. Pero cuando los sirios estaban de cerca a Josafat, ellos descubrieron que no era Acab y dejaron de perseguirlo (1 Reyes 22:33). Era “por casualidad” que “un hombre tiró con su arco a la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura y la coraza.” (1 Reyes 22:34). Acab murió a la puesta del sol. 

Josephus también nos dice quién mató al rey Acab. En el libro, Antigüedades de los Judíos, VIII, xv, 5 dice,  

“y cuando ellos buscaron matar solo a Acab, pero no podrían encontrarlo, había un noble joven que pertenece al rey Ben-hadad cuyo nombre era Naamán quien tiró con su arco contra el enemigo, y hirió al rey a través de su coraza, en sus pulmones”. 

El rey Acab fue matado, y Siria ganó la batalla, así permitiéndoles mantener a los Israelitas cautivos. Entre estos cautivos había una muchacha joven de Israel que era una esclava de la esposa de Naamán. Unos años después, Naamán se enfermó con la lepra, y la pequeña muchacha cautiva  estaba muy afligida por él. En 2 Reyes 5:3 ella dijo,

3… --¡Ojalá mi señor se presentase al profeta que está en Samaria! Pues Él lo sanaría de su lepra.

Así que Naamán, el capitán sirio quien había dado muerte a Acab, vino a Israel al profeta Eliseo para ser sanado de lepra. Naamán era obviamente un hombre bondadoso ya que su cautiva pequeña se interesó por su salud. Entonces, Dios en Su misericordia, le enseñó también una lección en humildad, primero, en que él tenía que oír la orden de una pequeña muchacha, y segundo, que él tenía que cumplir con la ley de la limpieza de leprosos encontrada en Levítico 14:1-7 en el río Jordán. 

Naamán no lo comprendió, pero él había empezado a aprender a oír la voz de Dios. Él oyó la voz de Dios a través de una pequeña muchacha Israelita quien tenía fe en Dios y estaba interesada en la salud de su amo. Como el profeta Elías, Naamán había empezado a aprender que la voz de Dios no sería encontrada en el torbellino o en el gran fuego, pero en una voz baja, quieta, sosegada (silenciosa, inaudible), que la mayoría de las personas desecharía como nada. Era una voz quieta, suave, el sonido de una brisa, como la Septuaginta, la traducción griega, dice. Esa voz es como el sonido de una brisa, porque usted no la ve, pero usted la conoce por sus efectos. 

Muchos hoy día están esperando oír la voz de Dios en relámpagos grandes y ruidosos y en las grandes conflagraciones (guerras, conflictos) de juicio. Ellos piensan que porque Dios es todo poderoso, ciertamente Él hablaría con una voz poderosa de trueno. A veces Él lo hace, pero éstas son únicas manifestaciones que suceden en únicas circunstancias. Por la mayor parte, Dios habla a las personas regulares con una voz interna que no hace en absoluto ningún sonido exterior. A menudo es solo conocer, no más. Otras veces la oímos de fuentes más inusuales, quizás de los que no son cristianos-aun de aquéllos que nos odian. 

Dios no está tratando de conseguir la atención de las personas bajando en forma de fuego de una montaña. Él no hace las cosas obvias excepto en casos muy raros. ¿Por qué? Porque tales manifestaciones sobresalientes y de gran importancia no necesariamente producen fe en las personas. El fuego en el Monte Sinaí en los días de Moisés no produjo ninguna fe en los Israelitas. Sólo los hizo temerosos. La fe primeramente es producida en las personas cuando estas aprenden a oír la voz de quietud, la voz silenciosa que viene de dentro de nuestro espíritu dónde Dios mora. 

Ésta es la lección de Naamán, y es el comienzo de nuestra propia limpieza de la lepra que todos nosotros heredamos de Adán-mortalidad. Sólo siguiendo la dirección del Espíritu de Dios dentro de nuestro propio espíritu nos llevará a la Tierra Prometida. 

El Rey Saúl y el Hambre de la Palabra 

En nuestro libro de 56 páginas, El Trigo y Los Asnos de Pentecostés, explicamos cómo el Rey Saúl era pentecostal. 1 Samuel 12:17 dice que él fue coronado como rey en el día de la cosecha del trigo, o Pentecostés, y él reinó 40 años. Saúl era por consiguiente un tipo y sombra del Testamento Antiguo de la Iglesia bajo la unción de Pentecostés durante los 40 júbilos de los años 33 a 1993 D.C. Nosotros estamos ahora en una era después de Pentecostés y estamos en la transición a la era de la Fiesta de Tabernáculos. 

La historia de la Iglesia durante estos 40 júbilos pasados se prefiguró por la historia del Rey Saúl. De hecho, nosotros no podemos entender verdaderamente la historia de la Iglesia a menos que la veamos en la luz de la vida de Saúl y su relación con David (el Mas que vencedor). Saúl era el mejor en la tierra y el más calificado para ser rey (1 Samuel 9:2). Pero él era sólo la manifestación del corazón del pueblo. El pueblo había exigido un rey como todas las otras naciones (1 Samuel 8:5); y Dios les dio lo que ellos quisieron, así como Él había dado la carne a Israel en el desierto cuando ellos la exigieron. El pueblo no entendió que a menudo Dios nos juzga dándonos lo que nosotros deseamos o queremos. Esto incluye darnos una palabra carnal de profecía que nosotros también podemos exigir. 

Como lo mencionamos brevemente en Capítulo Uno, la Iglesia gradualmente iba quitando el derecho de los hombres ordinarios para oír Dios por sí mismos, haciendo una ley que los hombres tenían que obtener la palabra de Dios a través de sacerdotes y del papa. Ésta es una de las primeras lecciones que nosotros aprendemos en la narrativa bíblica sobre el reino de Rey Saúl. En 1 Samuel 14 Israel luchó una batalla contra los filisteos. En la historia Jonatán representa el aspirante más que vencedor en la Era de Pentecostés. Jonatán y su paje de armas derrotaron a los Filisteos en la batalla, y los Israelitas tenían que venir corriendo en espera de hacer algo. Entonces el versículo 24 dice sobre la batalla,

24 Pero aquel día los hombres de Israel fueron puestos en apuros, porque Saúl había sometido al pueblo bajo juramento, diciendo: "¡Maldito sea cualquiera que coma algo antes del anochecer, hasta que yo haya tomado venganza de mis enemigos!" Así que ninguno del pueblo había probado alimento. 27 Todo el pueblo llegó a un bosque, y en la superficie del campo había miel.  Cuando el pueblo entró en el bosque, he aquí que la miel corría, pero nadie acercó la mano a su boca, porque el pueblo temía el juramento. Pero Jonatán no había oído cuando su padre había sometido al pueblo bajo juramento. Y extendiendo la punta de una vara que llevaba en su mano, la mojó en un panal de miel y acercó su mano a su boca; y le brillaron los ojos. 28 …por eso desfallece el pueblo.

29 Entonces Jonatán respondió: --Mi padre ha ocasionado destrucción al país. Ved cómo han brillado mis ojos por haber probado un poco de esta miel. 30 ¡Cuánto mejor si el pueblo hubiera comido hoy libremente del botín que tomó de sus enemigos! ¿No se hubiera ocasionado una gran derrota a los filisteos?

Jonathan saboreó de la tierra que fluye con leche y miel, y sus ojos fueron alumbrados. Él fue grandemente fortalecido por esto y pudo ser capaz de superar más carne (“los filisteos”) que cualquier otro. El resto de la gente se des mayaba por el hambre. También, de la misma manera, la Iglesia bajo la unción de Pentecostés puso una maldición sobre todos aquéllos que obtendrían su comida espiritual directamente de Dios sin comprobarla primero con el sacerdote o pastor. Toda revelación divina tenía que recibir el sello de aprobación del liderazgo de la Iglesia quienes administraban las tradiciones de hombres, en lugar de la ley de Dios, antes de que pudiera ser considerada como la Verdadera. 

Esto creó un hambre de oír la palabra de Dios, y así vino a suceder la profecía de Amos que profetizó en Amos 8:11

11 "He aquí que vienen días, dice el Señor Jehovah, en los cuales enviaré hambre a la tierra; no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír las palabras de Jehovah. 12 Irán errantes de mar a mar. Desde el norte hasta el oriente andarán errantes buscando palabra de Jehovah y no la encontrarán. 13 En aquel día desmayarán de sed las bellas muchachas y los jóvenes.

Hambre para la palabra llegó a ser por la maldición de Saúl-la prohibición en comer la comida hasta el día (la Era de Pentecostés) se había acabado. Esto causó una tremenda hambre que provocó al pueblo a comer la comida inmunda cuando se les permitiera comer. 1 Samuel 14:32 dice, 

32…y se lanzaron sobre el botín y tomaron ovejas, vacas y terneros, a los cuales degollaron sobre el suelo. Y el pueblo los comió con la sangre. 33 Informaron a Saúl diciendo: --¡He aquí, el pueblo está pecando contra Jehovah, comiendo carne con la sangre! Y Él dijo: --¡Habéis cometido una traición! Haced rodar una piedra grande hasta aquí.

Debido al hambre de oír las palabras de Dios, muchos cristianos hoy viajan distancias largas para asistir a las reuniones y oír las palabras de profetas reputados. Esto meramente da evidencia de la tremenda hambre que existe entre igualmente cristianos y no cristianos. El problema se encuentra en su ignorancia de la Palabra, ellos no saben discernir entre la comida limpia o inmunda. Muy a menudo ellos aceptarán cualquier palabra dada del púlpito sin saber discernirla apropiadamente. Las leyes sobre alimento en Levítico 11 son las llaves de como discernir la comida distribuida del púlpito es limpia o inmunda. (Para un estudio completo de este asunto, escuche a nuestra cinta grabada de 90 minutos titulada Cómo Discernir la Comida Espiritual Limpia.)

Saúl no tomó ninguna responsabilidad por sus acciones aquí. Simplemente él echó la culpa a la gente por pecar contra Dios, sin importarse en nada que él mismo les había causado pecar por sus tradiciones. Entonces Saúl optó por seguir batallando a los filisteos el próximo día-pero esta vez él le permitió a la gente comer durante la batalla. Así que él edificó un altar a Dios y recibió una revelación de batallar el próximo día. Saúl estaba aprendiendo a pedirle las cosas a Dios, pero él fue negligente en no tratar primero con el ídolo en su corazón. Por consiguiente supongo que fue bastante fácil para él obtener tal revelación de Dios.

Pero entonces un sacerdote caminó adelante y dijo, “--Acerquémonos a Dios aquí”. (1 Samuel 14:36). Saúl estaba de acuerdo. “Y Saúl consultó a Dios “(14:37). Pero esta vez él no recibió ninguna respuesta de Dios. Saúl se frustró cuando Dios se negó a hablar con él, pero él todavía no tenía ninguna pista que la falta quedaba en su propio corazón.

38 Entonces dijo Saúl: --Acercaos acá todos los jefes del pueblo. Averiguad y ved por quién ha surgido hoy este pecado. 39 ¡Vive Jehovah que libra a Israel, que aunque sea por mi hijo Jonatán, Él morirá irremisiblemente! En todo el pueblo no hubo quien le respondiese.

Ahora ellos echaron suertes por el Urim y Tumim en el pectoral de juicio del sacerdote, como era su costumbre, para ver quién era responsable. El sorteo cayó sobre Jonathan.

43 Entonces Saúl dijo a Jonatán: --Declárame: ¿Qué has hecho? Jonatán se lo declaró diciendo: --Es verdad que probé un poco de miel con la punta de la vara que llevaba en mi mano. Heme aquí; moriré. 44 Saúl respondió: --¡Así me haga Dios y aun me añada, que morirás irremisiblemente, Jonatán!

Sin embargo, afortunadamente para él, la gente no le permitió a Saúl ejecutar a su hijo. Aún así, nosotros vemos manifestado en esta historia el corazón de la Iglesia en la era pentecostal, porque la Iglesia también se ha negado a oír la voz de Dios y, en su lugar, ha buscado poder y riqueza como ídolo de su corazón. La Iglesia ha seguido en general su propias tradiciónes-las posiciones doctrinales establecidas por sus más grandes doctores de teología–en vez de seguir la ley y las decisiones de la Corte Suprema del Dios Todopoderoso. 

Peor todavía, el liderazgo de la Iglesia, no pocas veces, ha quitado la palabra de Dios de la gente, al imponer una maldición en todos que oirían la voz de Dios para sí mismos. En siglos del pasado ellos torturarían y matarían realmente a gente por “herejía”. Todo esto fue hecho en el nombre del dios de “Unidad” en la Iglesia. Incluso ellos justificaron el quemar a mujeres y niños basado en que estas personas iban a quemar por siempre en el infierno como quiera-y solo les estaban aplicando los juicios de Dios anticipadamente. En todo esto ellos han cumplido las profecías en la historia del rey Saúl. 

El Espíritu Malo de Dios, Atormenta a Saúl 

En el decimoctavo año del reinado de Saúl, cuando David era solo un muchacho de aproximadamente ocho años, Dios le dijo a Samuel que tenía que ir a Belén a la casa de Isaí y ungir a uno de sus hijos para ser el próximo rey. Allí el profeta encontró a David y lo ungió. Nosotros leímos en 1 Samuel 16:13-16,

13 Samuel tomó el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. Y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehovah descendió con poder sobre David. Luego Samuel se levantó y regresó a Ramá. 14 El Espíritu de Jehovah se apartó de Saúl, y un espíritu malo de parte de Jehovah le atormentaba. 15 Entonces los servidores de Saúl le dijeron: --He aquí, un espíritu malo de parte de Dios te atormenta. 16 Diga nuestro señor a tus servidores que están delante de ti, que te busquen a alguien que sepa tocar el arpa; para que cuando el espíritu malo de parte de Dios venga sobre ti, Él toque con su mano, y tú te sientas bien.

Aquí nosotros encontramos la primera mención del espíritu malo de Dios que viene sobre a Saúl. Ésta no era meramente la opinión de los sirvientes de Saúl. Verso 14 le aclara que esto realmente era verdad. Más de eso, uno pensaría que si Saúl hubiera reconocido que éste era un espíritu malo de Dios, ciertamente él habría orado por su liberación. Ciertamente él se arrepentiría. Ciertamente él querría saber por qué esto le había venido. Pero la prioridad de Saúl no era  conocer la voluntad de Dios; su prioridad era gobernar a Israel, acorralar a los tantos sirvientes como él pudiera, y quitar de sus riquezas como impuestos (los diezmos), así como Dios había dicho al principio (1 Samuel 8:11-18). 

Éste es el espíritu denominaciónal (sectario) hasta hoy día. Es un sustituto pobre por el Espíritu Santo. A pesar de todo esto, Dios meramente estaba dándole a Saúl la carne que él deseaba. El problema era que Saúl no podía distinguir el Espíritu Santo del “espíritu malo de Dios”. Ambos eran de Dios, pero los dos eran basados en fundaciones diferentes. El trabajo del Espíritu Santo es llevarnos a toda Verdad; el trabajo del espíritu malo de Dios es darnos la carne que nosotros deseamos. O, para ponerlo en los términos de Ezequiel, el espíritu malo dará a las personas y a los profetas la palabra que satisfaga el ídolo en sus corazones. Como Micaías diría, era un “espíritu mentiroso” enviado por Dios como un juicio contra el pueblo que les causaría caerse. 

No es ninguna coincidencia que en la historia del rey Saúl, el espíritu malo de Dios se menciona no más que siete veces (1 Samuel 16:14, 15, 16, 23 [dos veces]; 18:10; 19:9). Yo creo que esto tiene referencia a las siete Iglesias de Apocalipsis que es profético de las siete épocas de la Iglesia dentro de la era de Pentecostés.  En cada una de las siete iglesias y de las siete épocas de las Siete Iglesias, la Iglesia ha tenido que contender con este espíritu malo de Dios. Este espíritu malo creó una demanda para la música para que guardara a Saúl de no enloquecerse totalmente. ¿Es sólo una coincidencia que la Iglesia hoy día ha perfeccionado la música, y que Dios ha enviado entre Ella muchos grandes artistas? David amaba la música; pero Saúl la necesitaba. ¿Es esto lo que está pasando de nuevo?

El espíritu malo de Dios causó que Saúl tomara una lanza y la tirara a David. El Espíritu Santo así no actúa, sino el espíritu malo de Dios así hace. Uno casi puede oír a Saúl justificando sus acciones basándose en que David estaba intentando derrocarlo en desafío directo de Samuel quien había ungido a Saúl para ser el rey. Lo más David intentaba de ser un buen siervo, lo más Saúl se enfurecía y se llenaba de celos contra él. Así que es hoy día. Nada ha cambiado. 

En 1 Samuel 18:10 nosotros encontramos la declaración más asombrosa y profundamente profética en esta historia-y quizás en la Biblia entera.

10 Aconteció al día siguiente que un espíritu malo de parte de Dios se apoderó de Saúl, y éste desvariaba dentro de su casa…

Aquí encontramos a Saúl profetizando bajo el poder de este espíritu malo de Dios. Bajo esta influencia, él tiró una lanza a David. Es dudoso que Saúl pudiera discernir la diferencia entre el Espíritu Santo y el espíritu malo de parte de Dios. En la Iglesia del siglo veinte y quizás durante los últimos 2000 años, se han manifestado muchos dones espirituales. Pero quizás el más crucial ha faltado-el discernir de espíritus (1 Corintios 12:10). 

La Iglesia de hoy día no tiene una escasez crítica de milagros, o de lenguas, o de la palabra de conocimiento o sabiduría. Todos éstos pueden encontrarse si uno investiga. Pero la Iglesia raramente ha podido discernir si el espíritu que viene sobre ellos realmente es el Espíritu Santo, o un espíritu que la carne ha deseado. Por esta razón, el Espíritu Santo no nos ha guiado todavía a toda verdad, como Jesús profetizó en Juan 16:13. El espíritu denominaciónal o de sectarismo  cree y proclama tener toda la verdad, pero en la realidad, es un espíritu malo que se hace pasar como el Espíritu Santo, y la gente no sabe la diferencia. 

La diferencia sólo se verá cuando nosotros nos rendimos a Dios y buscamos entrar en el acuerdo completo con Él, en lugar de buscar nuestros propios deseos carnales. El décimo y último mandamiento es la clave para que el Espíritu Santo nos guíe a toda verdad. Dios lo guardó por último en Su lista de mandamientos. No codiciarás es una llamada para soltar los deseos y lujurias de la carne que nos impide oír la voz de Dios como debiéramos. 

Capítulo Tres: 

Empezando a Oír la Voz de Dios 

Oyendo la voz de Dios es muy subjetivo y es por consiguiente difícil de enseñar o aun explicar. Sería muy más fácil si Dios nos hablara en una voz audible, aunque el problema sería entonces entender cómo aplicar lo que Él dijo. En mi propia experiencia y hablando con otros, yo he concluido que no hay ventaja particular en oír a Dios en una voz audible (excepto para el oído dañado). La calidad de revelación no es aumentada ni disminuida por la intensidad de Su voz. 

Hubo una vez que Elías necesitaba oír de Dios mientras estuvo sentado en una cueva en el Monte Horeb. Primero un gran viento sopló, "pero Jehovah no estaba en el viento” (1 Reyes 19:11). Segundo, hubo un terremoto, pero "Jehovah no estaba en el terremoto.”  Lo mismo fue con el fuego. Finalmente, “después del fuego hubo un sonido apacible y delicado,” que vino a Elías y esto resultó ser la voz de Dios. La experiencia de Elías en oír “un sonido apacible y delicado” era para enseñar a Él y a nosotros que el deseo de Dios es hablarnos desde nuestro interior, no del exterior en una voz retumbante. Es el deseo de Dios que desarrollemos oídos espirituales para que nosotros podamos oírlo hablar a través de cualquier situación o medio o persona, no importando cuan humilde sea la fuente. 

De hecho, parte del entrenamiento de Dios es hablarnos en variedad de maneras. Él hace esto para prevenirnos de caer en una rutina, dónde nosotros sólo podemos oírlo a través de ciertas personas. Quizás el problema más obvio en la Iglesia hoy día sea que muchos cristianos no pueden oír a nadie menos el sacerdote, pastor, o al profeta reconocido en su medio. Ellos no pueden oír la voz de Dios a través del niño pequeño, del visitante o invitado, del "hereje" conocido, o del enemigo. Esto es en parte debido al aparato de control en la estructura de la Iglesia, justificado por la necesidad del pastor de defender sus ovejas de los predadores. Pero a menudo el motivo subyacente es hacer a las personas dependientes de su propia iglesia o pastor para mantenerlos en el corral de la iglesia o denominación. 

Desgraciadamente, tal "protección" tiende a impedir a las personas crecer espiritualmente. Verdaderamente uno no puede aprender a oír la verdadera voz de Dios sin también aprender a tratar con revelación que viene de los ídolos del propio corazón del hombre. Los líderes deben permitir hablar libremente incluso la revelación falsa para enseñarles a las personas cómo discernir por ellas mismas el porqué es falso. Esto, también, es parte del entrenamiento de Dios. Por esta razón Dios nos ha dado leyes y principios por los cuales podamos conocer y discernir el verdadero de lo falso. Pero si sólo un punto de vista se les permite en la vida, las personas nunca podrán practicar el arte de discernimiento espiritual. 

Es irónico e incluso un poco trágico que líderes de la Iglesia se angustien entre querer que sus miembros crezcan espiritualmente y deseando que sigan siendo bebés espirituales para que no  maduren y dejen la casa. Es el deber dado por Dios a los líderes de actuar como padres espirituales. Es decir, en cierto sentido, que si ellos trabajan debidamente su trabajo se termina. Ellos deben llevar a las personas a la madurez espiritual, para que ellos pudieran llegar a ser padres espirituales de otros bebés en Cristo. 

Pero así como nuestros hijos físicos raramente comparten todos los mismos puntos de vista y valores de sus padres, así es con los hijos espirituales. El resultado es que el crecimiento espiritual  es sacrificado a menudo sobre el altar de la unidad. Los líderes de la iglesia temen la diversidad, porque ellos igualan esto con la desunión-y, de hecho, esto pasa demasiado a menudo. Pero la solución no es luchar contra la diversidad de opiniones o revelaciones. La solución es instilar en las personas un corazón de amor, donde la diversidad no producirá la desunión y luego rupturas. En un mundo imperfecto esto es difícil de mantener, pero es la responsabilidad de los padres espirituales establecer el ejemplo de amor cristiano. La mayoría de las personas respondería a tales ejemplos, y aquéllos que no respondieran así deberían sentirse libres de salir. 

A Mi Temprana Edad, Cómo Fue que Comencé a Oír Acerca de Dios

Retrospectivamente, yo reconozco ahora que yo había oído a menudo la voz de Dios en mi temprana vida. Hasta cierto punto aun sabía que Dios me había hablado, o por lo menos que Él se había revelado a mí en ocasiones. Yo pienso que la mayoría de cristianos sinceros también podrían apuntar a ejemplos en sus vidas donde Dios actuó recíprocamente con ellos en algún nivel. De hecho, esto es que cómo sabemos que hay un Dios. No es por medida científica, sino por manera subjetiva en que Dios actúa recíprocamente con nosotros en un nivel personal. Estas experiencias llegan a ser una parte de nuestro ser, nuestras genéticas espirituales, y no podemos más negar la existencia de Dios tanto como no podríamos negar que nosotros respiramos aire que no podemos ver. 

Yo fui criado en una iglesia evangélica como el hijo de un misionero. Yo no recuerdo nunca un tiempo cuando yo no tenía fe en Dios. A la edad de siete se me persuadió en "dar mi corazón a Dios", y entonces se me dijo que era “salvado,” pero yo sé ahora que yo tenía fe en Dios mucho antes de que fuera formalizada y establecida en cualquier altar de la iglesia. 

De mayor significación era el día en que fui bautizado a la edad de doce años en un río en las Islas Filipinas. Yo había evitado el bautizarme, porque no era todavía perfecto, y en mi mente inmadura había interpretado la enseñanza de la iglesia a querer decir que yo no sería salvado de verdad hasta que yo no fuera perfecto. Yo le había pedido a Dios salvación cientos de veces, claro, pero, como siempre, al próximo día ya había pecado en alguna manera,-quizás en disputar  con un compañerito misionero compañero o por enfadarme. Esto me probaba que yo realmente no era sincero en pedir salvación a Dios. ¡Después de todo, si yo realmente hubiera sido sincero en las veces que yo había pedido la salvación a Dios, yo no habría pecado ciertamente tan pronto de nuevo! 

Por lo tonto, yo no pude con la conciencia clara bautizarme con los otros niños ese día en el mes  de mayo de 1962. Empero, simplemente dos horas antes de que nosotros estuviéramos listos para ir al río, Dios trajo a mi mente que los mismos misioneros no eran perfectos tampoco. Yo había oído a algunos misioneros hablar sobre otros que eran pendencieros y difíciles de agradar. Era bastante claro que ellos tenían los mismos problemas que yo tenía a la edad de doce años. Y todavía yo no tenía ninguna duda que ellos eran cristianos. Por consiguiente, yo concluí que uno no tenía que ser perfecto para ser salvado, porque si ése fuera el caso, entonces la propia Iglesia estaría en aprietos serios. 

Yo fui bautizado ese día en 1962. Más importante, Dios me había hablado en un sonido apacible y delicado, y mi vida entera cambió desde ese día en adelante. Yo supe desde ese día en adelante que yo era  cristiano-no porque yo había sido bautizado, sino por revelación divina. Con el oír de la voz de Dios, la fe nació en un nivel que yo no había experimentado antes. 

Un Nivel más Alto de Experimentar el Oír

Yo era asistente del pastor en Arizona durante seis años de 1975 a 1981 y luego empecé mi propia iglesia en Nuevo México. Pero Dios tenía otros planes para mí. Incluso sabía de mi juventud de mi llamamiento al ministerio, pero también sabía del principio que mi llamada no era de ser pastor. No obstante, se esperaba que yo entrenara como asistente del pastor para luego iniciar mi propia iglesia algún día. Parecía que "el ministerio" era sinónimo de ser pastor. 

Cuando finalmente empecé mi propia iglesia en 1981, mi experiencia pastoral duró sólo unos meses. Entonces, Dios me sacó básicamente a la fuerza del ministerio y me puso en un ciclo de tiempo disciplinario de 414 días que nosotros llamamos “Tiempo Maldito” (Vea nuestro libro, Secretos de Tiempo.) Durante este período de 414 días en 1982, Dios me llevó absolutamente al fin de mí mismo. Sólo entonces yo aprendí a oír la voz de Dios en un nivel que yo nunca creí posible. 

Renuncié como pastor de la iglesia el 5 de diciembre de 1981 y pasé el próximo año buscando a Dios, sin saber qué dirección Él tenía para mi vida. Yo supe una cosa casi inmediatamente: Supe que yo nunca sería de nuevo un pastor. Recordé que desde mi juventud, no era éste el tipo de ministerio que Dios tenía para mí. Y aunque yo tenía aproximadamente seis ofertas de varios grupos para pastorear, rehusé a todos. En el mes de febrero de 1982 conocí a una familia en Texas que sabía orar y oír la voz de Dios. ¡Por primera vez en mi vida me di cuenta que tal vez fuera posible orar y recibir respuestas inmediatas de Dios! Esto era revolucionario. 

En el día 20 de marzo de 1982, vine al lugar dónde sabía que yo mismo tenía que oír del mismo Dios. ¿Me desechó Dios? ¿Él mí? ¿Fui llamado, realmente, por Dios al ministerio? ¿En ese caso, qué tipo de ministerio? Me arrodillé en el suelo de la casa pequeña en los bosques retirados de Wisconsin y oraba con todo mi corazón para conocer Su voluntad para mi vida. En ese momento no recibí ninguna revelación, pero diez días después, fui a una conferencia de Pascua en Lexington, Kentucky dónde oí de Dios. 

En la primera mañana de esta conferencia, el 1 de abril de 1982, ellos tenían un tiempo informal de oración para personas en necesidad. Durante este tiempo un hombre que yo no conocía, se acercó por detrás de mí y oró por mí. Él puso su mano en mi hombro y empezó a profetizar. En esa profecía Dios me dio las respuestas a todas mis preguntas que yo le había hecho el 20 de marzo. En el pasado, varias veces había escuchado las proclamaciones proféticas en las reuniones, pero esta era la primera vez que Dios me había hablado en la vida directamente y personalmente de esta manera. 

Entonces, entendí porque Dios había dado profetas a la Iglesia (Efesios 4:11) y porque nosotros todavía necesitábamos los dones del Espíritu en la Iglesia hoy día. Quizás otros, después del primer siglo, no podrían haber necesitado una palabra de Dios, pero yo sabía que ciertamente yo la necesitaba. El maná de esa palabra me sostuvo durante el resto de ese año tan difícil. 

Siete semanas después, fui a Canadá a una conferencia durante el tiempo de Pentecostés (a finales de mayo). Para este tiempo, no tenía ningún automóvil y estaba escaso de dinero. Así que compré un boleto solo de ida porque me faltaban los diez dólares para comprar un boleto de ida y vuelta. Uno de los grandes maestros a esa conferencia era el hermano Gustav Hoyer, profesor de profesores, matemático, astrónomo, y maestro de la Biblia con un bello espíritu. La cosa más importante que recuerdo que él dijo y que me impresionó lo suficiente como para escribirla en mis notas era esto: "La primera cosa que nosotros necesitamos más que nada es el espíritu de discernimiento." 

Ralph Barney y John Green dieron un mensaje muy ungido en la última tarde de esa conferencia acerca de pasar por el tercer velo. La llamada salió para aquéllos que podían oír que se presentaran y declarasen, “Por fe yo paso por el tercer velo en el lugar santísimo.” Yo fui uno de muchos que lo hicieron. Yo no sé cómo esto afectara a más nadie, pero para mí tuvo un efecto profundo en mi vida, y desde ese momento en adelante y durante meses después noté que cada vez que yo entraba en oración el Espíritu de Dios venía sobre mí. Podía sentirlo, físicamente. Al principio, pensé que era una coincidencia, pero  permanecía aun después de que volví a casa. 

El último día de la conferencia, encontré un poco tiempo para tocar el piano (un pasatiempo que disfruto en ocasiones). Mientras yo estaba tocando, una mujer se acerco por detrás de mí y puso algo en el bolsillo de mi camisa. Cuando terminé la canción que estaba tocando, miré a ver que era. Eran diez dólares. Dios estaba recordándome que Él sabía todas mis necesidades y siempre me proveería y sostendría. 

Regresé casa el 26 de mayo. El próximo día empecé a orar y ayunar en serio para poder oír la voz de Dios y buscar Su rostro en preparación para el ministerio. En el tercer día del ayuno estudié el ayuno de 40 días de Jesús en el desierto y cómo él venció las tentaciones. ¡Esto me  determinó a ayunar los 40 días si fuese necesario para oír Su voz! Pero Dios me tenía misericordia en mi ignorancia y les dio una palabra a mis amigos de Texas para mí en esa misma noche. Ellos llamaron a las 2:00 de la mañana con las disculpas para decirme esta palabra: 

Steve percibe bien el ayunar, en este momento de preparación para un gran paso de aprendizaje qué él está a punto de tomar. . . tres días son suficientes para quitar la escoria del mundo para permitir Mi Espíritu fluir libremente en su cuerpo que es Mi templo. . . Usted no debe ayunar más para no debilitar su organismo. 

Ellos no sabían que yo acababa de completar los tres días de ayuno, así que me di cuenta que ésta era una palabra de Dios de NO ayunarme más. Retrospectivamente sé que para oír la voz de Dios no se logra por ayunar ni por cualquier otra disciplina. Puede ser útil a algunos, pero no es el factor decisivo. Es más una cuestión de enfoque y conciencia. Yo vine a oír porque enfoqué mi atención en Dios con un deseo interno de oír Su voz que excedió todo los otros deseos. Al enfocar mi atención en Él, vine a estar más y más conciente de Su presencia y estaba por consiguiente más conectado con Él y capaz para oír. 

El 5 de junio de 1982, me levanté temprano y fui a la iglesia de mi suegro para estar solo y orar. Primero, le dije todo lo que necesitaba decirle a Dios, para poder aclarar y librar mi mente de desorden. (Nuestra necesidad de hablar a Dios y librarnos a nosotros mismos, nos distrae de oírle a Él hablar.) Entonces me tranquilicé y enfoqué mis pensamientos en Él, mientras pidiéndole que me hablara.   

Hasta este momento, pensaba que Dios me estaba hablando, así que escribí lo que "oí" en un cuaderno. Únicamente oí unas cosas e incluso no estaba seguro si todo esto era “solo yo” o si Dios estaba hablando. Aprendí desde este tiempo que el sonido apacible y suave es al principio idéntico al de nuestra propia mente. De hecho, solamente si persistimos y mantenemos registros de Sus palabras que podemos aprender la diferencia. En mis registros yo escribí: “Yo le pedí confirmación a Dios, para que yo pueda determinar si es de Él o son mis propios ecos.” 

El próximo día, mis amigos de Texas llamaron de nuevo. Ellos habían orado, “Señor, Steve parece estar en una encrucijada y pide su dirección.” El Señor les dijo: 

Steve ya recibe Mi dirección y es Mi amado. Todavía no ha aprendido a percibir Mis palabras como ustedes, pero la habilidad de reconocer Mi presencia y Mi bendición y afirmación es un gran paso adelante. . . Todos los que me buscan Me pueden encontrar si ellos abren de verdad sus corazones. Ellos me encontrarán dentro de sus propias almas dónde yo siempre he estado en el lugar secreto. . . Steve también debe ir donde Yo lo lleve. Él está aprendiendo rápidamente de Mi verdad espiritual. . . Ustedes siempre tienen que caminar en fe, nunca en temor. Ustedes siempre deben de saber que Mi amor y protección y dirección van por todas partes con ustedes y con todo aquel que de verdad me busca. 

De nuevo, ellos ignoraban que yo ya había empezado a oír la voz de Dios y que yo había pedido la confirmación. De hecho, esta palabra les confundió un poco, porque ellos asumieron que yo todavía estaba esforzándome para oír. Aún Dios les dijo que Él ya estaba guiándome. Ellos me telefonearon para comunicarme esta palabra. ¡Cuando les conté mi reciente “oír,” ellos estaban  tan gozosos y dijeron, "O, ahora esta palabra hace sentido! Nosotros pensamos que Dios quizás quería decir que Él estaba guiándole en general a través de diversas circunstancias.” 

Así fue cómo me di cuenta que yo había penetrado de hecho a través del velo y había entrado en una nueva relación con Dios que yo no había experimentado previamente. Al pasar tiempo, yo vine a entender que todos nosotros oímos la voz de Dios. El problema está en reconocer la diferencia entre lo que es Dios y lo que es de nuestras propias mentes. Constantemente oímos dos voces: la voz de nuestra propia mente (nuestra conciencia) y la voz de Dios. El gran desafío es distinguir entre las dos. 

La conciencia es humana-hecha por el hombre. Nuestros padres, maestros, compañeros de escuela, y otros moldean y forman nuestra conciencia en nuestra temprana edad. Los ídolos del corazón gobiernan sobre de la conciencia. Únicamente la conciencia puede dar dirección exacta al entrar en unidad con la voz y carácter de Dios. Esto sólo tiene lugar cuando sus ídolos se derrocan. 

Al principio, la voz de Dios tiende a estar en conflicto con la voz de nuestra propia mente, y a menudo peleamos con Él. Es una batalla entre Dios y el ídolo del corazón. Quien gana la batalla se convierte en el gobernante supremo en esa área de vida. Si el ídolo gana, nosotros no oiremos a Dios correctamente en esa área de vida hasta que en otro día cuando Dios de nuevo desafíe al ídolo y lo derroca. Finalmente, la meta es la renovación de nuestras mentes, cuando nuestra conciencia esté siempre en acuerdo completo con la voz de Dios. 

La Prueba de Nuestra Fe 

Después de reconocer la voz de Dios al principio de junio de 1982, me gozaba en la luz de Su voz durante las próximas semanas. Él me dio muchas revelaciones que han resultado ser fundamentales a la llamada que Él tenía para mi vida y para mi entendimiento de Sus caminos. Éstas son personales y no tienen relación directa con el propósito de este libro que es cómo oír Su voz. Empero aprendí un principio muy importante, en gran parte por accidente, pero a la vez sé que fue divinamente inspirado. Es la ley del testigo doble. 

Poco después que empezaba a oír, le pedí al Señor lo que llamé "un versículo personal de la Escritura". Él me dio entonces una referencia de la Biblia que yo buscaba para ver lo que decía. Del principio yo noté que las Escrituras que Él siempre me daba parecían tener algo que ver con la palabra que Él me acababa de dar. Finalmente caí en la cuenta que Él estaba confirmando Su palabra por el testigo doble y que el Espíritu y la palabra atestiguan a la verdad. 

Ésta era una manera simple de obtener confirmación inmediata de Su palabra. Después, me daría cuenta de que el Espíritu no sólo usaría esto como un testigo doble, sino también como una ocasión para enseñarme el principio espiritual detrás de la palabra escrita. Desde entonces, mis archivos están llenos con notas dónde el Espíritu de Dios me ha enseñado cómo la ley divina opera en tales cosas como guerra espiritual, intercesión, y administración de verdadera justicia y misericordia hacia otros. Por esto empecé a aprender el intento de la ley, y no sólo su aplicación superficial. 

Realmente no aprendí sobre la guerra espiritual hasta que Su palabra hablada fue probada por fuego más allá de lo que yo jamás podría haber imaginado. Yo era demasiado joven en estas cosas para saber que todo lo que Dios ama Él lo lleva a la muerte-primero a Jesucristo, y luego a todos los demás–para que todos lleguemos a ser uno con Él e identificarnos con Su muerte. Yo supongo yo había creído equivocadamente que Dios sólo nos probaría a punto de desastre, pero que nunca nos empujaría encima del borde. Descubrí en cambio que Cristo dejó  el camino de la cruz para todos nosotros, porque Él no nos pide a nosotros el soportar lo que Él mismo no era capaz de soportar primero. Él  murió, no para que nosotros pudiéramos evitar la muerte, sino para enseñarnos cómo morir con significado y propósito.

Durante el mes de junio de 1982, Dios me había dado palabras de consuelo al mostrarme que no debía temer el futuro, sino tener fe que Él me proveería y me guiaría. Yo esperaba que Él viniera con gran poder y majestad para salvarme de todos mis problemas. En cambio, me di cuenta que cuando Él viene a salvarnos, Él nos mata, así como Él hizo a Su Unigénito y Amado Hijo. Eso sucedió conmigo,  cuando mi situación llegó a un punto culminante de mi vida en julio de 1982. Habiendo estado desempleado durante siete meses (y con ninguna manera de conseguir un trabajo, no importaba lo mucho que yo intentara), fui derrumbado, abatido al lugar dónde no tenía nada mas que mi familia. Si Dios no me hubiera librado en los primeros días de julio, yo habría sido aplastado por las deudas y habría tenido que trabajar como un esclavo sin pago (hablándolo literalmente). 

El 9 de julio de 1982, oré para saber si Dios me iba a librar como Él me había prometido. Me  dio Habacuc 2:3. 

3 Aunque por un tiempo la visión tarde en cumplirse, al fin ella hablará y no defraudará. Aunque tarde, espéralo; pues sin duda vendrá y no tardará. 4 He aquí, aquel cuya alma no es recta dentro de sí está envanecido, [presume demasiado] pero el justo por su fe vivirá.

Definitivamente, ésta no fue una señal buena. Esperaba que lo que Dios me quería decir fuera la última frase de versículo 3, que la visión NO tardaría. Cerré la Biblia e intenté no pensar más sobre esto. Ciertamente ésta no era la palabra que yo quería oír. Seguramente Dios no haría esto a mí. Al fin y al cabo yo había puesto toda mi fe en Su liberación. Ciertamente Dios honraría mi fe. Yo no sabía en aquel entonces que cuando Dios nos habla, es para darnos fe, y seguidamente, Él también añade a nuestra fe, paciencia, la cual sólo viene con pruebas y tribulaciones. Santiago 1:3 dice, la prueba de vuestra fe produce paciencia”. Romanos 5:3 dice, “la tribulación produce perseverancia” [paciencia]. Definitivamente no quise aprender a tener paciencia. Yo quería que Dios me la derramara sobre mí por la manera fácil. Pero no lo hizo. 

El próximo día (el 10 de julio de 1982) Él habló esto a mí:  

Tú has llevado mucho por mí, y yo te redimiré. Pero primero ve a Egipto. Allí tú verás Mis obras poderosas. Es necesario que tú vayas a Egipto. No temes ir allá, porque yo siempre estaré contigo. Yo no te dejaré. Yo seguiré hablándote y enseñándote cosas nuevas cada día. 

Padre, y ¿qué de las esas promesas que me has hecho? 

Ellas sólo han estado diferidas, como te dije ayer. Ciertamente, sucederán, todo lo que te he hablado, sucederá. Si tú te levantas en autoridad, como hizo José, tú tienes que estar primero en la cárcel, como él estuvo. No temas, porque Yo también te enseñaré a ti, lo que Yo le enseñé a él y te hablaré, como yo le hablé a él. 

“¿Como sabré que me has hablado?”, le pregunté un poco airado.

Santiago 1:19. . . (Sabed, mis amados hermanos: Todo hombre sea pronto para oír, lento para hablar y lento para la ira;)

Después, al tranquilizarme un poco le pregunté “¿Por qué la visión debe ser postergada?”

Santiago 1:2-4. . . Hermanos míos, tenedlo por sumo gozo cuando os encontréis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Pero que la paciencia tenga su obra completa para que seáis completos y cabales, no quedando atrás en nada. Entonces Él me dijo sencillamente, “Tú me has pedido mucho de Mí”.

Bien, eso era verdad. Yo le había pedido de hecho mucho a Dios. Como todos los demás, yo quería conocerlo y el poder de Su resurrección. Yo había querido que Dios me utilizara en el establecimiento de Su Reino. Quizás era simplemente ambición carnal cubierta con ropaje espiritual, pero no quería ser un cristiano regular que ve poco, sordo, y que sabe menos.  Pero leí las Escrituras que hablaban sobre gobernar y reinar con Él, y yo supe que yo quería ser parte de esa compañía. Y, tan pronto como descubrí que Dios habla a las personas aun hoy día, supe que yo nunca sería satisfecho hasta que yo no investigara por completo esta área entera de experiencia cristiana. 

Y así empezó una caída hacia abajo a la muerte y destrucción completa hasta que perdí toda esperanza de ver de nuevo la luz. Nos mudamos con mi familia a Minnesota para vivir indefinidamente con mis padres. Entretanto, mi madre moría de cáncer, y yo tenía que ayudarle mientras mi padre trabajaba para ganarse la vida. Para pagar una deuda, yo trabajé sin la esperanza de ser pagado. Mi esposa tomó un trabajo nocturno en una casa para ancianos como ayudante de enfermera. Entonces uno de mis hijas se enfermó con problemas de riñones. Por mucha oración que hiciera, no había cambios. No tenía el dinero para otras remedias, aunque yo hubiera sabido qué hacer. Finalmente yo tenía que conseguirle un número del seguro social y una “tarjeta verde” para que ella pudiera ir al hospital de la Universidad de Minnesota por el tratamiento subsidiado por el gobierno. 

Finalmente, en el 23 de octubre de 1982 yo entré en “la densa oscuridad donde estaba Dios” (Éxodo 20:21). Morí ese día. Mi comprensión de Dios falló completamente. Yo perdí toda  esperanza. No me quedaba nada de la fe que Él cumpliría Sus promesas a mí. Lo que me aplastó más que nada era el saber que Él me había hablado, pero que de algún modo Él me había desamparado. Mientras caminaba de regreso a casa esa noche después de acompañar a mi esposa a su trabajo en el pueblo, yo le pedí a Dios que me dejara solo y que me permitiera vivir una vida normal como todos los demás. “¡Yo no trataría a mi perro de esta manera!”,  yo dije en  desesperación total. En mis notas personales durante ese día, yo escribí esto: 

“Ya casi no puedo aguantar más. Más vale que admita que yo estoy arruinado, y que tengo que empezar de nuevo en una nueva clase de vida. La fe es demasiada impráctica. Yo también debiera admitir que la fe no funciona, por lo menos no para mí. Entre m trato de enfrentar a los problemas con la actitud apropiada, más Dios me pega en la cabeza. Es como si Él está intentando hacerme admitir la ruina y que deje Su camino. Hasta ahora, yo he tomado todo lo que me ha tirado y he seguido en la lucha. Quizá si yo me rinda y deje de pelear, Él dejará de azotarme. No es justo, ni tampoco es Él justo en prometerme una cosa mientras me hacer otra. Si Él me daría de vez en cuando un poco de ánimo, yo pudiera echar adelante. Pero yo conozco a gente que puede manejar a los empleados mejor que Dios. Simplemente, me rindo y desisto en tratar de agradarle. Renuncio.”

Mientras la desesperación me iba envolviendo, yo era como un muerto durante los próximos 42 días. Durante ese tiempo, mi esposa no podría aguantar la presión y me dijo que si las cosas no cambiaran para los primeros días del año, ella tendría que llevar a los niños a Wisconsin para vivir con sus padres. Yo sabía que ella tenía razón, pero no había nada que yo podría hacer para cambiar la situación. 

Por este tiempo mi madre estaba casi postrada en cama y me necesitaba más que nunca. Así yo oré-o más bien, informé a Dios-que si nosotros no estuviéramos fuera de allí al comienzo del año, yo pondría una maleta y haría autostop (o haría dedo para conseguir ser llevado por tramos) al sur con la familia. Y si nadie nos diera autostop, entonces nos iríamos caminando a pie. Aun así, yo sabía que Dios me podría impedir fácilmente no hacer esto, si Él escogiera hacerlo. No había nada que hacer, menos esperar en Dios que hiciera  algo. 

Entonces, el 4 de diciembre de 1982, Dios empezó a moverse. Era un año al día después de mi renuncia de pastorear la iglesia en Nuevo México. Recibí bastantes hojas informativas de la Red de Oración. Leyendo estas hojas informativas marcó el principio del fin de mi prueba, ya que comencé a entender el propósito de Dios al pasarme por esta prueba. De nuevo, un año al día después de que nosotros físicamente salimos de Nuevo México yo recibí una llamada telefónica de Arkansas ofreciéndome un trabajo como tipógrafo para una nueva compañía. 

Era el 30 de diciembre de 1982. Dios me concedió mi fecha tope, y yo no tuve que hacer autostop hacia el sur. Alguien fue enviado en un camión de mudanzas para movernos a Arkansas. Nos marchamos el 22 de enero de Minnesota y llegamos a Batesville, Arkansas el 23 del mismo. 

Precisamente fueron 414 días después de mi renuncia en el 4 y 5 de diciembre de1981 al 22 y 23 de enero de 1983. Mi “Tiempo de Maldición” había acabado finalmente. Hubiera sido útil para mí en esos días si yo habría sabido algo sobre regulaciones bíblicas de tiempo. Pero yo no sabía nada del Tiempo de Maldición hasta 1991. Cuando las naciones están en Tiempo de Maldición, es aplicado en ciclos de 414 años. Cuando es aplicado a las situaciones personales, es en ciclos de sólo 414 días. Pero esto es asunto para otro libro. 

La noche antes que yo saliera de Minnesota, tuve una larga conversación con mi madre,  sabiendo que esta sería la última vez que yo la vería con vida. Ella me dijo que había orado y sabía que era la voluntad de Dios que nosotros debiéramos movernos a Arkansas. Ella estaba en paz y ya había entrado en el reposo de Dios cuando ella murió el 15 de febrero. Mi madre era una mujer notable. Más que cualquier otra persona, sus oraciones y su fe formaron mi vida. 

El Tiempo de Restauración 

En mi libro, Secretos de Tiempo, yo demostré cómo Dios siempre parece agregar 76 años al final de un período de 414 años para provocar Tiempo de Bendición (490). El número 76 indica un tiempo de limpieza y restauración para llevarnos totalmente en la voluntad perfecta de Dios. Yo no era ninguna excepción. Habiendo completado mi tiempo de 414 días de disciplina y prueba, entraba ahora en un último período de 76 días en Tiempo de Bendición. Los 76 días eran del 23 de enero al 9 de abril de 1983. Aunque yo era totalmente ignorante de estos ciclos de tiempo precisos, guardé registros cuidadosos que me permitieron armar estos datos diez años después. 

Tomé un avión hacia Nuevo México el 27 de enero para así mover nuestros muebles a Arkansas que habían estado almacenados durante el último año. Entonces el 1ro.de febrero yo recibí un aviso de la Red de Oración (me había unido formalmente a ellos desde el 16 de enero de 1983) que habíamos sido llamados a guerra espiritual el 7 de febrero. Decidí comenzar un ayuno por 7 días. Durante este ayuno vino a mi mente que ya se había cumplido la palabra de Dios recibida el 10 de julio de 1982 cuando Él me dijo que yo había de ser como José en la cárcel. José estuvo en el cárcel durante doce años; y el comienzo de mi salida fue después de doce meses al mismo día. 

El 9 de febrero mientras oraba, vino un sentir a mí, que iba a hacer un viaje a Nuevo México y Arizona para reconciliarme con el pasado, y que iba a regresar a casa el 8 de abril. También oí al Señor citarme el verso del libro de Jonás, “¡De aquí a cuarenta días Nínive será destruida!” Interpreté esto para significar que sería un viaje de 40 días. Si el viaje finalizaba el 8 de abril, entonces yo tendría que partir el 28 de febrero. 

Realmente no quería hacer un viaje tan largo, ni tampoco quería enfrentar al pasado. Después de todos, ellos me habían forzado a salir del ministerio y habían pedido mi renuncia. A mí me parecía que eran ellos que me hicieron mal ya que fui el que literalmente lo perdió todo. Y ahora Dios estaba exigiéndome que gastara el dinero en un viaje largo para reconciliarme con el pasado, pedir disculpas, y no esperar nada en cambio. Así que yo escribí cartas, solicitando hablar con los líderes de la iglesia en Arizona y Nuevo México, y entonces fui rápidamente al correo para echar las cartas, antes que me acobardara.

Esa misma tarde recibimos noticias de nuestro nuevo arrendador que él acababa de vender la casa, y que teníamos que salir de esa casa en 30 días (hasta el 10 de marzo). Parecía como si el viaje se había hecho una imposibilidad.

Había cuatro “montañas” que tenían que ser removidas para hacer este viaje posible. Primero, mi madre estaba muriendo, y podría difícilmente hacer un viaje largo, solamente tendría que acortarlo para atender a su funeral. 

Segundo, me acababa de mover no sólo a Batesville para trabajar, pero también me habían pedido que guiara un grupo de estudio Bíblico en ese lugar, organizado bajo el nombre de la Iglesia del Reino de Dios. ¿Cómo yo podría viajar, si acababa llegar allí? No, ellos tendrían que estar de acuerdo y comisionarme de ir por la imposición de manos. 

Tercero, yo estaba escéptico de que las personas en Arizona y Nuevo México estarían de acuerdo en verme. Yo necesitaba una invitación de ellos, indicando su acuerdo en verme. 

Cuarto, nosotros necesitábamos una casa para alquilar antes de que yo saliera. 

Bien, mi madre se murió el 15 de febrero, y yo volví a Minnesota por una semana (en un automóvil que me regaló un amigo). El 28 de febrero recibí una invitación desde Arizona, empezando la cuenta regresiva de los 40 días hasta el 8 de abril. Esto corrigió mi comprensión del período de los 40 días. El 28 de febrero no era el día que yo saldría, sino el día que recibí la invitación requerida. 

El grupo local en Batesville me comisionó a ir en el viaje el 6 de marzo, el mismo día que  encontramos otra casa en la cual vivir. Nos mudamos el 7, 8, y 9 de marzo. Empecé el viaje el 10 de marzo. Así que, vino a ser un viaje de 30 días dentro de un tiempo de reconciliación de 76 días. (Después de muchos años, descubrí que todos los períodos de 76 días se dividen naturalmente en 46 y 30.) 

De mi perspectiva, el viaje fue un éxito porque hice todo lo que Dios me instruyó a hacer. No hice ningunas acusaciones, sino ofrecí sólo disculpas. Cuando yo los dejé, estaba satisfecho y alegre en mi corazón. Desgraciadamente, la reconciliación parecía beneficiarme más a mí que a  ellos, pero sabía que había sido obediente y había hecho todo lo que yo podía. Ahora yo podía echarme adelante al nuevo mundo que Dios me había abierto. 

Yo llegué a casa casi a medianoche del 8 y 9 de abril de 1983, precisamente 76 días después de movernos a Arkansas y precisamente 490 días después de que yo había renunciado de la iglesia en Nuevo México. Yo estaba ahora en Tiempo de Bendición y podía empezar una nueva vida. 

Lecciones Aprendidas 

Cuando Dios probó mi fe, no pasé la prueba–sólo desfallecí. Toda mi propia fe se quemó en la prueba ardiente, y todo lo que permaneció fue Su palabra y la fe de Jesús. La verdad brutal era que mi fe era insignificante al plan de Dios. Mi fe no estableció nada. Él me bajó al lugar de desesperación total dónde yo no tenía la fuerza para “nombrarlo y clamarlo”. Todas Sus promesas para mí fueron establecidas puramente en la fuerza de Su palabra, sin tener en cuenta lo que yo hice, sin tener en cuenta mi fe, y sin tener en cuenta mis demandas. Todo lo que Él requirió de mí fue morir y quitarme de Su medio. Él hizo todas las cosas por el consejo de Su propia voluntad (Efesios 1:11). No tengo ninguna jactancia de fe. Yo sólo puedo vanagloriarme de la grandeza y amor de Dios. 

Vine a ser una nueva persona, una nueva criatura en Cristo por experiencia no sólo por doctrina. Vine a darme cuenta que no estoy aquí para manifestar mi fe, pero simplemente para dar testimonio a las obras de Dios, las que veo y oigo. Más que nada, sé ahora por la experiencia dura que Romanos 8:28 es verdad. 

28  Y sabemos que Dios hace que todas las cosas ayuden para bien a los que le aman, esto es, a los que son llamados conforme a su propósito.

Había creído y enseñado esta Escritura durante muchos años antes que Dios la usó en mí para ver si yo realmente pudiera creer Su palabra en medio de la prueba ardiente. En el calor de la prueba (el 23 de octubre de 1982) hice un descubrimiento interesante: En mi mente ya no podía creer esta palabra, y por esta razón yo escribí: “Renuncio”. Aún profundamente en las partes recónditas de mi espíritu, yo siempre sabía que Dios seguramente haría para mi bien todas las cosas. Había fe en mi espíritu cuando toda la fe había sido arrancada de mi mente y alma  carnal.

Aprendí una muy valiosa lección a través de esto. La fe no es un estado de mente; es un estado de espíritu. La mente sólo trata con las persuasiones; el espíritu es la casa de la fe. Yo sé que el apóstol Pablo también experimentó muchas pruebas de su fe, y por esta razón él pudo escribir en Romanos 7:18, “Yo sé que en mí, a saber, en mi carne, no mora el bien”.

Quizás, la lección más notable que haya aprendido en esto fue que la prueba de nuestra fe se da, NO para probarnos virtuosos y fieles, sino para probar que en nuestra carne no mora ninguna cosa buena. Es para mostrarnos las limitaciones de la carne, no su fuerza hacia Dios. Mi carne con sus persuasiones carnales era bastante fuerte, y por eso llevó cerca de un año para morirse. Pero cuando finalmente dejé de luchar y morí, entonces Dios me levantó como una nueva creación en Él. 

Sin embargo, esta resurrección era sólo el principio. Había muchas más lecciones cruciales que tendría todavía que aprender. La revelación de José acerca de estar en la cárcel durante doce meses sólo era aplicable a aquel primer año. Todavía tendría un cumplimiento a largo plazo de doce años (1981-1993) que no cesaría hasta el fin de la era de la Iglesia. Durante ese tiempo,  tendría que morirme dos veces más  (hasta ahora) para aprender las consecuencias de desobediencia a la voz de Dios. 

Nunca ceso de dar gracias a Dios por Sus disciplinas, porque yo he aprendido que Él disciplina a Sus hijos (Hebreos 12:5-7). Por medio de esto soy confortado aún en las punzadas de muerte. “Si en el Seol hago mi cama, allí tú estás”. (Salmo 139:8). 

Oyendo la voz de Dios ha sido la más maravillosa, asombrosa experiencia de mi vida. Pero también ha sido una prueba ardiente. Así cuando Dios me mostró de Éxodo 20:18-21 cómo Israel estaba de pie lejos, atemorizados para subir al monte al fuego con Moisés para oír la voz de Dios, yo ciertamente puedo entender el sentimiento. Si, cuando yo empecé por este camino, yo hubiera tenido cualquier indicio de lo que estaba por delante, yo probablemente me habría unido con la muchedumbre de Israelitas lejos del monte y su fuego. 

Pero Dios me engañó al enfocar mi atención en las promesas que vendrían al final, en lugar de las pruebas que me esperaban en el camino. Al principio yo estaba bastante disgustado y enfadado con Él por esta decepción divina, así como Jeremías dijo cuando le puso en el cepo de la puerta en Jeremías  20:1-9, 

2 Y golpeó Pasjur al profeta Jeremías y le puso en el cepo de la puerta superior de Benjamín, al lado de la casa de Jehovah.

7 Tú me has persuadido, oh Jehovah, y yo fui persuadido. Fuiste más fuerte que yo, y has prevalecido. Todo el día he sido objeto de risa; cada cual se burla de mí.

9 Digo: "No me acordaré más de Él, ni hablaré más en su nombre." Pero hay en mi corazón como un fuego ardiente, apresado en mis huesos. Me canso de contenerlo y no puedo.

Jeremías no era diferente de cualquiera de nosotros hoy en que él tenía que pasar por la prueba ardiente de su fe debido a la palabra que él también se había atrevido a oír. Nuestro Dios es un fuego consumidor. Oír Su voz no es una llamada a la victoria gloriosa, pero una llamada a morir. Esto no significa desanimar a las personas de oír Su voz, sino una voz de consuelo a aquéllos que están muriendo en medio de Su fuego. 

Dios no odia a aquéllos que Él disciplina; Él disciplina porque Él les ama a Sus hijos e intenta  refinarlos como el oro y la plata para reemplazar su escoria con la naturaleza divina. Él intenta de producir un pueblo en Su imagen para que ellos puedan gobernar y reinar con Él, y para que ellos puedan a su vez, enseñar a otros cómo morir, siguiendo a Jesús a la Cruz. 

Amando a Nuestro Padre Celestial 

En criar a los niños apropiadamente, el mundo tiende a creer que la disciplina es dañina para el desarrollo de un niño. También algunos padres se rehúsan a disciplinar a sus hijos basándose en que quieren que sus hijos los amen. Ellos no comprenden que la disciplina no es el problema, mientras sea administrada sin abuso. Ambos, disciplina y abuso deben ser definidos por la Escritura. Esto está fuera del alcance de nuestro estudio presente, claro está, pero queremos apuntar que la mayoría de los hijos que más aman a sus padres son aquéllos hijos que fueron disciplinados debidamente por sus padres en su vida temprana. 

Es el mismo en nuestra relación con nuestro Padre celestial. Aunque las disciplinas de Dios pueden ser a menudo bastante severas, haciéndonos querer huir de Él, nosotros lo amaremos al final a Él, porque Él nos disciplina para llevarnos a la madurez, para ser capaces de conocer Su propio amor agape. El más grande mandamiento, como Jesús dijo, se encuentra en Deuteronomio 6:4 y 5. 

4 Escucha, Israel: Jehovah nuestro Dios, Jehovah uno es. 5 Y amarás a Jehovah tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

Muy a menudo nosotros enfocamos tanto en la parte que nos ordena que lo amemos que nosotros nos olvidamos cómo esto es hecho. La clave está en la primera frase: “Escucha Israel”. Oírlo a Él es el primer paso para amarlo. Primero oímos, y esto produce fe. Segundo, esa fe es probada por fuego, para que la fe sea pura y no dependa de ninguna carne humana o entendimiento humano. Esta prueba produce paciencia, o perseverancia. Sólo entonces nosotros recibimos las promesas. Hebreos 6 nos dicen, 

12 a fin de que no seáis perezosos, sino imitadores de los que por la fe y la paciencia heredan las promesas. 13 Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, puesto que no podía jurar por otro mayor, juró por sí mismo 14 diciendo: De cierto te bendeciré con bendición y te multiplicaré en gran manera. 15  Y así Abraham, esperando con suma paciencia, alcanzó la promesa.

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