Cuatro Lecciones en
Como Ser Vencedor
Por
Dr. Stephen E. Jones
Tabla de Contenido
Lección 1: Ser Perdonador
Lección 2: Ser Obediente
A. El Significado a Nosotros
B. La Ley y Obediencia
C. Pentecostés y Obediencia
D. Milagros e Iniquidad
E. Cizaña y Trigo
F. Legalismo Es Iniquidad
G. El Guiar del Espíritu Santo
H. El Significado de Obediencia
Lección 3: De Amor Incondicional
A. Tres Niveles de Amor
B. Las Fiestas de Israel Retratan Niveles de Amor
C. La Instrucción de Jesús En Lucas 14
Lección 4: Ser de Acuerdo
A. Dos Tipos de Relación Matrimonial
B. Así Dice el Amén
Epílogo
Lección 1
Ser Perdonador
Ser vencedor no es igual que sólo ser creyente en Jesucristo. En el mensaje de Juan a las Siete Iglesias, la palabra fue dada a la Iglesia entera, pero las recompensas eran reservadas para aquéllos que vencen. La implicación clara es que no todos los creyentes realmente vencerían.
La dificultad que cristianos han tenido en distinguir los creyentes de los vencedores es su vista simplista de recompensa divina y castigo. Generalmente se cree que todos los incrédulos son castigados en el "infierno", mientras todos los creyentes reciben la "vida eterna". Parece ser un tipo de democracia divina en esto, donde todos los hombres son tratados igualmente, dependiendo sólo en que si ellos creen o no en Jesucristo.
Pero el propio Jesús lo hizo claro en Lucas 19 que algunos creyentes serian recompensados con autoridad sobre cinco ciudades (19:19), o diez ciudades (19:17). Solamente esto nos muestra que todas recompensas futuras no son iguales. Pero esto va más allá de la recompensa básica de vida inmortal, porque estas recompensas se tratan de la autoridad sobre otros, u otras ciudades. La inmortalidad es la inmortalidad, y todos que la reciben la tendrán igualmente. Pero la inmortalidad no es el único premio.
Hay también, entonces, la pregunta poco entendida de CUANDO una persona recibirá este premio de inmortalidad. Por esto, no quiero entrar en el debate sobre si una persona recibe la inmortalidad en el momento de su muerte o después en la resurrección. La pregunta más importante es si él es levantado en la primera resurrección o la segunda. La primera resurrección consiste en aquéllos que son llamados a las posiciones de autoridad, pues Apocalipsis 20:4-6 dice,
4….y vivieron y reinaron con Cristo mil años. 5 Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. 6 Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.
La primera resurrección no incluirá a todos, pues habla de "el resto de los muertos" que no vienen a la vida hasta mil años. Esto le hace una resurrección limitada. La segunda resurrección, sin embargo, incluye TODOS los muertos--eso es, el resto de los muertos (Apocalipsis 20:11). De esta resurrección Jesús dijo en Juan 5:28, 29,
28 No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación
Esta resurrección de que Jesús habló era la segunda en que "todos los que están en los sepulcros" son levantados a la vida. En el verso 29 Jesús le hace claro que esta resurrección incluirá a creyentes e incrédulos, ya que algunos recibirán "vida", mientras otros recibirán el "juicio". (Pablo confirma esto en Hechos 24:15.)
Nosotros sólo podemos concluir, entonces, que la primera resurrección incluirá a SÓLO creyentes, pero NO TODOS los creyentes. La segunda resurrección incluirá a creyentes e incrédulos que recibirán sus premios respectivos (vida o juicio) al mismo tiempo. Esto es consistente con lo que Jesús enseñó en Lucas 12:46, donde Él dice que algunos de los "sirvientes" de Dios recibirán su premio "con" (al mismo tiempo como) los incrédulos.
Esto también es confirmado por Moisés en la ley. Los muertos serán levantados "a la trompeta final" (1 Corintios 15:52; 1 Tesalonicenses 4:16). Moisés profetizó que la congregación (es decir, "Iglesia") era convocada ante Dios con el tocar de dos trompetas de plata (Números 10:3). Pero sólo una trompeta fue tocada para convocar a los gobernantes de la gente-eso es, aquéllos en las posiciones de autoridad o mando. Ya que "la última trompeta" usa el término singular, nosotros podemos ver que Pablo estaba hablando de la primera resurrección de que convocaría a sólo los gobernantes de la gente--es decir, los vencedores. Ésta es la "resurrección mejor" (Hebreos 11:35) que los hombres de fe buscaron lograr.
La distinción entre las dos resurrecciones plantea la cuestión de lo que lleva para ser vencedor. ¿Debe ser decapitada una persona, como parecería indicar una interpretación literal de Apocalipsis 20:4? ¿Debe sufrir el martirio una persona, como tantos de los hombres de fe hicieron quienes están listados en Hebreos 11?
La respuesta simple es esto: los vencedores deben perder sus cabezas de hecho, pero no necesariamente sus cabezas físicas. Dios se preocupa más por reemplazar a nuestras mentes con la mente de Cristo que Él es con las decapitaciones físicas. Secundariamente, en la lista de vencedores en Hebreos 11, es principalmente su fe que los encomienda, no su muerte. Pero ellos tenían que amar a Dios más de sus propias vidas. La lista en Hebreos 11 incluye (por nombre) sólo dos hombres que realmente eran martirizados--Abel y Sansón. Ninguno fue decapitado, y el resto se murieron con muertes normales. Aun así todos éstos obtuvieron "una resurrección mejor".
Así tiene que ser con aquéllos que siguen en sus pasos.
Entonces, ¿Qué lleva para ser vencedor? ¿Qué debemos hacer para obtener esa "resurrección mejor" y llegar a ser "gobernante" en el Reino de Dios? Hay cuatro cosas principales que son enseñados claramente en las Escrituras. Hay, sin duda, más de éstos, pero si una persona cumple estos cuatro, hay poca duda que él cumplirá todos los otros requisitos también.
En Mateo 18:21, 22 nosotros leemos,
21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.
Setenta veces siete son 490. Éste no era un número aleatorio. Es igual a las "setenta semanas" de Daniel (Daniel 9:24). También es 10 Jubileos (49 x 10). El número 490 es prominente, porque es un ciclo de perdón. Todos los años en el Día de Expiación, Dios perdonó a la nación, cubriendo su pecado por la sangre de la cabra.
Así, cuando Jesús dijo perdonar "setenta veces siete", Él habló una verdad escondida de juicio en la profecía de la Biblia. Dios fue obligado perdonar la nación 490 veces--una vez cada año en el Día de Expiación. Desde del principio de las 70 semanas de Daniel (458 A.C.) cuando el calendario de Jubileo de Judá fue reintegrado divinamente, Dios perdonó a la nación una vez más (y el mundo) cada año durante los próximos 490 años. El último año cayó en D.C. 33, y entonces Dios hizo cuentas. Él privó del derecho de redimir la deuda, pero le envió a Jesús que la pagara por completo en la Cruz. Por lo tanto Él se reconcilió el mundo a Él por pagar su deuda por el pecado.
Jesús ilustró su declaración sobre perdonar 490 veces por ilustrarla con una parábola. Él dijo esto inmediatamente después de decir a Pedro que perdonara 490 veces, y no sólo siete veces. En Mateo 18:23-35 nosotros leemos,
23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. 24 Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.
Un talento de oro por esos días pesaba 131 libras [Troy] de oro. Un talento de plata pesaba 117 libras [Troy]. Diez mil talentos de oro o plata representaron una deuda grande que era imposible reembolsar.
En la parábola, el deudor apeló por gracia, y el rey perdonó la deuda entera. Pero el deudor anterior luego negó a perdonar la deuda pequeña que su vecino le debía. Cuando el rey oyó hablar de él, él convocó al ex-deudor. Versos 32-35 nos dicen,
32 Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. 33 ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? 34 Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, [El encarcelamiento se llamó en los libros de la ley romana, cruciatas corporis, "crucificando la carne o cuerpo".] hasta que pagase todo lo que le debía.
Entonces Jesús resumió a la parábola con una moraleja de la historia:
35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.
Así, nosotros vemos que esta parábola realmente no es acerca de perdonar las deudas monetarias, sino de todas las transgresiones que los hombres hacen contra nosotros. Nosotros hemos de seguir el ejemplo de Jesús perdonando aquéllos que pecan contra nosotros. En la Oración del Señor como registrada en Mateo 6:12, nosotros leemos, "Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores". En Lucas 11:4, se lee de esta manera:
4 Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben.
En la Biblia, el pecado se considera como una deuda. Si un hombre peca contra otro, se dice que él se endeudó al otro. Y así las parábolas de Jesús acera de las deudas monetarias realmente son en cuanto a la destreza del perdón. El propio Jesús, claro, era listo para tomar la delantera en mostrarnos hasta que punto una persona ha de perdonar, diciendo en la cruz, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34).
Cristianos a menudo tienen un problema en perdonar a otros que los han ofendido. Algunos han sido brutalizados de verdad por otros. Si ellos han estado heridos por un comentario simple o abuso físico no es el problema aquí. Ni es nuestro propósito en esta escritura intentar remediar traumas emocionales o físicos que cristianos hayan experimentado. Es dudoso si cualquiera que lee estas pocas líneas haya experimentado el tipo de abuso que Jesús recibió cuando Él fue a la Cruz. En cualquier manera que nosotros hemos sido abusados, Él fue abusado más. Y todavía Él pudo perdonar.
Algunas personas han sido llamadas para perdonar más que otras, dependiendo de sus circunstancias. Muchos en la Iglesia temprana sufrieron muertes horribles a las manos de verdugos romanos, gladiadores, y leones. Otros fueron quemados vivos y también a otros los asaban lentamente sobre una cama de brasas. Cualquier circunstancia que Dios ha puesto en nuestras vidas es un obstáculo a ser vencedor. El obstáculo es removido solo por el poder del perdón y nada más.
De hecho, un vencedor es uno que supera algo. ¿Sin algo para superar, cómo él puede ser vencedor? La única manera en que uno puede ejercer el poder del perdón es tener algo que perdonar. Para tener algo que perdonar, uno tiene que ser víctima de alguna clase de pecado. Nadie es llamado para perdonar un acto de bondad. De hecho, en la ley bíblica, sólo la víctima tiene el derecho para perdonar. El juez bíblico no puede perdonar un pecado cometido contra alguien más. Él sólo tiene el poder para determinar cuánta deuda es debida a la víctima. La víctima, entonces, tiene el derecho para exigir todo lo que se debe a él, una parte de ello, o él puede perdonar la deuda entera. Ése es su derecho.
No es que una persona siempre tiene que perdonar una deuda que se debe a él. Él debe llevarse por el Espíritu en este asunto. Exigir el pago automáticamente para toda la deuda al último centavo es ser legalista. Uno debe ir más allá de exigir los derechos. Uno debe orar para conocer a la mente de Dios en cada situación y saber lo que es mejor para el pecador (el deudor). Quizás sería mejor enseñarle la disciplina de trabajar para pagar la deuda para que él pueda arrepentirse y aprender a no hacer víctima a otros en el futuro. O puede estar en su mejor interés bajo Dios para cancelar toda o parte de la deuda.
Cualquier la circunstancia, esto es donde nuestra justicia debe exceder eso de los escribas y fariseos (Mateo 5:20). Una persona legalista es incapaz de perdonar hasta que el último centavo haya sido reembolsado. Pero el otro extremo es pensar que cada pecado tiene que ser perdonado sin tener en cuenta si el pecador se arrepiente o no. En la parábola de Mateo 18, Dios era más de dispuesto a perdonar al pecador; pero cuando el deudor se negó a perdonar una deuda, su propio perdón fue revocado. ¿Por qué? Porque Dios estaba juzgándolo por su propia norma de medida.
Ésta es la ley bíblica que Jesús mencionó en Mateo 7:1, 2,
1 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido
Igualmente, en la ley era un pecado para cobrar interés a un hermano--eso es, un ciudadano compañero del Reino (Deuteronomio 23:19). Sin embargo, el próximo verso nos dice era legal cobrar el interés a un extranjero--eso es, uno que creyó en un sistema diferente de leyes y quien no vio nada malo con cobrar interés en los préstamos. Él podría ser tratado según su propia norma de medida.
En general, éste es el principio de gracia y bendiciones que se dan a aquéllos que son ciudadanos del Reino de Dios, sujeto a Sus normas morales. Pero a aquéllos que rechazan las normas morales de Dios, ellos pueden ser tratados según la manera que ellos normalmente tratan a otros. Así, el deudor en Mateo 18 no mereció las bendiciones de la ley de Dios y fue tratado según su propia norma de medida.
Este principio ha sido abusado a menudo por grupos religiosos a los que no son miembros de su organización particular o denominación. Algunos se refieren a los no miembros como "gentiles" para justificar el hurto de su propiedad o incluso hacer violencia a ellos. El equilibrio aquí es ver que cualquiera que sea justificado por la fe en Jesucristo que cree que Él era el Sacrificio por el pecado, y que Él levantó de la muerte para nuestra justificación es un ciudadano del Reino. No tiene nada que ver con raza o uniéndose a una religión o denominación.
Hay leyes contra la parcialidad en el juicio. Hay leyes contra oprimir a los extranjeros--incluso incrédulos. Estas leyes equilibrarán la aplicación de esta norma doble en la usura y limitarán su aplicación propiamente.
En Mateo 18 nosotros aprendemos así los límites del perdón. El perdón es aplicable en dos niveles: personal y judicial. En el lado personal, uno debe perdonar y no debe guardar los rencores. Los rencores son como las notas de la deuda, y provocan a la gente ser negativa. Esto incluso puede causar problemas de salud.
Hablando judicialmente, la manera mejor de aprender como y cuando perdonar es por nuestros niños. Cuándo nuestro niño hace algo mal, ¿cómo nosotros lo juzgamos? Si nosotros perdonamos la ofensa simplemente sin hacerle responsable de forma alguna, nosotros lo enseñaremos pronto que es aceptable a robar o herir a otros. Más tarde en la vida él fácilmente puede volverse delincuente.
Por otro lado, si él es castigado demasiado, o si el perdón es restringido de él aun cuando que él ha corregido las cosas, él crecerá sintiéndose amargo y enfadado con otros. En ambos casos, es una reacción a la injusticia. Los niños se rebelan contra la injusticia e hipocresía que están arraigadas en parcialidad y normas dobles. Así que nosotros debemos aprender a perdonar y perdonar rápidamente--pero también nosotros debemos aprender que al tratar con aquéllos que son físicamente, mentalmente, o espiritualmente inmaduros, podría ser en su mejor interés a largo plazo usar un poco de disciplina para traerlos al arrepentimiento antes de extender el perdón.
Yo creo que éste es un principio subyacente en Mateo 18. El deudor necesitó la disciplina, y por eso el perdón fue detenido hasta que él pagara el último centavo. Aunque la parábola termina en esa nota, nosotros también debemos tener presente que la ley proveía un Jubileo--la cancelación de toda la deuda al final de 49 años. En otros términos, debe ser entendido que el deudor en la parábola finalmente sería perdonado de su deuda, aun cuando algo de la deuda todavía no era pagada.
Jesús, el Cordero de Dios, ha pagado de hecho por el pecado del mundo entero. Esto establece el hecho que Dios salvará a toda la humanidad y se pone la responsabilidad en Sí mismo para hacer esto. Sin embargo, la manera en que Él hace esto es nuestra pregunta actual. Nosotros vemos en Mateo 18 que Él no perdona a todos sin tener en cuenta sus acciones. Aquéllos que no tienen la fe en Su Sacrificio serán responsables hasta el gran Jubileo de Creación al final de tiempo. Ésos que tienen la fe en Él son ciudadanos del Reino y obtendrán la inmortalidad a la resurrección general de los muertos (Apocalipsis 20:11-13; Juan 5:28, 29). Pero los sacerdotes del Reino (los vencedores) heredarán la inmortalidad en la primera resurrección y gobernarán con Él en el Reino (Apocalipsis 20:4-6).
La moraleja de la parábola del deudor no era para definir la diferencia entre creyente e incrédulo. Era definir la diferencia entre creyente regular (un cristiano) y vencedor. El deudor perdonado tenía el derecho legal para obtener la deuda pequeña que su vecino le debía. En ninguna parte de la parábola es ese derecho abrogado. Pero a la vez, el rey tenía el derecho para extraer la deuda grande del deudor. Y por eso el rey trató al primer deudor según su propia norma de medida. Si él no pudiera perdonar la deuda pequeña de su vecino, entonces tampoco el rey perdonaría la deuda más grande.
En mi vida temprana cuando esta parábola se leyó a mí, me dijeron que yo perdería mi salvación si yo no perdonara cada pecado que los demás cometieron contra mí. Huelga decir que esto me mortificó y me puso bajo la presión extrema, porque yo también fui enseñado que si yo perdiera mi salvación, entonces yo me quemaría por siempre en el infierno. Ésa era una carga cruel para imponer a un niño, y yo no quiero que nadie más sufra la misma angustia mental.
Pues entonces, permítame explicar que esta parábola NO se dirige a la pregunta de nuestra "salvación" o "justificación por fe". Se trata de ser vencedor. La justificación es pintada en la fiesta de Israel llamada Pascua por donde uno es justificado por la sangre del cordero. Esta parábola, sin embargo, trata con otra de las fiestas de Israel llamada el Jubileo que ocurrió aproximadamente seis meses después de Pascua.
El Jubileo era un día en que todas las deudas fueron perdonadas cada 49 años. Precedió la gran Fiesta de Tabernáculos que pinta el tiempo cuando nosotros somos vestidos con la inmortalidad (2 Corintios 5:1-4). En tiempos antiguos, a la Fiesta de Tabernáculos las personas dejaron sus casas y construyeron "tabernáculos" hechas de ramas de árboles vivientes. Parecía ser un campamento de una semana de duración. Esto era profético del día en que los vencedores dejan la "casa" mortal presente y moran en una casa no hecha con manos la cual actualmente es reservada para nosotros en el cielo. Esto se discute más completamente en mi libro, Las Leyes de la Segunda Venida.
Y así, la parábola de Jesús del deudor nos da la llave para entender como ser vencedor, y no meramente creyente. Ser creyente significa poner la fe de uno en Jesucristo. Ser vencedor (en la parábola) significa ser "perdonador". Éste es uno de los requisitos primarios para heredar la primera resurrección como vencedor. Sin tener la habilidad de perdonar, nadie será puesto en una posición de liderato para gobernar en el Reino de Dios. Después de todo, hágase esta pregunta: ¿Querría USTED a un juez o gobernante no perdonador puesto en autoridad encima de USTED? No, y Dios tampoco hará esto. Simplemente porque una persona es creyente cristiano no le califica para gobernar en el Reino de Dios.
Lección 2
Ser Obediente
Un vencedor es uno que ha aprendido a ser un siervo obediente de Dios. Uno tiene que ser un siervo antes de uno puede ser un verdadero hijo, porque aun los hijos tienen que aprender la obediencia como siervos mientras ellos todavía son niños (Gálatas 4:1). Una marca de un cristiano inmaduro es uno que espera tener los privilegios de un hijo antes de llegar a la madurez. Ellos piensan que son los hijos sólo porque ellos han "nacido de nuevo" en la familia de Dios. Pero ellos no se dan cuenta de que estar en la familia de Dios exige un crecimiento cristiano para aprender responsabilidad, para que ellos sepan usar la autoridad con cordura con la mente de Cristo.
En tiempos antiguos Israel celebró tres fiestas principales, cada una de las cuales tiene significado para nosotros hoy. Las tres eran: Pascua, Pentecostés, y Tabernáculos. Pascua celebró el día que Dios libró a Israel de Egipto. Era el día que Moisés empezó a llevar a los israelitas a la Tierra Prometida. Después de cruzar el Mar Rojo, Moisés los llevó a un lugar llamado el monte Sinaí donde Dios les dio los Diez Mandamientos. Ese día llegó a ser celebrado como la fiesta de Pentecostés.
Un año después de que Dios les dio la ley, Israel dejó al monte Sinaí y empezó a acercarse a la tierra de Canaán que Dios les había prometido como su herencia. Cuando la gente llegó allí, ellos les enviaron a doce hombres a reconocer la tierra. Ellos volvieron después de 40 días y dieron su informe. La tierra era muy productiva, ellos dijeron, pero ya estaba habitada por demasiada gente, algunos de quienes eran gigantes. La fe de la gente derritió, y ellos no creyeron que Dios pudiera ayudarles a conquistar la tierra. Así que Dios les hizo volver al desierto durante otros 38 años antes de permitirles entrar en la tierra bajo Josué.
El punto es que si Israel hubiera heredado la tierra en su momento designado, ellos habrían entrado en la tierra en el primer día de la Fiesta de Tabernáculos. En cambio, ellos se negaron, y esa generación todos se murieron en el desierto sin recibir su herencia. Aun así, ellos habían de conmemorar ese día por celebrarlo como la Fiesta de Tabernáculos todos los años.
El Significado a Nosotros
El significado para nosotros es esto: Nosotros mismos fuimos salvados de nuestra propia esclavitud por la muerte de Jesús en la Cruz. Él se murió a la Fiesta de Pascua para traer la Iglesia a su herencia divina, su "Tierra Prometida". Pero éste era sólo el principio de la jornada. Siete semanas después al día de Pentecostés, el Espíritu Santo fue dado a la Iglesia (Hechos 2). Éste era el verdadero cumplimiento de Pentecostés, así como la muerte de Jesús en la Cruz era el verdadero cumplimiento de Pascua.
Pero el Pentecostés no era la fiesta final a ser cumplida. La tercera gran fiesta era la Fiesta de Tabernáculos (Tabernáculos), representando la herencia, nuestra "Tierra Prometida". Esto no se refiere a una persona que "va al cielo". El cielo no es nuestra herencia. Nuestra herencia es el cuerpo glorificado, el "tabernáculo" que nos vestirá en la inmortalidad (2 Corintios 5:1-4).
Es que nosotros perdimos ese cuerpo inmortal cuando Adán pecó hace tiempo. El cuerpo es hecho del polvo de la tierra. Es nuestra "herencia de la tierra". La intención de Dios era mostrar Su gloria en la tierra como la es en el cielo. Su propósito no será cumplido hasta que Su gloria cubra la tierra como las aguas cubren el mar (Habacuc 2:14). Su intención es no destruir este "polvo" sino llenarlo de Su gloria. Esto fue ilustrado y demostrado por el propio Jesús cuando Él fue transfigurado en el monte (Mateo 17:1-5).
Un vencedor es uno que cumple toda la jornada de "Egipto" a la "Tierra Prometida". Para hacer esto, él debe dejar Egipto primero. Es decir, él experimenta Pascua poniendo su fe en Jesucristo, el "Cordero de Dios" (Juan 1:29). En el Nuevo Testamento, esto se llama la "Justificación" (Romanos 4:25).
Segundamente, él experimenta Pentecostés por ser llenado con el Espíritu Santo. Esto es una experiencia separada que empieza el proceso llamado "Santificación" (1 Corintios 1:30). Esto significa nosotros somos apartados para servicio divino, y que nosotros empezamos con aprender obediencia por ser llevado por el Espíritu Santo. Mientras una persona aprende a ser llevada por el Espíritu, él aprende a oír y obedecer la voz de Dios.
Si él califica como un siervo fiel, entonces él es elegible para la tercer y final fiesta, Tabernáculos, por la cual él es vestido con la vestidura de inmortalidad. Cada creyente recibirá este premio en el futuro, pero no todos lo tendrán a la primera resurrección. La mayoría tendrá que esperar la segunda resurrección descrita más arriba en parte una: De Ser Perdonador. El hecho simple es que la Iglesia de la Edad de Pentecostés en los últimos 2,000 años ha seguido el ejemplo de la israelita "congregación [iglesia] en el desierto" (Hechos 7:38) bajo Moisés.
La Ley y Obediencia
La justificación es exclusivamente por fe. Pero una vez una persona ha sido justificada, salvada, nacida de nuevo--cualquier cosa que se lo prefiere llamar--Dios entonces empieza a enseñar obediencia al creyente. Nadie es justificado por la ley--es decir, por la obediencia a la ley. Pero tampoco es un creyente santificado aparte de la ley. Un verdadero pentecostés no es sin ley sino legal.
Cuando yo uso el término "ley", yo me refiero a cualquier mandamiento que Dios nos da, si parte del registro escrito de las Escrituras o por una indicación directa del Espíritu Santo. Cualquier cosa que Dios dice que hacer es una ley, porque Dios requiere obediencia a todos Sus mandamientos.
Israel fue “salvado” o "justificado por fe" cuando ellos dejaron a Egipto. Es decir, ellos contestaron la llamada y tenían la fe que Dios los sacaría de esclavitud y los pondría en la herencia que Él les había prometido. Esto precedió la ley por aproximadamente cincuenta días. Esto era para mostrarnos que la justificación es distinta de la ley y de la santificación. Romanos 3:28 dice,
28 Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.
Una vez que Pablo estableció que justificación no es por la ley, entonces en Romanos 6 él empezó a enseñar los principios de santificación. Romanos 6:1,2 dicen,
1 ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? 2 En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?
"Pues el pecado es infracción de la ley" Juan dice en 1 Juan 3:4 (Reina-Valera 1960). Más literalmente el verso dice que "pecado es sin ley". La palabra griega es anomia. Viene de la palabra griega nomos, "ley". La ley define pecado para nosotros. El homicidio es un pecado porque la ley así lo define en Éxodo 20:13. El adulterio es un pecado porque la ley así lo define en Éxodo 20:14. El robo es un pecado porque así la ley lo define en Éxodo 20:15.
El Apóstol Pablo nos dice en Romanos 3:20, "porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado". Él también dice en Romanos 7:7,
7 ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.
Es el mismo en la sociedad de hoy. Nuestro gobierno tiene leyes que definen "pecado" como ellos lo ven. Si no hubiera ninguna ley contra el robo u homicidio, entonces ni siquiera el juez más inteligente no podría declarar culpable a cualquier hombre de robo o asesinato. Esto es porque los hombres promulgan las leyes. Ellas son la norma de medida en cada corte para decidir culpa o inocencia.
Así es con el Reino de Dios. La norma de medida para la conducta cristiana es la ley divina. Romper uno de Sus leyes es ser un pecador. Y nosotros sabemos que todos los hombres han roto la ley, porque Romanos 3:19 y 23 dicen,
19 Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios;… 23 por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.
Porque todos los hombres han pecado, no hay ninguna manera para cualquiera ser justificado por la ley, porque la ley sólo puede condenar al culpable. Pero Jesús vino y pagó la deuda por el pecado del mundo entero para que nosotros pudiéramos ser justificados. A la ley no le importa quien pague la deuda, con tal que se pague. Jesús satisfizo la demanda completa de la ley, y por eso la ley ya no tiene derecho para condenarnos u obligarnos a pagar la deuda por nuestro pecado.
Aún en hacer esto, Jesús no deshizo la ley. Si Él hubiera deshecho la ley, Él no habría necesitado pagar su multa. Él simplemente podría haber derogado la ley. Pero Él no hizo esto, porque el Apóstol Pablo dice en Romanos 3:31,
31 ¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley.
En América y cada otra nación, los hombres están cambiando constantemente sus leyes. Nosotros teníamos leyes prohibiendo adulterio y relaciones homosexuales. Esas leyes se han deshecho ahora. Esto significa que nadie puede estar procesado en una corte de ley si ellos hacen estas cosas. Otros quieren deshacer las leyes contra el uso de marihuana o heroína. Si esas leyes son deshechas, tampoco nadie podría ser procesado por hacer esas cosas.
Así es con la ley de Dios. Algunos cristianos enseñan que Dios deshizo Su ley, y no sólo unas de las leyes, sino la ley entera. Si ése fuera el caso, entonces toda la actividad humana sería legal en los ojos de Dios. No habría ninguna cosa tal como el pecado. Dios no tendría ningún derecho para juzgar a cualquier hombre o nación para la desobediencia, porque nada podría ser definido como desobediencia o pecado. Romanos 4:15 dice, "donde no hay ley, tampoco hay transgresión".
¿Hay pecado en el mundo? Sólo si la ley todavía es en efecto. ¿Juzgará Dios al mundo al Gran Trono Blanco? Sólo si hay una ley por la cual Él puede juzgar.
Esto no significa que las leyes no pueden cambiar. Ellas se cambian. Hay leyes morales, claro, que quedan inalteradas. Pero hay ciertas formas de la ley que cambian, y hay cambios en la administración y autoridades que cambian. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento, Dios requirió que los hombres trajeran los sacrificios al templo. En el Nuevo Testamento, Jesús llegó a ser el Sacrificio final por todo tiempo que nunca tendría que ser repetido. Igualmente, en el Antiguo Testamento, la autoridad sacerdotal fue restringida a la porción de Levitas que fuera descendida directamente de Aarón, el hermano de Moisés. Pero en el Nuevo Testamento Jesús vino por un orden diferente de sacerdocio llamado el Orden de Melquisedec (Hebreos 5:6) que no requirió descendencia física de Aarón. En cambio, requirió descendencia espiritual de Jesucristo, el Sumo Sacerdote continuo de aquel Orden.
Entonces sí, ciertas cosas en la ley fueron cambiadas. Pero el homicidio todavía es un pecado, el robo todavía es un pecado, y el adulterio todavía es un pecado. Dios no cambió a Su parecer en esos asuntos morales, tampoco Él no los legalizó de repente cuando Jesús murió en la Cruz.
Pentecostés y Obediencia
Romanos 10:17 nos dicen que la "Así que la fe es por el oír". En el idioma hebreo del Antiguo Testamento, la palabra shema significa "oír u obedecer". Nosotros podemos traducirlo de cualquier modo y todavía sea correcto. En otros términos, el concepto bíblico de oír a Dios no puede separarse de la obediencia a lo que uno ha oído. Si una persona afirma haber oído a Dios hablar, pero no obedece Su voz, entonces esa persona realmente no ha oído nada. Esto es eso que el Apóstol Santiago quiso decir cuando él escribió en Santiago 2:17 y 24,
17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma…24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.
Esto ha confundido a las muchas personas que piensan que el Apóstol Santiago estaba contradiciendo al Apóstol Pablo (Romanos 3:28 a 4:5). Pero esto no es el caso. Los dos eran correctos. Pablo era correcto en separar la justificación de santificación--eso es, Pascua de Pentecostés. Pero Santiago era correcto en poner obras con fe--eso es, obediencia con oír.
La enseñanza de Pablo nos dice que Pascua y Pentecostés son dos fiestas diferentes que conmemoran dos ocasiones diferentes. Israel salió de Egipto antes de recibir la ley en el monte Sinaí. Por lo tanto, la justificación es por fe, aparte de la obediencia a la ley.
La enseñanza de Santiago nos dice que en la fiesta de Pascua, Israel recibió la revelación que ellos tenían que matar a un cordero y poner la sangre en los postes y en los linteles de las puertas de sus casas. Oyendo esa palabra no era bastante. Ellos tenían que actuar en ella para salvar a sus primogénitos de la muerte. Así, la obediencia es el resultado de fe, y sin la obediencia, no hay nada de fe genuina.
Si usted ha sido justificado por la fe y cree que Jesucristo murió por sus pecados y resucitó de nuevo por su justificación, entonces usted ha empezado su jornada a la Tierra Prometida. Usted ha “salido de Egipto", el lugar donde usted estaba en la esclavitud de su pecado. Usted es ahora parte de la "congregación" (la Iglesia), así como ésos que dejaron a Egipto en Pascua eran parte de la Iglesia en el desierto (Hechos 7:38). Esto significa que usted es ahora un CIUDADANO del Reino. Los ciudadanos bajo Moisés fueron permitidos entrar en el atrio exterior del Tabernáculo.
Había tres partes en el Tabernáculo de Moisés: el atrio exterior, el Lugar Santo, y el Lugar Santísimo. Al considerarnos ser el templo de Dios, estas tres partes del Tabernáculo corresponden al cuerpo, alma, y espíritu. Pero nosotros también podemos ver estas tres partes por lo que se refiere a nuestro lugar en el Reino: el Ciudadano, Sacerdote, y cuerpo del Sumo Sacerdote. (Hoy nosotros somos de un sacerdocio de Melquisedec, no un sacerdocio de Leví.)
Una vez usted ha salido de Egipto y ha llegado a ser ciudadano del Reino, usted es elegible ir al "monte Sinaí" para experimentar Pentecostés. Esto a veces está llamado un "segundo trabajo de gracia" en nuestras vidas. Un verdadero Pentecostés es uno que entra en el Lugar Santo del Tabernáculo. Sólo los sacerdotes podían entrar en el Lugar Santo. Así, un verdadero Pentecostés es más que un simple CIUDADANO del Reino. Él también es un SACERDOTE del Reino.
El modelo del Antiguo Testamento para esto se ve en el hecho que ésos de la tribu de Leví eran ciudadanos del Reino, pero los descendientes de Aarón eran sacerdotes.
Pentecostés es la fiesta del dar de la ley. Celebra el día que Dios le dio los Diez Mandamientos a Israel en el monte Sinaí en Éxodo 20. En esa ocasión, Dios habló, y toda la gente oyó la voz de Dios. Deuteronomio 4:12 dice,
12 y habló Jehová con vosotros de en medio del fuego; oísteis la voz de sus palabras, mas a excepción de oír la voz, ninguna figura visteis.
Israel estaba demasiado temeroso en ese momento para oír más de sólo los Diez Mandamientos. Ellos le pidieron a Moisés que le dijera a Dios que dejar de hablarles directamente (Éxodo 20:18-21). Ellos prefirieron dejar a Moisés decirles lo que Dios dijo en vez de oír a Dios directamente--es decir, oír Dios indirectamente a través de un agente humano. Hebreos 12:19 refiere a ese día, diciendo,
19 al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más,
Ese día Israel estableció un precedente terrible por negar a oír la voz de Dios directamente para ellos mismos. Ellos quisieron a un hombre, un predicador profesional, a oír a Dios y entonces decirles lo que Él dijo. Ellos quisieron una relación indirecta con Dios. Así que Dios les concedió su petición. En lugar de escribir Su ley en sus corazones por Su voz, Él les dio la ley en las tablas de piedra. Si las personas querían oír la voz de Dios, ellos tenían que leer las tablas que no tenían ninguna vida. Ellos no entendieron que "la fe es por el oír" (Romanos 10:17), y que “sin fe es imposible agradar a Dios" (Hebreos 11:6).
Uno puede recibir fe ciertamente por leer las tablas de piedra (o la palabra escrita que nosotros llamamos la Biblia). Pero esto sólo puede pasar a través de la acción del Espíritu Santo. Nosotros no podemos pasar por alto la voz directa de Dios y todavía esperar ver nuestra fe crecer. Nosotros tenemos que aprender a oír a Dios si nosotros estamos leyendo la Palabra, o escuchando a un predicador, u observando las señales de la época. Los aspectos exteriores en sí y de sí mismos no producirán fe en nosotros. La fe viene cuando nosotros vemos a Dios y oímos Su voz en los aspectos exteriores.
Dios desea una relación personal y directa con cada uno de nosotros. Esto es lo que nos separa de aquéllos adorando al "dios desconocido". Dios no está satisfecho a tirar las Escrituras a nosotros y después dejarnos deducir cómo vivir por ellas. Él opera en nosotros por Su Espíritu cada momento del día, y si nosotros solamente escuchamos, nosotros siempre podemos ser guiados por esa voz quieta, interior.
Esto es Pentecostés. Desgraciadamente, Israel se estableció un ejemplo en Éxodo 20 que rechazó el verdadero significado de Pentecostés. Ellos todos sí oyeron los Diez Mandamientos, y entonces nosotros vemos que aún hoy que esta porción de la ley es conocida en la Iglesia. Pero el resto de la ley sólo fue dada indirectamente a Israel, porque Moisés era el único que oyó el resto de la ley cuando él ascendió al monte en Éxodo 20:21. Es infortunado que incluso en la Iglesia hoy, el resto de la ley queda ocultada de la mayoría de la gente. Ellos no la estudian, porque no es una revelación a ellos. Hay un velo encima de sus ojos que no es quitado excepto por la revelación del Espíritu Santo, que exclusivamente puede traer esta porción de Escritura a la vida.
En Hechos 2 el velo fue quitado de los ojos de los 120 discípulos en el aposento alto. Ellos superaron los efectos de la decisión de sus antepasados. Los 120 decidieron que ellos sí querían oír el resto de la revelación de Dios. Ellos no estaban satisfechos con lo que ellos habían oído en tiempos pasados. Ellos no estaban satisfechos con vista parcial y oído parcial. Ellos querían que Jesús sanara su ceguedad parcial, así como Jesús sanó en el noveno capítulo de Juan al hombre que nació ciego.
Milagros e Iniquidad
La mayoría de los cristianos ha leído más de una vez el "Sermón del monte" de Jesús. Es escrito en Mateo 5-7. Hacia el fin de este pasaje, Él habla de saber la diferencia entre los profetas verdaderos y falsos por su "fruto". Entonces dice en Mateo 7:21-23,
21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23 Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.
La palabra griega traducida "sin ley" es anomia. La Reina-Valera 1960 le traduce “maldad”, que es técnicamente correcto pero no lleva adecuadamente a la mayoría de la gente el concepto de despreciar la ley de Dios. Una mejor traducción es "el pecado es sin ley o un rechazo de la ley".
En este pasaje Jesús estaba hablando sobre creyentes. De hecho, Él estaba hablando sobre creyentes que incluso podían realizar milagros. Ellos son incluso personas que tienen el Espíritu Santo hasta cierto punto, porque nosotros leímos en 1 Corintios 12:3, "nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo". Al parecer Jesús no era tan impresionado por milagros como son otros hombres. Los milagros son buenos y ciertamente muy útiles, pero nunca se dice que son una marca de un vencedor. Así si usted nunca ha realizado un milagro, no se desanime en su búsqueda para ser un vencedor. Esto no es una lección en hacer milagros; es una lección en simple obediencia como llevado por el Espíritu Santo.
En Números 20:11 Moisés golpeó la peña, y un milagro sucedió. El agua salió de la piedra para los israelitas. Pero Dios no le había dicho a Moisés que golpeara la peña--no en esta ocasión. Dios le dijo en verso 8 que hablara a la peña. Moisés era desobediente y debiera de haber sabido mejor, y por esta razón no le fue permitido a entrar en la Tierra Prometida.
Esto es un buen ejemplo de cómo milagros pueden ser hechos en desobediencia a Dios. Jesús previo el día cuándo "muchos" dirían, "Señor, Señor, ¿no hemos hecho muchos milagros en Su nombre”? Jesús no disputó su declaración. Pero los milagros no determinan quién es y quién no es vencedor. Dios es más interesado en obediencia que en milagros.
Cizaña y Trigo
En la parábola de Jesús de la cizaña en el trigo, Jesús de nuevo usa el término anomia, diciendo en Mateo 13:41,
41 Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, 42 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes.
¿Serán juzgados los transgresores por "fuego"? Sí, eso es lo que dice, pero yo no creo que esto sea un fuego literal que tortura a gente. Para un estudio completo en la naturaleza y duración del "fuego", vea nuestro libro, Los Juicios de la Ley Divina. Allí nosotros mostramos que el “fuego” es la "ley ardiente" que Dios dio a Israel (Deuteronomio 33:2). Representa el juicio divino de la ley. La ley nunca prescribió tortura para cualquier pecado. Por ejemplo, el "fuego" aplicado a un ladrón era que él tendría que pagar la restitución (Éxodo 22:1-4).
Hay dos tipos de personas sin ley: los creyentes e incrédulos. Los dos serán juzgados según la ley divina. Pablo dice de creyentes en 1 Corintios 3:11-15,
11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 12 Y si sobre este fundamento [Cristo] alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el FUEGO será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el FUEGO la probará.
Note aquí que ese Pablo estaba hablando de aquéllos que estaban construyendo en el Fundamento que es Cristo. Si Cristo ya es puesto como el fundamento en sus vidas, entonces ellos son cristianos. Lo que cristianos hacen DESPUÉS de que ellos han recibido a Cristo es pintado por el oro, plata, y piedras preciosas--si ellos han hecho las cosas en obediencia y por fe. Pero si ellos han construido con madera, heno, u hojarasca, estas cosas pintan esos trabajos de la carne (obras sin ley) que pueden y serán quemados por el fuego de Dios en aquel día.
14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.
Claramente, esto indica que los creyentes serán probados por el fuego de alguna manera. Sus trabajos serán juzgados según la medida de la ley ardiente. Todas obras sin ley serán consumidas en el fuego, porque ellos son la madera, heno, y hojarasca.
Volviendo a la parábola de la cizaña y el trigo en Mateo 13, Jesús dice que aquéllos que "hacen iniquidad" son cizaña--es decir, parecidos como creyentes, pero cuyo fruto es venenoso, no nutritivo. Al principio, cizaña y trigo se ven igual. Sólo cuando ya viene la cosecha que la diferencia se pone clara, porque el trigo se pone pesado con el grano e inclina su cabeza como en humildad. La cizaña produce semilla pequeña, ligera que queda recta y cuya semilla es venenosa. Nosotros los conoceremos de verdad por su fruto.
Legalismo Es Iniquidad
Siempre que decimos que cristianos deben ser legales [lícitos], hay siempre algunos que piensan que esto significa que tenemos que ser legalistas. Los escribas y Fariseos eran legalistas, y nosotros no defendemos el ser como ellos. Para seguir la ley, ellos la rompieron realmente en su escrupulosidad.
Muchos ejemplos son dados en Mateo 5. El legalismo es donde una persona lee la ley que dice, "No matarás", pero ellos piensan que está bien de odiar a su vecino (Mateo 5:21, 22). El legalismo es donde una persona lee la ley que dice, "ojo por ojo", y entonces ellos insisten que sea su sagrado deber para exigir la venganza por completa a todos aquéllos que los ofenden (Mateo 5: 38-42). Legalismo es donde una persona lee en la ley, "Amarás a tu prójimo", y entonces agrega su propia tradición, "y odias a tu enemigo". Legalismo es donde una persona define "prójimo" limitadamente para que ellos no tengan que amar a aquellos que ellos quieren odiar.
Esto es porque Jesús precedió todos estos ejemplos por decir que nuestra justicia debe exceder la de los fariseos (Mateo 5:20). En otros términos, nosotros tenemos que hacer una tarea mejor de interpretar y aplicar la ley que ellos hicieron. Muchas de sus opiniones destruyeron la ley. En Marcos 7:7-9,13 Jesús les dijo,
7 Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres. 8 Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes. 9 Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición…13 invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas.
Es muy infortunado que los hombres interpreten y apliquen la ley por su mente carnal y entendimiento, en lugar de permitir al Espíritu Santo hacer esto por ellos. Éste era el problema con los escribas y fariseos por el día de Jesús, como Jesús dijo en Mateo 23:27, 28,
27 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. 28 Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad [anomia].
El problema ha persistido al presente. Cuando los hombres hacen esto, ellos se ponen legalistas, y ellos causan a otros a echar al lado completamente la ley. En hacer esto, ellos ya no son capaces de vivir por CADA palabra que ha venido de la boca de Dios (Mateo 4:4). Es el trabajo del vencedor orar para ver la diferencia entre ley y legalismo, para que no sean sin ley [transgresores].
Un legalista busca escapatorias en la ley para justificar su pecado. Él no es interesado en hacer la voluntad de Dios, sino quiere pecar con inmunidad. La ley tiene huecos en la revelación, porque si Dios hubiera dado la legislación sobre cada acción, los volúmenes habrían sido interminables. Un ejemplo se encuentra en la ley de Pascua. La ley dijo que cada hombre ha de celebrar la fiesta. Pero también dijo que uno que estaba sucio NO podía guardar la fiesta.
Aconteció que un hombre se murió, y sus hijos lo enterraron (Números 9). En tocar al cuerpo muerto, ellos ya se volvieron inmundos y no pudieron celebrar Pascua. Así que ellos vinieron a Moisés para preguntarle qué hacer en este caso. Moisés reconoció que todavía Dios no había decretado en cosas así, y por eso él fue a Dios para conseguir más revelación sobre esto. Dios le dijo que si ellos no podían celebrar Pascua en el primer mes, ellos habían de celebrarla en el segundo mes en el mismo día del mes.
Esta decisión era una tremenda revelación, porque nos muestra que hay una segunda oportunidad en ser justificada por la fe en la sangre del Cordero. Muchos han desdeñado la idea de "segunda posibilidad” [en el sentido de un juego de azar], insistiendo que uno sólo puede ser justificado en este tiempo de vida presente. Pero la ley manifiesta el corazón de Dios en este asunto. Si una persona está "inmunda" en este siglo, hay una segunda oportunidad (no juego de azar) para ser justificada en el siglo venidero. Esta idea se discute más completamente en mi libro grande, El Jubileo de Creación y un folleto más pequeño, ¿Si Dios Pudiera Salvar A Todos--Lo Haría?
Un legalista interpreta la Biblia según el ídolo de su propio corazón--es decir que su propio deseo y entendimiento, en lugar de una revelación del Espíritu Santo. Él busca los huecos en la ley para justificar su pecado, o él le agrega de sus propias tradiciones a la ley que hace la ley una carga pesada a la gente. Vencedores son aquéllos cuyo deseo es conocer a la mente de Dios, en lugar de establecer su propio deseo o punto de vista. Ellos quieren ser obedientes auténticamente, en lugar de dictar sus deseos a Dios.
El Guiar del Espíritu Santo
Siempre ha sido el deseo de Dios de llevarnos por la acción directa del Espíritu Santo. Esto fue pintado bajo Moisés por la columna de fuego de noche y la columna de nube de día que llevó a Israel en el desierto. Sin embargo, los hombres son de mentalidad carnal y parecen tener dificultad para oír la voz de Dios. Algunos tienen corazones rebeldes que niegan a oír, y otros tienen mucha idolatría del corazón que les impide oír.
Por esta razón, Dios ha dado la ley en tablas externas (sea piedra o papel no es el asunto). Dios prefiere escribir la ley en nuestros corazones por la palabra hablada, porque eso hace interna la palabra y le hace una parte de nuestra misma naturaleza. Pero pocos parecen poder oír esa palabra, y así nosotros hemos sido dados un registro escrito de la palabra. Los hombres estudian esta palabra escrita con la mente carnal o por la mente espiritual con resultados diferentes.
El Espíritu Santo no fue dado como una alternativa mejor a la ley, o como un suplente de la ley. El Espíritu Santo fue dado para que nosotros pudiéramos conocer a la mente de Dios cada vez que Él habla. Las cosas que fueron escritas en el pasado estaban principalmente escondidas de los hombres, y estas cosas sólo podrían ser reveladas por la acción directa del Espíritu Santo. En otros términos, el Espíritu Santo es el iluminador de la ley, el Quien que nos da entendimiento. Esto era lo que Jesús hizo personalmente mientras Él caminaba con los discípulos. Pero cuando Él los dejó corporalmente, el Espíritu Santo llegó a ser Su suplente de esta manera. John 14:25, 26 dice,
25 Os he dicho estas cosas estando con vosotros. 26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
Por lo tanto, el Espíritu Santo no es un suplente de la ley, sino un suplente por Jesús. Entendiendo esto, nosotros no entraremos en la trampa--legalismo o iniquidad [anomia]. En cambio, nosotros aprenderemos a seguir el llevar del Espíritu Santo, que nunca nos dice que violemos la ley de Dios. El Espíritu puede llevarnos a violar tradiciones humanas--su comprensión de la ley--pero no la ley como Dios la quería ser entendida del principio.
Se ha dicho que Jesús violó a menudo la ley divina. Los fariseos creyeron esto, y ellos lo crucificaron por una acusación de blasfemia por afirmarse ser el Mesías. Ellos no podían encontrar otra acusación contra Él. Poncio Pilato encontró al Cordero de Dios estar sin mancha, diciendo, "ningún delito hallo en Él" (Juan 19:4). Los corderos de Pascua fueron exigidos estar sin defecto (Éxodo 12:5). Jesús cumplió esa ley. Así ¿cómo cualquiera puede decir que Él violó la ley? Si Él fuera culpable de pecado, Él no habría calificado como el Cordero de Dios para llevarse nuestro pecado. El pecado es infracción de la ley [anomia] (1 Juan 3:4).
El Significado de Obediencia
La mayoría de cristianos entiende que Dios quiere que ellos sean obedientes. Algunos equivocadamente hacen obediencia un requisito para salvación (justificación), y esto los pone bajo la esclavitud de intentar ser lo suficiente para merecer la salvación. Esa vista es mantenida por aquéllos que no saben la diferencia entre Pascua y Pentecostés. Pascua nos trae justificación por la fe, aparte de las obras (Romanos 3:28). Pentecostés, sin embargo, nos trae la obediencia y no puede ser separado de nuestras obras.
En Pentecostés, nosotros somos llevados por el Espíritu para hacer cualquier cosa que Dios nos lleva (o nos dice) que hagamos cada día. Ése es el significado de obediencia. Afecta directamente todo lo que nosotros hacemos. Si una persona afirma ser llenada del Espíritu, pero niega a ser obediente, él no es un verdadero Pentecostés. 2 Corintios 10:5 dice que nosotros hacemos la guerra espiritual para este propósito:
5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.
El Apóstol Pedro confirma esto diciendo en 1 Pedro 1:14,15,
14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;
Nosotros no necesitamos machacar este punto, ya que la mayoría de las personas entiende que obediencia es una virtud. Como yo lo veo, el problema más importante es que las personas han desasociado la obediencia de la ley. No es que los primeros cinco libros de Moisés representan la ley entera. No es así. La ley es la palabra escrita entera, junto con cada palabra hablada que Dios ha dicho alguna vez a todos los hombres individualmente. Cualquier cosa que Dios les dice a los hombres que hagan es una ley simplemente porque requiere la obediencia. El único calificador a esto es que los hombres también deben orar para saber la voluntad de Dios en cada orden. Si nosotros intentamos obedecer según nuestra comprensión carnal, nosotros estamos seguros de fallar a pesar de nuestras "buenas intenciones".
Lección 3
De Amor Incondicional
Un vencedor es uno que sabe amar incondicionalmente. Hay más de un tipo de amor--o con más precisión, hay más de un nivel de amor. El nivel de amor que nosotros exhibimos depende totalmente en nuestra habilidad de amar. Nuestra habilidad de amar depende en nuestro nivel de madurez. Nuestro nivel de madurez manifiesta nuestra progresión de Egipto a la Tierra Prometida.
Dios tiene niños. Estos niños no nacen como adultos maduros. Ellos nacen como bebés espirituales que están en necesidad de crecimiento y aprendizaje. Nosotros no le permitiríamos a un niño de dos años a manejar un automóvil en la autopista de Los Ángeles. Ni elegiríamos a uno de diez años para ser presidente de la nación. Tales responsabilidades son para aquéllos que han llegado a ser adultos física y emocionalmente. Pero ¿qué sobre volverse un adulto espiritualmente?
¿Permitirá Dios a un bebé espiritual a gobernar en Su Reino? Si Él permitiera tal cosa, yo sentiría compasión por aquéllos siendo gobernados. Cualquiera que ha estudiado la historia sabe que la mayoría de los reyes y otros gobernantes del pasado había alcanzado la madurez física, y a menudo incluso había alcanzado madurez emocional--pero muy pocos habían sido espiritualmente maduros. Debido a su inmadurez, la gente a menudo sufrió injusticia y tiranía bajo la dirección civil y religiosa. Dios ha permitido la humanidad para experimentar este tipo de injusticia para hacer a las personas desear algo mejor. Viendo la opresión de los reinos de hombre, Dios expone su contraste en el concepto del Reino de Dios, gobernado por el Mesías y Su cuerpo maduro de vencedores. Hageo 2:7 dice,
7 y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos.
Si hay algo que las naciones desean hoy es paz y justicia. Ellos han tenido bastante derramamiento de sangre e injusticia. Ellos anhelan a líderes que gobiernen por amor, en lugar de miedo. El problema es que sus propios líderes civiles y religiosos les prometen paz, pero ellos no son capaces de entregársela. Ellos quieren paz, pero sólo en sus condiciones. Todos los tiranos en el mundo querían paz--pero ellos quisieron conquistar a todas las otras naciones para lograr esa paz. Tales tiranos no conocen el amor de Dios; ellos son egoístas y sirven a sí mismos. No importa si esos tiranos se llamen reyes o papas. Si su deseo es ser servido en lugar de servir, ellos no conocen al Dios de la Biblia. Todos tales hombres son descalificados de gobernar en el Reino de Dios.
Otro problema es que hay demasiada gente ambiciosa y organizaciones que también quieren gobernar. Cada uno tiene un grupo de seguidores que apoyan su intento de conseguir el poder. Esto trae guerras civiles, asesinatos, y conflictos continuos, y causa a los gobernantes actuales para pasar leyes restrictivas e imponerlas por medios militares. Así que los gobernantes actuales no son el único problema. El problema se causa igualmente por los gobernantes aspirantes que hacen promesas a sus partidarios, y si exitosos, ellos invariablemente se vuelven los tiranos de su propia manera.
Tres Niveles de Amor
El idioma griego tenía más de una palabra para describir los varios tipos de amor. En esto, su idioma era mucho más específico que nuestro idioma inglés. Nosotros usamos el término "amor" para significar tener una relación sexual (es decir, "hacer el amor”), o el amor inmaduro (es decir, "amor juvenil"), o amistad, o el amor paternal, o el amor de sacrificio de sí mismo.
El idioma griego, sin embargo, tenía tres palabras por lo menos para describir el amor. Eros era el tipo más inmaduro de amor, describiendo sólo una atracción física que también podría convertirse en la lujuria. La palabra eros no se usa en absoluto en el Nuevo Testamento.
Phileo estaba en un nivel más alto, describiendo un amor fraternal, o el amor apropiado entre el hermano y hermana. Por lo tanto, Filadelfia quiere decir "Ciudad de Amor Fraternal". Aún nosotros sabemos que cuando los hermanos crecen juntos, su "amor" es principalmente basado en una relación de ir en medias. Es un amor judicial que busca establecer su propio derecho y lo que le “corresponde” a uno. Así, el amor phileo es condicional, y aquéllos que no pasan más allá de esta barrera no se han perfeccionado en el amor.
Toma un amor maduro llamado ágape para ser incondicional. Éste es el amor de Dios que Juan presenta a nosotros como nuestra meta de madurez espiritual. Agape es diferente del amor phileo. Cuando los hermanos crecen, ellos empiezan a aprender el principio de derechos de propiedad. Esto es mío, y esto es tuyo. No tomes el juguete de su hermano sin su permiso. Este lado del cuarto es mío, y este lado es tuyo. Los niños luchan a menudo para sus derechos, y los padres se encuentran en la posición de un árbitro, teniendo que tomar decisiones para resolver los argumentos. El padre es el que hace cumplir la ley, y cada vez que él o ella resuelve una disputa, el niño aprende algo sobre el amor phileo. Con tiempo, ellos aprenden respetar a los derechos legales de otros y tratar otros como ellos querrían ser tratados.
Esto es bueno, pero es sólo una fase del desarrollo del niño. Finalmente, para ser totalmente maduros ellos deben aprender amor incondicional que va más allá de los derechos de uno bajo la ley. Esto entra en los conceptos más altos de misericordia, gracia, y perdón. No es que nosotros debemos despreciar los derechos de la propiedad o desamparar las ideas de tratar a los demás con justicia para todos. Nosotros no somos llamados para quedarnos cortos de la ley, sino para ir más allá de ella en los principios establecidos en los Evangelios. Jesús dijo en Juan 13:34 y 35,
34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis [ágape] unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.
El único sentido en que éste era un nuevo mandamiento era porque la ley de Moisés requirió amor phileo, que es justicia igual hacia todos. La ley no exigió a nadie dejar sus derechos legales. La ley definió esos derechos y siempre mantendría el derecho de cualquier hombre a lo que era legalmente suyo. Pero Jesús nos mostró por ejemplo como rendir todo--incluso como ir a la cruz--para ser una bendición a otras personas. Eso era amor ágape en acción. Y eso es lo que Jesús dijo distinguiría a Sus discípulos del resto de la humanidad.
La ley de Moisés me exige que ame a mi vecino como a mí mismo (Levítico 19:18). Pero la ley no requiere a cualquier hombre poner su vida por otro. El nuevo mandamiento de Jesús me exige que ame a otros más de a mí, diciendo en Juan 15:13,
13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.
Por lo tanto, nosotros vemos que la ley por cierto define amor, pero está limitado al amor phileo. La ley nos guía mientras que nosotros estamos creciendo en la madurez espiritual. La ley establece las fundaciones de justicia y respeto hacia nuestros prójimos que es tan necesario en la mayoría de las relaciones de la vida. Aprendiendo el amor phileo es un requisito previo para aprender el amor ágape, porque ¿cómo puede amar con un amor incondicional una persona si él no ha aprendido el amor condicional primero en la ley? Ésta es la razón por la cual Dios dio la ley primeramente. Era para que Su gente pudiera aprender la justicia básica antes de seguir a los principios más altos de gracia que vinieron por Jesucristo (Juan 1:17).
Las Fiestas de Israel Retratan Niveles de Amor
Pueden verse las tres fiestas de Israel como las fases de desarrollo espiritual y también pueden ayudarse a definir el nivel de amor de cada persona. Cuando nosotros experimentamos la Fiesta de Pascua por poner nuestra fe en la sangre del Cordero de Dios, nosotros nos volvemos niños de Dios en el primer nivel. Nosotros somos bebés espirituales. Es un principio bueno, pero en esta fase de desarrollo, el nuevo cristiano está a menudo egoísta e ignorante.
Nosotros no esperamos mucho de un bebé, a parte de verse lindo. A un bebé, el mundo revuelve alrededor de él. Él sólo sabe lo que él quiere y no tiene ningún pensamiento sobre las necesidades de su madre o aquéllos alrededor de él. Si hambriento, él exige comida. Si mojado, él exige pañal nuevo. Si solo, él exige que le abrasen. Él no tiene ningún concepto de estar en el lugar de su madre. Si su madre está cansada u ocupada en hacer otras cosas, no le importa a él. Él sólo sabe su propia necesidad, y ésta es la cosa más importante en el mundo en ese momento.
Hay algunos adultos que viven sus vidas enteras sin desviarse mucho de esta fase de desarrollo. Tales personas ven las propiedades de otras personas como sus propias y pueden robarlas sin remordimientos de conciencia. Si ellos son puestos en posiciones de poder, ellos pueden robar con más eficacia, y tanto mejor. Ellos creen honestamente que otros existen para servirlos. Ellos se sienten “privilegiados”, y desprecian a la gente común. Por casualidad si ellos son religiosos, estos bebés espirituales justifican su estado privilegiado con exigir el derecho divino para gobernar.
El nivel de la cristiandad de Pascua es caracterizado por el amor eros, que es egoísta. Tales personas prefieren tomar, no dar. En la conversación, ellos tienen poco o ningún interés en oír, sino hablar. Si ellos se molestan para preguntar por su bienestar, usted es dichoso en contestar con una sola frase sin que le interrumpa con, "Eso me hace acordar de mi mismo..."
Tales cristianos todavía no son perfeccionados en amor, y Dios no les confiará a ellos autoridad ninguna para gobernar en Su Reino, porque ciertamente ellos perpetuarían la injusticia.
El nivel de la cristiandad de Pentecostés es caracterizado por el amor phileo. Como nosotros dijimos antes, éste es un amor judicial. Pentecostés es una fiesta que celebra el dar de la ley. Ésta es una fase necesaria de desarrollo, pero no es suficiente para gobernar en el Reino de Dios. No es el amor de los vencedores. Empero, Pentecostés es donde uno echa todas las fundaciones preparatorias para el amor ágape.
Aquéllos que oyen la voz del Espíritu y aprenden la obediencia también están aprendiendo a llevar a cabo la verdadera justicia, para que los derechos de otras personas no se violen. La persona de promedio, claro está, no se le llama a una posición de autoridad y por consiguiente está limitada/o en su habilidad de establecer la justicia en las disputas de otras personas. La mayoría de nosotros somos limitados a aprender estas cosas a través de relaciones interfamiliares--sobre todo cuando nosotros tenemos niños propios. Resolviendo disputas entre nuestros niños es la manera más común en que nosotros aprendemos el amor phileo y la ley divina.
La Fiesta de Enramadas (o Tabernáculos) retrata la meta, no sólo la meta de historia sino la meta de nuestro desarrollo espiritual individual. Es el lugar de madurez donde una persona puede discernir como gobernar propiamente. Un ejemplo simple en la familia sería si un niño rompe una ventana en la casa de su vecino. El padre, claro, se sostiene responsable por la ley. Pero ¿cómo el padre se ocuparía del niño?
El amor phileo diría al niño, "Usted debe trabajar para pagar el costo entero de la ventana". Agape amor, sin embargo, tendría las opciones adicionales. El padre discerniría hasta donde él podría echarle la culpa al niño. ¿Había hecho el niño esto deliberadamente, o era realmente un accidente? ¿Le había dicho al niño que no jugara con pelotas de béisbol cerca de esa ventana? ¿Está verdaderamente arrepentido el niño, o haciendo las excusas? ¿Cuántos años tiene el niño? ¿Él debiera de haber sabido mejor?
Éstas son todas las consideraciones porque el padre podría perdonar parte de la deuda o incluso todo. Esto no quita la ley--porque el padre todavía tendría que pagar la deuda debida al vecino. El padre satisfizo la demanda de la ley, así como Cristo satisfizo la demanda de la ley para nuestros propios pecados. Pero la pregunta es esto: ¿Debe sostener el padre al niño también responsable para enseñarle justicia? En ese caso, ¿cuánta obligación debe poner el padre al niño?
Así, Dios hace esto con Sus niños también. 1 Juan 4:8 nos dice que "Dios es el amor" (ágape). Pero esto no significa que Dios negará a mantenernos responsables por nuestras acciones. Esto es porque Dios también es nuestro Padre, y Él es responsable para enseñarnos responsabilidad por nuestras acciones. Si Él nunca nos mantuviera responsables, nosotros no aprenderíamos el amor phileo, y así nosotros no podríamos aprender tampoco el amor ágape. Si todo que nosotros veríamos de Dios fuera el amor ágape, entonces nosotros creeríamos pronto que nosotros podíamos pecar para que abundara más gracia (Romanos 6:1). En otros términos, nosotros no aprenderíamos la obediencia; nosotros llegaríamos a ser inicuos sin ley.
Por otro lado, si Dios nunca nos mostrara gracia, nosotros no tendríamos ningún ejemplo para aprender los principios del amor ágape. Así, hay que encontrar el término medio. Saber cuando ejercer el amor phileo y cuando ejercer el amor ágape requiere el discernimiento espiritual maduro. Como el propio Dios sabe este equilibrio, también nosotros debemos aprender la mente de Cristo, para que nosotros podamos hacer el mismo hacia nuestros niños y otros en general.
La marca de un vencedor, entonces, es que él/ella está aprendiendo el amor ágape.
La Instrucción de Jesús en Lucas 14
Hay muchos pasajes Bíblicas que podrían citarse para ilustrar el amor ágape. Pero esto no tiene la intención de ser un estudio exhaustivo en el asunto. Y por eso nosotros hemos escogido una instrucción poca leída en Lucas 14:12-14,
12 Dijo también al que le había convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. 13 Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; 14 y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos.
Esta instrucción muestra en términos simples los principios de amor ágape. El amor phileo es una relación de ir a medias--usted me ayuda, y yo lo ayudo. Exige un retorno igual, porque eso es su derecho legal. Pero el amor ágape se manifiesta cuando una persona hace bien sin pensamiento de recompensa del hombre. De hecho, el amor perfecto no necesita el incentivo de un premio celestial. Pero tal amor será recompensado de hecho.
También note que la recompensa "será recompensada en la resurrección del justo". Nosotros sabemos que los hombres conseguirán sus recompensas en el momento de la resurrección. Pero hay dos resurrecciones mencionadas en Apocalipsis 20. La primera resurrección, como nosotros vimos en Lección 1, incluye sólo al justo, mientras la resurrección general mil años después incluye ambos el justo y el injusto (Juan 5:28, 29). Y por eso nosotros vemos en la enseñanza de Jesús en Lucas 14 que aquéllos que manifiestan el amor incondicional de Dios serán recompensados "en la resurrección del justo"--es decir, la primera resurrección.
Lección 4
Ser de Acuerdo
Siendo un perdonador es un requisito básico para ser vencedor. Pero perdonando a otros puede ser hecho de compulsión, si un cristiano lo hace por no más que él sabe que Dios lo requiere. En otros términos, podría ser posible perdonar sin realmente estar de acuerdo con Dios en el asunto.
Igualmente, una persona podría ser obediente, sometiéndose a la voluntad de Dios, y todavía no estar de acuerdo con Su voluntad. Y dos personas que no están de acuerdo sólo pueden caminar juntos si hay amor incondicional entre ellos. El amor incondicional no significa que ellos están de acuerdo. Por lo tanto, todos los requisitos que antes nosotros hemos listado realmente son cosas que nosotros debemos aprender mientras que nosotros paseamos la tierra como siervos de Dios. El acuerdo no es tanto una lección a ser aprendida como un estado de ser en que nosotros caminamos por la naturaleza.
Génesis 2:24 dice,
24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.
Para algunos, la idea de volverse "una carne" es puramente un encuentro físico, sexual. Para aquéllos con más comprensión, ellos ven que también indica ser de una mente y alma. Pero hay algo aún más profundo a esto. Es llegar a ser un espíritu. Todavía en todos los tres niveles, el concepto fundamental establecido es la unidad, o acuerdo.
Por esta razón Jesucristo salió de Su Padre (Yahweh) y Madre (El Shaddai) y vino a la tierra para "unirse a Su mujer". (Esto es no decir que Yahweh, El Shaddai, y Jesús son Dioses individuales diferentes, como algunos pueden pensar. Éste no es el lugar para tal discusión, pero en cierto sentido, para cumplir con Génesis 2:24, Jesús tenía que venir a la tierra donde Su novia vivía para volverse "una carne" con ella).
Dos Tipos de Relación Matrimonial
Un vencedor es uno que está de acuerdo con Dios. El acuerdo es el ingrediente más importante de un matrimonio del Nuevo Pacto pintado por Sara, la mujer libre.
En Gálatas 4:22-31 el apóstol Pablo habla de los dos pactos como siendo pintados por Agar y Sara--es decir, la esclava y la libre. En los tiempos bíblicos había dos tipos distintos de matrimonio. Si un hombre se casó con una esclava, ellos tenían más bien una relación del amo-sirviente. Tal una esposa tenía menos derechos y ciertamente no tenía ninguna voz en tomar cualquier decisión familiar. Su marido la puede haber concedido tal privilegio, pero él no estaba comprometido con hacerlo.
Éste es un pacto matrimonial tipo Agar. También describe la relación que Israel tenía con Dios cuando ellos se casaron en el monte Sinaí. Era un matrimonio del Antiguo Pacto, y en el Éxodo 19:5 Israel tuvo que jurar ser obediente a Dios como su Marido. Israel se volvió la sirvienta-esposa de Dios. Esto no es malo, pero tampoco no es totalmente el tipo de relación matrimonial que Dios quiere con Su gente. Él está buscando más, y por eso Él construyó en Su plan el hecho que eventualmente Él se divorciaría de Israel (Jeremías 3:8) y haría un Nuevo Pacto que era basado en mejores cosas.
El Nuevo Pacto se retrata por Sara, la mujer libre. Un matrimonio basado en el Nuevo Pacto no es construido alrededor de la idea de obediencia, sino de la idea de acuerdo. Cuando un matrimonio es de acuerdo, ¿qué necesidad es de hablar de obediencia? No sería pertinente, porque no hay más necesidad de ordenarle a la esposa que hacer algo. La autoridad sólo se ejerce cuando hay una falta de acuerdo, y él que está en autoridad debe ordenar a la otra que haga su voluntad.
Por esta razón, Dios no tiene ninguna intención de casarse con los que no sean vencedores. Un vencedor es uno que está de acuerdo con Dios (Jesucristo). Un vencedor conoce Su mente o le busca hasta que él la conozca. Y cuando él descubra la voluntad de Dios, él se encuentra en acuerdo--o continúa buscando entendimiento hasta que él entre finalmente en el acuerdo perfecto con Él. En el curso de aprender y desarrollo espiritual, claro está, el vencedor no puede entender a la mente de Dios inmediatamente, pero entretanto, él obedecerá como un sirviente bueno. Pero él no está satisfecho hacer simplemente la voluntad de Dios. Él se obliga a buscar el entender de la mente de Dios hasta que él tenga un acuerdo completo.
Desacordarse con Dios es faltar entendimiento. Si nosotros pudiéramos ver el universo como Dios lo ve, todos entenderíamos el porque Dios hace lo que Él hace, y no habría desacuerdo. El problema es que nosotros no vemos al mundo con la perspectiva divina. Esto no cambia automáticamente tan pronto que una persona acepta a Jesucristo y es justificado por fe en una experiencia de Pascua. Tampoco una persona no llega a estar en acuerdo completo con Él cuando se llena con el Espíritu a través de la Fiesta de Pentecostés. Le exige a una persona desarrollar espiritualmente una relación de Tabernáculos, "para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios" (Efesios 3:19).
Así, cuando nosotros aplicamos el principio de la relación matrimonial del Antiguo y Nuevo Pacto a los individuos cristianos, se pone claro que cuando nosotros venimos primeramente a Cristo, nosotros no somos de repente espiritualmente maduros. Nuestra relación con Cristo empieza como una relación del amo-sirviente, así como se ve con la casa de Israel en el Antiguo Testamento. Nosotros debemos aprender la obediencia primero, porque ése es el primer paso en nuestro crecimiento.
La función de la ley divina es darnos principios básicos y pautas que son escritos y aplicables a todos los hombres. Entonces somos advertidos para ser llevados por el Espíritu, para que nosotros podamos llegar a entender la mente de Dios y aprender a aplicar esos principios escritos apropiadamente. Israel bajo Moisés se le dio una ley escrita, pero éste no era ningún suplente por seguir la columna de nube de día y la columna de fuego por noche--ambos representaban la dirección del Espíritu Santo. Tampoco la dirección del Espíritu Santo no contradijo lo que Dios había escrito en la ley. Los dos vinieron de la misma Fuente y siempre han sido de acuerdo.
Así, el propósito del crecimiento espiritual de un creyente es empezar con la obediencia y acabar con el acuerdo. Yo también iría hasta donde decir que ningún hombre menos el mismo Jesús ha podido pasar por alto la fase de obediencia, porque ningún hombre empieza con estar en completo acuerdo con Dios. Esto era tan verdadero antes de la cruz como después. Y así, mientras nosotros afirmamos estar bajo el Nuevo Pacto aún hoy, es más exacto decir que ésta es nuestra meta, en lugar de lo que nosotros hemos logrado.
Esto también es porque Juan habló de "la cena de las bodas del Cordero" como si era todavía futuro (Apocalipsis 19:9). Dios no tiene ninguna intención de casarse con cualquier cuerpo de personas en un matrimonio del Nuevo Pacto hasta que ellos estén de acuerdo con Él. Él se casó una Agar a Sinaí, pero Él se casará sólo con una Sara la segunda vez. Esto es porque sólo los vencedores heredarán la primera resurrección para gobernar con Él (Apocalipsis 20:4-6). Una esposa del tipo Sara tiene una tremenda autoridad en un matrimonio del Nuevo Pacto, porque únicamente ella hace lo que su Marido hace. Ella ejerce su autoridad como si fuera Él haciéndolo--y ES Él haciéndolo, porque ellos se han vuelto "una carne" (Génesis 2:24).
Así Dice el Amén
Apocalipsis 3:14 dice:
14 Y escribe al ángel de la iglesia en Laodicea: He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto:
Aquí Jesús, hablando a la Iglesia de Laodicea, se llama "el Amén". Este título se toma de Isaías 65:16 que dice,
16 El que se bendijere en la tierra, en el Dios de verdad [Hebreo: amén] se bendecirá; y el que jurare en la tierra, por el Dios de verdad [Hebreo: amén] jurará;
La palabra hebrea para verdad es amet, o emet. Pero amén significa verdaderamente. Las palabras están relacionadas, pero no significan precisamente lo mismo. Isaías podía haber usado la palabra amet si él hubiera tenido la intención de referir al Dios de verdad. Pero él no quiso. Él usó la palabra amén. En usar esta palabra, él la convirtió en un título de Dios (es decir, Cristo), como mostrado en Apocalipsis 3:14.
La palabra amén fue usada en Números 5:22, Deuteronomio 27:15-36, y muchos otros lugares para denotar confirmación y acuerdo. Aquéllos que dijeron "Amén" indicaron que ellos creían que algo que fue verdad y que ellos concordaban en someter a esa palabra. Así en Apocalipsis 3:14 nosotros encontramos al propio Jesús que es "el Amén" de Dios, indicando el acuerdo total con Su Padre. En Juan 5:19 nosotros leemos,
19 Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto [¡Amén! ¡Amén!] os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente.
Otra vez en Juan 5:30 Jesús dice,
30 No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre. 31 Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
Esto es lo que le hizo a Jesús el Amén del Padre. El Padre proveía el testigo celestial, y el Hijo proveía el testigo terrenal. Estos dos testigos establecieron todas las cosas según la ley del testigo doble. Esto fue cómo los cielos y la tierra fueron creados en el principio, porque nosotros leemos en Juan 1:3,
3 Todas las cosas por [Hebreo: dia: “por”] él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
El Padre es Espíritu; el Hijo es Espíritu hecho Carne—carne espiritual. Los dos juntos, trabajando en armonía y acuerdo, establecen todas las cosas. El cielo y la tierra fueron los dos testigos que fueron necesarios para crear el universo. Esto es porque el profeta, después de decirnos sobre el Dios de Amén, dice en los próximos versos (Isaías 65:17-19),
17 Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. 18 Mas os gozaréis y os alegraréis para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo traigo a [nueva] Jerusalén alegría, y a su pueblo gozo. 19 Y me alegraré con [nueva] Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro, ni voz de clamor.
El hecho que Isaías estaba hablando de la Nueva Jerusalén y no la vieja es evidente cuando nosotros leemos Apocalipsis 21:1-5. En la Nueva Jerusalén Dios enjugará todas las lágrimas, así como Isaías describió. Y verso 5 termina con,
5 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.
¿Qué hace Él "nuevo" si no el cielo, la tierra, y Jerusalén? Y así, volviendo a Apocalipsis 3:14, nosotros leemos sobre-–
14...el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios…
Precisamente es por el principio del Amén que todas las cosas fueron creadas al principio. Es por este mismo principio del Amén que la nueva creación es cumplida cuando Él hace todas las cosas nuevas. La única diferencia es que esta vez Él está produciendo una Gente de Amén, un cuerpo de vencedores quien, en un sentido, formará Su Cuerpo, y en otro sentido será Su Novia--porque ellos serán "una carne".
Llegando a ser "una carne" (Génesis 2:24) es antes que nada un asunto de unidad--llegando a un acuerdo en espíritu, alma, y cuerpo. Los vencedores son uno en espíritu con su Padre.
Los vencedores han llegado a ser sacrificios vivientes y son transformados por la renovación de sus mentes (almas). Sobre este cuerpo la Cabeza puede reposar en unidad. Y ahora Dios está buscando una Gente de Amén, el Cuerpo de Cristo, el Cuerpo del Amén. Él está levantando un cuerpo así, llamado vencedores, para que Él pueda crear Nuevos Cielos, una Nueva Tierra, y una Nueva Jerusalén a través de su testigo terrenal.
Epílogo
Ser vencedor no es realmente difícil. Los principios son sencillos, y éstos son de alguna manera no sólo enseñados en las iglesias sino en todas partes. ¿Quién no ha oído que el perdón es una virtud? ¿Cuál cristiano no ha orado la Oración del Señor, que dice "Y perdónanos nuestras deudas, y también nosotros perdonamos a nuestros deudores"? ¿Cuál cristiano no ha oído que Dios espera que nosotros seamos obedientes? ¿Cuál cristiano no ha oído que nosotros debemos mostrar el amor incondicional de Cristo?
El problema es que parece ser inculcado en nosotros el viejo concepto católico romano de "santidad”. Ellos dicen que hay unos "santos", pero ese camino es demasiado difícil para la persona común. Tal predisposición mental ha desalentado a muchos católicos romanos. Cuantas veces yo he oído a uno decir, "Bien, yo sé que yo no puedo ser un santo, así que pienso que debo gozar de la vida mientras que esté aquí. Con tal que yo siga siendo un miembro de la Iglesia Católica, yo sé que como poco algún día llegaré al cielo aunque voy a tener que pasarme mucho tiempo en el purgatorio". El reconocimiento como un "santo" en la Iglesia Católica le exige a la persona que realice por lo menos dos milagros comprobables. ¿Realmente? ¡Eso descalificaría a Juan el Bautista que no hizo ningún milagro (Juan 10:41)! ¡El más gran profeta no hizo ningún milagro! Mateo 11:11 dice,
11 De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.
Mientras los hombres han tramado para ser grandes en el reino de cielo, incluso a lograr altas posiciones en la religión, Jesús dijo que esto no era la manera de ser grande en el Reino. De hecho, si algo, los líderes religiosos eran estar al fondo de la cadena de autoridad en el Reino de Dios. En Mateo 20, Jesús lo aclaró muy definitivamente:
25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Marco 9:35 testifica a esto diciendo,
35 Entonces él se sentó y llamó a los doce, y les dijo: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos.
Así que el concepto de santidad es diferente de la enseñanza bíblica de ser un vencedor. Uno requiere estar grande en los ojos de hombres; el otro requiere ser una pequeña persona. Tampoco gran conocimiento no es un requisito para ser vencedor. La alfabetización no es un requisito para ser vencedor, ni uno tiene que ir al seminario. Siendo vencedor tiene más que ver con los dos grandes mandamientos: amar a Dios con todo su corazón y a su prójimo como a usted mismo.
Siendo un vencedor tiene todo que ver con nuestra relación con Jesucristo y siendo fiel a Él para hacer como Él guía. Jesús relató una parábola en Mateo 25, que muestra a quien será dado la autoridad para gobernar en el Reino de Dios. Mateo 25:21 dice,
21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.
Este señor no estaba dirigiéndose a un gran general o un papa. Él estaba dirigiéndose a uno de sus esclavos. El señor no estaba buscando las grandes conquistas; él estaba buscando simplemente la fidelidad en las cosas pequeñas de vida. Ése es un vencedor.
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